Una historia criminal con más de 50 años de asesinatos

Desde que causara su primera víctima en 1960 hasta hoy, la banda ha segado la vida a 829 personas.

Los más de 50 años de existencia de la banda terrorista ETA han dejado tras de sí 829 víctimas mortales y miles de heridos. Cualquier método le ha valido a la hora llevar a cabo sus acciones para forzar al Estado a reconocer la independencia del País Vasco.
La dramática historia de sangre y muerte de la organización comienza en 1960. La primera víctima es Begoña Urroz Ibarrola, una niña de tan solo 22 meses de edad. Una bomba colocada en una taquilla de la estación de San Sebastián acabó con su vida. ETA jamás ha reivindicado esta acción y ni si quiera la Policía franquista se lo atribuyó en un principio, aunque documentación incautada en 1992 durante la detención de la cúpula en Bidart reconoce el atentado como propio de la banda.
ETA, que por aquellos años estaba en proceso de formación y trabajaba para hilvanar una ideología independentista y marxista sobre la que sustentar su lucha armada, no volvería a matar hasta 1968. El 7 de junio de aquel año, Txabi Etxebarrieta disparaba a quemarropa al guardia civil José Pardines cuando este se disponía a identificar su vehículo. Horas después el propio Etxebarrieta caía muerto bajo el fuego de las Fuerzas de Seguridad.
Ese mismo año ETA volvía a actuar, esta vez en una acción premeditada denominada ‘operación Sagarra’ (manzana en euskera). El objetivo fue Melitón Manzanas, policía de la Brigada Político-Social en Guipúzcoa y conocido por sus métodos represivos. Manzanas fallecía a la puerta de su casa de Irún el 2 de agosto tras recibir siete balazos de manos de tres terroristas. En los años posteriores ETA desarrollaría su estructura. Así, pasó de ser una agrupación con apenas unos fusiles y pistolas anticuadas a una estructura organizada con armamento moderno y amplio conocimiento de explosivos. Este desarrollo le permitió iniciar una escalada de violencia que comenzaría a padecerse a partir de 1973. Este año contabilizó seis asesinatos, frene al único del anterior. Entre las víctimas figura Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno y a la sazón sucesor pórximo de un Francisco Franco ya muy deteriorado de salud. El 20 de diciembre 100 kilogramos de goma-2 colocados bajo la calzada a través de un túnel explotaban al paso del vehículo oficial de Carrero Blanco, que siempre seguía la misma ruta y contaba con escasas medidas de seguridad. La explosión fue de tal magnitud que el coche del presidente del Gobierno voló hasta caer en una azotea. Este atentado dio alas a una banda terrorista que en los próximos años se lanzaría a una escalada de violencia que dejó centenares de muertos.
La Transición
Los dos últimos años de franquismo, 1974 y 1975, dejarían ya 34 muertos. El 13 de septiembre de 1974, un artefacto explotaba en la madrileña cafetería Rolando con el siniestro balnace de doce personas muertas – de las cuales once eran civiles–y 80 heridos. Era el primer atentado masivo e indiscriminado de la banda terrorista. La magnitud de la matanza tuvo sus repercusiones incluso dentro de la propia ETA, que vivió una fuerte disensión interna entre los partidarios de limitar la violencia y los que abogaban por llevarla hasta las últimas consecuencias. Fueron estos últimos los que ganaron el pulso interno. Así, los momentos más duros de una ETA ya desprovista de cualquier tipo de humanidad vendrían durante la Transición y la década de los 80.
En 1976 es asesinado junto a cuatro policías el presidente de la Diputación de Guipúzcoa, Juan María de Araluce. Un año después, fallecería tiroteado otro presidente de Diputación, esta vez el de Vizcaya, Augusto Guillermo Unceta. El balance de víctimas se multiplica a partir de 1978, un año en el que los terroristas siegan 65 vidas. Son los peores años del terrorismo etarra. En 1979 mueren por su causa 86 personas. Un año después la cifra sigue aumentando hasta los 93.
La consolidación de la democracia y el abandono de la lucha por parte de los ‘poli-milis’ permite rebajar la capacidad de acción etarra. Para contrarrestarla la banda recurre durante la década de los 80 a atentados indiscriminados por medio de la colocación de bombas. En esta lista negra se contabilizan los cometidos en la Plaza de la República Dominicana de Madrid al paso de un autobús de la Guardia Civil (12 muertos), contra el Hipercor de Barcelona (21 muertos) o los ataques a las casas cuartel de Zaragoza y Vic (11 y 10 muertos respectivamente, una gran mayoría de ellos niños hijos de los agentes).
A principios de los 80 y comienzo de los 90 la presión policial y una renovada colaboración francesa fueron minando la capacidad de la banda. Aun así nunca renunció a matar, como hiciera con Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado 48 horas después a sangre fría el 13 de julio de 1997.
Desde finales de los 90 y comienzo de la década del 2000, las acciones de ETA han ido disminuyendo en intensidad dada su debilidad estructural debida a los continuos golpes policiales a los que ha sido sometida. Su renovada estrategia ha sido a partir de entonces la de atacar a los cargos electos, convirtiendo en objetivos a todos los concejales socialistas y populares de los ayuntamientos vascos.
El último atentado mortal de ETA se produjo el 16 de marzo de este año con el asesinato del gendarme francés Jean-Serge Nérin.

