Vandor: un asesinato que nadie quiso esclarecer y anticipó los ’70

Se cumplen 45 años del homicidio del líder metalúrgico, un crimen que quedó impune En la mañana del 30 de junio de 1969, un grupo comando sin filiación clara concretaba la “Operación Judas”. Aquella fría mañana del lunes 30 de junio de 1969 a las 11.30, mientras el general Juan Carlos Onganía, a cargo de la presidencia de la Nación, recibía a Nelson Rockefeller en la Casa de Gobierno y el país no terminaba de recuperarse de la conmoción social y política producida por el el Cordobazo, era asesinado Augusto Timoteo Vandor, el más poderoso dirigente gremial de la Argentina, en su propio despacho blindado del gremio metalúrgico. El grupo comando que lo ametralló hizo estallar una bomba que destruyó la sede de la UOM de la calle La Rioja 1945, en Parque Patricios, en un espectacular operativo que fue invisible a los ojos de la Policía y la inteligencia estatal, al mando de generales de la “línea dura” del Ejército. La trágica muerte de Vandor nunca fue esclarecida, y aunque tiempo más tarde fue reivindicada por Montoneros, sus autores y cómplices así como sus reales motivaciones quedaron en una gran nebulosa.

El desenlace fatal se tramó con bastante antelación. La dictadura de la llamada “Revolución Argentina”, que había llegado con pretensiones de quedarse varias décadas, empezaba a caerse como un castillo de naipes. Una ola de protestas estudiantiles y gremiales culminaría a fines de mayo del ‘69 en el Cordobazo. Cuatro semanas más tarde, dos asesinatos sacudían otra vez el tablero: el periodista Emilio Jáuregui cae bajo balas policiales en medio de una manifestación el viernes 27. Tres días después se produce el homicidio de Vandor. Esa misma tarde el gobierno decretó el estado de sitio, intervino la mayoría de los gremios de la combativa CGT de los Argentinos y hubo detenciones de militantes opositores y dirigentes obreros, entre ellos Raimundo Ongaro. Un año más tarde, el asesinato del general Aramburu provoca la remoción de Onganía, reemplazado por el general Levingston, traído a las apuradas desde Washington donde ocupaba la agregaduría militar argentina. Esos tres hechos –el Cordobazo y los asesinatos de Jáuregui y Vandor- marcarían una bisagra que ponía un final adelantado a los años 60. Allí se encontraron distintas vertientes que confluirían en otro torrente de movilización política y social, pero también de violencia armada y represión sangrienta. El comunicado en el que el autodenominado Ejército Nacional Revolucionario se adjudicaba el hecho fue dado a conocer casi dos años después, el 11 de febrero de 1971: “Siendo las 11.36 del 30 de junio de 1969, el Comando ‘Héroe de la Resistencia Domingo Blajaquis’ del Ejército Nacional Revolucionario, que ocupó el local de la UOM, sito en la calle La Rioja 1945, cumpliendo el ‘Operativo Judas’, procedió al ajusticiamiento del traidor Augusto Timoteo Vandor, complementando la acción con la voladura parcial del edificio”. El comunicado concluye diciendo: “Para los Judas no habrá perdón. Elijan libremente todos los dirigentes sindicales su destino. Viva la Patria”. Ejercito Nacional Revolucionario era un nombre de cobertura, utilizado para despistar a los servicios de inteligencia o acaso alentado desde su propio seno. Al momento de dar a conocer ese pronunciamiento, los autores materiales del asesinato de Vandor ya formaban parte del grupo político-militar Descamisados que años más tarde se fusionaría con Montoneros. En cuanto a las motivaciones, las primeras especulaciones aluden a la cantidad de enemigos que se había granjeado el líder metalúrgico. Vandor había llegado a desafiar al propio Perón y aunque acababa de reconciliarse con el líder en un encuentro secreto en el pueblo vasco de Irún, España, eran varios dentro del peronismo los que lo tenían por “traidor”. Su actitud negociadora con los militares no sería perdonada por el sindicalismo combativo, pero, al mismo tiempo, sus últimos pasos iban justamente en dirección a la unidad del movimiento sindical para enfrentar a la dictadura. Sea quienes fueren los instigadores y ejecutores, lo que más llama la atención es la impunidad con la que los victimarios hicieron su faena, con una destreza y una sangre fría notables; a cara descubierta, inmovilizaron a los ocupantes del edificio –entre 12 y 20-, fusilaron a Vandor, volaron un vasto sector del recinto y desaparecieron sin hallar resistencia y ante la llamativa ausencia de toda vigilancia policial en el área. Una auténtica zona liberada. Años más tarde, en enero de 1973, Perón le contó al diario peronista Mayoría que había mandado a llamar a Vandor en abril de 1969, y le había advertido que lo iban a matar. Decía Perón: “Yo le dije: a usted lo matan; se ha metido en un lío que a usted lo van a matar. Lo mataban unos o lo matan otros, porque él había aceptado dinero de la embajada americana y creía que se los iba a fumar a los de la CIA. ¡Hágame el favor! Le dije: ahora usted está entre la espada y la pared: si usted le falla al Movimiento, el Movimiento lo mata; y si usted le falla a la CIA, la CIA lo mata. Me acuerdo que lloró. Le dije usted no es tan habilidoso como se cree, no sea idiota, en esto no hay habilidad, hay honorabilidad, que no es lo mismo”. Eran tiempos en los que no se sabía a ciencia cierta de dónde provenían las balas. Las fuentes del gremio prefirieron dar por cerrado el caso. La investigación no avanzó y el expediente fue cerrado por el juez Alberto Chiodi en 1972 sin procesados y sin llegar a dilucidar el caso. Aquel asesinato plagado de enigmas marcó para muchos el inicio de otra etapa de violencia política, la que desembocó en los trágicos años ‘70. por Fabián Bosoer Fuente: 

Leer también >>  La deleznable y falsa "batalla" en la que el Séptimo de Caballería asesinó a decenas de bebés indios

Diario Clarín 30/6/2014

Vandor: un asesinato que nadie quiso esclarecer y anticipó los ’70
4 (80%) 636 voto[s]

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú