Una reivindicación de Carmen Puch, la mujer que amó a Güemes

¿La mujer de Güemes se quedaba tejiendo cuando él salía a pelear? Una investigación muestra cómo Güemes contaba con su apoyo.

A David Slodky, se le marca una sonrisa detrás de su barba blanca, y su mirada se ilumina al hablar de Carmen Puch, una joven de cabellos rubios y ojos celestes, que el 10 de julio de 1815, a los 18 años de edad, se casó con el entonces gobernador de Salta, Martín Miguel de Güemes, que pisaba los 30 y acababa de ser ascendido a teniente coronel, por San Martín En la historia de la gesta güemesiana poco se escribió de la primera dama. Se sabe que cuando Güemes salía de campaña con sus gauchos, ella se quedaba tejiendo en su casa. “No fue así”, dice el autor del libro Al encuentro de la heroína …

”, que será reeditado para entregarse en todas las escuelas salteñas.

Slodky, es salteño, judío y además, psicólogo. Su profesión le permitió sacar a la luz la intimidad del general gaucho, demostrando que el héroe nacional tuvo el corazón ocupado en dos cosas: en defender a su patria y en brindarle todo el amor a su esposa.

A Carmen, nacida en Los Sauces (Rosario de la Frontera), le decían Carmencita. A mediados del 2007, el entonces gobernador Juan Carlos Romero promulgó una ley para que la urna cineraria de Carmencita fuera depositada en el Panteón de las Glorias del Norte, junto a la de su esposo.

Fue entonces cuando alguien criticó la decisión oficial diciendo que sólo fue ‘la mujer de …’ y ‘la hija de …’ y que no debía estar en el panteón. Me sentí ofendido y esto me impulsó a investigar por más de dos años. Leí y analicé, más de cuatrocientas cartas de Güemes para encontrar algo de esta mujer encantadora –explica Slodky.

Como psicólogo, Slodky está acostumbrado a leer entre líneas. “Así encontré los rasgos caracterológicos de ella, que muestran a una mujer muy aferrada a la lucha de su esposo y el gran amor que entre ambos existió: fue como sacar agua de las piedras”.

Con el libro impreso en junio de 2010 (y publicado por Editorial Hanne), Slodky se llenó de orgullo: “demostré que Carmencita, merece estar en el Panteón. Ella estuvo en los buenos y malos momentos del General, por ejemplo, cuando afrontó la pobreza de su ejército, que no contaba con la ayuda de Buenos Aires”.

En mayo de 1820, los realistas invadieron Salta. Güemes le pidió a Carmencita, embarazada de siete meses, que escapara con sus dos hijos en compañía de un tío, hacia la hacienda de los Puch, en Los Sauces. Desde aquí, ella le mandó a Güemes la única carta que se le conoce. Hacia el final ella, escribió: “Mi vida, mi cielo, mi amor, por Dios cuídate mucho y no vas a estar descuidado. Mi rico, cuándo será el día que tenga el gusto de verte y estrecharte en mis brazos y darte un millón de besos en mi rica jetita; recibe un millón de besos de tu rico Martín que cada día está más lleno de gracias y picardías y de tu Luis, mil cariños”. Y se despide enviándole: “el corazón más fino de tu afligida compañera que con ansias desea verte”.

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El 7 de junio de 1821, los realistas balearon a Güemes. Herido, cabalga hasta la Quebrada de la Horqueta, donde muere el 17. El historiador Bernardo Frías, autor de la Historia del General Martín Miguel de Güemes , dice que al momento de expirar dirigió su pensamiento hacia su amada esposa: “Mi Carmen me seguirá pronto, porque de mi vida ha vivido’’.

Enterada de la muerte de su esposo, Carmencita se cortó el cabello, y se encerró en su habitación donde el 3 de abril de 1822, murió de amor, dejando huérfanos a sus pequeños Martín y Luis. Ignacio (que Güemes no conoció), falleció al poco tiempo de nacer. Tal vez, como consecuencia del traqueteo que soportó en el vientre de Carmencita, cuando ella escapó del realista Ramírez.

Pasión y lucha: de esos amores se hizo esta patria.

“La mujer más bella de su tiempo”

“Mi Carmen morirá de mi muerte como vivió de mi vida”. A punto de morir, después de una agonía de diez días, el general Martín Miguel de Güemes dejó que sus gauchos escucharan esas palabras, destinadas a Carmen Puch, su esposa. Cuando Güemes tenía 30 años se casó con Carmen Puch, a quien las crónicas describen como “la mujer más bella de su tiempo”. De pelo rubio y ojos azules, era la hija de un hacendado de frontera y colaborador de Güemes. Ella lo había amado desde siempre, pero si el caudillo llegó a Carmen fue sólo porque estaba enfrentado al padre de la mujer que tenía prometida, Juana María Saravia, cuando él, sabiendo que Güemes era algo mujeriego, le pidió que terminara con esos hábitos. Fue Macacha Güemes quien pensó en Carmen Puch para su hermano y en una semana se arregló el matrimonio. En 1820 se escapó a caballo, embarazada y con otros dos hijos a cuestas, para ponerse a salvo de una redada de los realistas. Cuando asesinaron a Güemes, ella, muda, se dejó morir.
 

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por Jesús Rodríguez

Fuente: 

Diario Clarín 1/11/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Martín Güemes:

Nació en Salta el 8 de febrero de 1.785, pertenecía a una familia noble y adinerada. Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en las Fincas familiares. A los 14 años se incorporó como cadete de una Compañía del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, iniciando una brillante carrera militar.

En 1805 fue trasladado a Buenos Aires donde comenzó a defender la integridad territorial actuando heroicamente durante las Invasiones Inglesas.

Durante 1.810, al servicio de la causa revolucionaria, se desempeño eficazmente al mando de un Escuadrón Gaucho en la Quebrada de Humahuaca impidiendo la comunicación entre los opositores al nuevo régimen y los realistas del Alto Perú. En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del Capitán Martín M. de Güemes fue decisiva.

Luego del desastre de Huaqui, escoltó a Juan Martín de Pueyrredón  a través de la selva oranense y salvar los caudales de la Ceca de Potosí, que estaba en poder de los realistas.

En 1.814 el Gral. José de San Martín le encomendó el mando de la Avanzada del Río Pasaje (hoy llamado Juramento porque en sus márgenes Belgrano hizo jurar obediencia a la Asamblea del Año XIII y donde se considera que nació como símbolo patrio de los argentinos la Bandera celeste-blanca-celeste) iniciando la Guerra Gaucha. Al año siguiente derroto completamente al poderoso ejército invasor al mando de Joaquín de la Pezuela en Puesto del Marqués, por lo cual el pueblo lo aclamó Gobernador de la Intendencia (integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, Orán y distritos de campaña).

En Junio de 1.816 el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le encomendó «la defensa de las Provincias Unidas y la seguridad del Ejército Auxiliar del Alto Perú» que se encontraba en Tucumán reorganizándose después de ser derrotado en Sipe Sipe. Entonces las milicias gauchas al mando del heroico salteño pasaron a desempeñarse como ejército en operaciones continuas, al servicio de la Patria. Por ello considerar a Martín Güemes prócer provincial ó defensor de la frontera Norte es una muestra del desconocimiento de nuestra Historia.

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Güemes detuvo poderosas invasiones al mando de destacados jefes. Baste citar la del experimentado mariscal José de la Serna, quién al mando de 5.500 veteranos de guerra partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Bs.As.. O la del Gral. Pedro de Olañeta, enemigo acérrimo del salteño (ambas invasiones se produjeron en 1.817). O la del Gral. Juan Ramírez Orozco quién en Junio de 1.820 avanzó con 6.500 hombres. Ninguno de ellos logró concretar el objetivo que los impulsaba: llegar a Buenos Aires y recuperar el dominio del ex Virreynato del Río de la Plata.

Por  tan meritorio accionar, San martín lo designó General en Jefe del Ejército de Observación y le encomendó la misión de auxiliarlo en la liberación del Perú. Las Provincias reconocieron la designación pero escaso apoyo le brindaron. Güemes se vio obligado a imponer contribuciones que originaron oposición y gran descontento entre los pudientes, empobreciendo la economía de la Intendencia bajo su gobierno.

Esa oposición interna, aliada con la externa, fue la semilla en la que se gestó la tradición que floreció con su muerte.

Rodeado de enemigos lo encontró el año 1.821. Uno de los más poderosos y temibles fue el gobernador de Tucumán quien se negó a entregarle el armamento que había pertenecido al Ejército Auxiliar y evitó que su par santiagueño lo auxiliara. En mayo, acusándolo de tirano, el Cabildo de Salta lo depuso, en alianza con el Gral. Olañeta. Güemes recuperó el poder días después pero una partida realista guiada por enemigos internos del prócer lo hirió la noche del 7 de Junio. Murió diez días después, a la intemperie, en un catre, en Cañada de la Horqueta, a los 36 años. Entonces se convirtió en el único general argentino caído en acción de guerra externa.

Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la Catedral Basílica de Salta. Pero sus ideales de libertad, su desprecio al materialismo, su amor a la Patria y su temple inclaudicable son el motor que impulsa a quienes lo llevan en su corazón y que cada vez que pronuncian su nombre le rinden emocionado homenaje al recordarlo. Porque Güemes sigue cabalgando y guiando a sus compatriotas.

Fuente: www.portalplatanetasedna.com.ar
 

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