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por Ander Azpiroz

Fuente: 

Diario ABC 10/1/2011

Informacion Adicional: 

Documentación
La historia de ETA

El origen de ETA y los primeros años
El origen de la banda terrorista ETA se remonta a 1952, cuando un grupo de jóvenes universitarios que consideraban anquilosado el nacionalismo del PNV se reunió en Bilbao. El partido, temeroso del riesgo que supondría la creación de un grupo al margen de su doctrina, los integró en sus filas, pero las relaciones siguieron tensándose hasta que en julio de 1959 llegó la definitiva escisión. Acababa de nacer Euskadi ta Askatasuna (Euskadi y Libertad).

En 1964, en su III Asamblea, ETA se planteó el empleo de la lucha armada y un año después aprobó la creación del frente militar. Su primera víctima mortal llegaría el 7 junio de 1968, cuando dos etarras acabaron con la vida del guardia civil José Antonio Pardines. Pocos días después, el 2 de agosto, era asesinado el comisario Melitón Manzanas en el que se puede considerar como primer atentado planeado y ejecutado por ETA.
La reacción policial no se hizo esperar y el 9 de abril de 1969 era desarticulada en Bilbao la cúpula de la banda terrorista. Acusados de urdir el asesinato de Melitón Manzanas en el conocido como ‘Proceso de Burgos’, un Consejo de Guerra celebrado en 1970 que despertó la indignación entre los juristas democráticos por tratarse de una auténtica farsa en la que se pedía pena de muerte. Finalmente fueron indultados y condenados a largas penas de cárcel.

La etapa del franquismo se cerró con dos acciones de gran impacto. El primero ocurrió el 20 diciembre de 1973, cuando murió asesinado el almirante Luis Carrero Blanco en un espectacular atentado. El segundo, acaecido el 13 septiembre de 1974, tuvo lugar en la cafetería Rolando de Madrid. Trece muertos y 84 heridos fueron las víctimas del primer atentado indiscriminado de ETA. Desconcertados, los terroristas atribuyeron el atentado a las ‘bandas fascistas’. Sus consecuencias se dejaron sentir en el seno de la banda: en octubre de 1974 se produjo la escisión entre los ‘milis’, minoritarios, y los ‘polimilis’, mayoritarios, que apostaban por la violencia selectiva.

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La llegada de la democracia
La primera acción etarra tras la muerte de Franco fue el secuestro el 13 de enero de 1976 del empresario José Luis Arrasate. El 7 de abril de ese mismo año, ETA dio un paso más con el asesinato del primer empresario, Ángel Berazadi, cuyo cuerpo fue hallado en la carretera de Elgoibar a Azkoitia.
La Ley de Amnistía de aquel año no logró distender la situación y las acciones terroristas se multiplicaron desde 1977 contra funcionarios del Estado, policías y militares. Especialmente llamativa fue la oposición de la banda a la central nuclear de Lemoiz. Su protesta se manifestó con el asesinato de los obreros Alberto Negro Piguera y Andrés Guerra Pereda en marzo de 1978 y el secuestro en febrero de 1981 del ingeniero José María Ryan.

En esta etapa fue importante la creación de ‘Egin’, el órgano de comunicación de la banda, y la emisora de radio ‘Egin Irratia’, además de varias publicaciones sectoriales y locales. En la década siguiente, la Audiencia Nacional decretaría su cierre por su vinculación a la banda terrorista. También años más tarde, el jefe del equipo de investigación del periódico, Pepe Rei, sería juzgado bajo la acusación de haber entregado a ETA informes sobre diversas empresas que luego fueron objeto de atentados y extorsiones.

La mayor actividad terrorista se dio entre los años 1978 y 1980, período de tiempo durante el que fueron asesinados 234 personas, siendo el año 1980 el de mayor número de asesinados con 92.
La etapa socialista.

Los primeros años de Gobierno socialista figuran entre los más oscuros de la historia etarra. Atentados como los de Hipercor o el de la casa cuartel de Zaragoza sumaron decenas de víctimas como consecuencia del terror indiscriminado acordado por la dirección etarra. La herida abierta en el seno de la banda desde 1974 se reabrió y culminó con la renuncia de los ‘poli-milis’ a las armas en la VII Asamblea de ETA, celebrada en Biarritz el 30 de septiembre de 1982. El asesinato de ‘Yoyes’ en 1986 dejó bien claro que la línea dura no estaba dispuesta a admitir la disidencia.
Durante esta etapa comenzaron a ganar relevancia las acciones del Grupo Antiterrorista de Liberación (GAL), el exponente más claro de la guerra sucia contra el terrorismo, que entre 1974 y 1989 se cobró 60 muertos en el entorno de ETA. Fue esta actividad antiterrorista al margen de la ley la que entorpeció la colaboración con las autoridades francesas y dio alas a ETA en su estrategia de extensión del terror.

Los ‘años de plomo’ concluyeron con el primer ofrecimiento de una tregua por parte de la banda terrorista. Sucedió en enero de 1988 y ofrecía un plazo de 60 días para reanudar las negociaciones entabladas hacía más de un año antes en Argel. Tras un año de conversaciones, ETA anunció el fin del alto el fuego el 4 de abril de 1989.

Uno de los golpes más duros para la banda en esta etapa se produjo el 29 marzo de 1992, cuando fue desarticulada la dirección de ETA en la localidad francesa de Bidart. Esta actuación policial provocó una gran crisis en el seno de la organización y fue importante también porque tuvo lugar en el año en que el país acogía los Juegos Olímpicos y la Exposición Universal.
Esta etapa se cerró con el atentado frustrado contra José María Aznar el 19 de abril de 1995, que logró salvar la vida gracias al blindaje del coche en que viajaba.

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El Gobierno del PP
Durante el gobierno del Partido Popular tuvo lugar una intensa persecución policial y judicial contra ETA y su entorno y también la tregua más extensa de todas las declaradas por la banda (entre el 18 de septiembre de 1998 y el 3 de diciembre de 1999). La suspensión de las acciones terroristas llegó tras el acuerdo secreto de ETA con el PNV y EA, extendido al resto de fuerzas nacionalistas en el Pacto de Lizarra. También en estos años, enviados de Aznar entablaron contactos que no llegaron a fructificar con interlocutores de la organización terrorista.
En el capítulo judicial, la actividad fue igualmente intensa. El Tribunal Supremo encarceló en 1997 a los miembros de la Mesa Nacional de HB. En 1998, el juez Garzón decretó el cierre del diario ‘Egin’ por considerarlo una vía de financiación terrorista. Temiendo la ilegalización, HB intentó eludir acciones penales adoptando, en 1999, las siglas EH, Euskal Herritarrok, convertidas en Batasuna en 2001.

La gran movilización contra las acciones de la banda otra característica de estos años. La primera manifestación de este hartazgo tuvo lugar con el asesinato de catedrático de Derecho y ex presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente. Las manos blancas se convierten en el símbolo de aquellos días.

Julio de 1997 fue probablemente el año en que la sociedad mostró de forma más clara su rechazo a ETA. El día 1 fueron liberados el del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara y el empresario Cosme Delclaux. La imagen del primero, extremadamente delgado y con una larga barba tras 532 días de cautiverio, tuvo una gran repercusión. Sin embargo, el gran aldabonazo se produjo sólo diez días después con el secuestro y posterior ejecución del concejal del PP en el Ayuntamiento de Ermua, Miguel Ángel Blanco. Las multitudinarias manifestaciones de repulsa dieron lugar al llamado ‘espíritu de Ermua’

Tras un periodo de tregua de más de un año entre 1998 y 1999, el 8 de diciembre de 2000, PP y PSOE suscribieron el Pacto Antiterrorista, la respuesta no nacionalista al Pacto de Lizarra. Ambos partidos renunciaron a cualquier acuerdo unilateral con el nacionalismo vasco y se comprometen a pactar las medidas necesarias para desmantelar el entramado de ETA. Además, el pacto puso las bases para la reforma de la Ley de Partidos.
El atentado de la T-4 y la presión policial

Con José Luis Rodríguez Zapatero en el Gobierno, ETA puso punto y final de facto a la tregua con el atentado del 30 de diciembre de 2006 en el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas. Dos inmigrantes ecuatorianos fallecieron. Desde entonces, la banda terrorista ha perpetrado varios asesinatos como los de dos guardias civiles en Capbreton en diciembre de 2007, el de Eduardo Puelles en junio de 2009, los dos guardias civiles en Mallorca un mes después y, el último, el de un gendarme en marzo de 2010.
Los medios de comunicación también han estado en el objetivo de la banda durante este tiempo. La rotativa de EL CORREO fue atacada el 8 de junio de 2008 y la sede de EITB en Bilbao sufrió importantes desperfectos el 31 de diciembre del mismo año.

En esta última etapa, la cooperación policial con Francia ha dado importantes frutos. Desde 2008 han caído las sucesivas cúpulas político-militares de la banda: Javier López Peña, ‘Thierry’; Garikoitz Azpiazu, ‘Txeroki’; Aitzol Iriondo; Jurdan Martitegi; Aitor Elizaran; Ibon Gogeasketxea, y Mikel Carrera Sarobe.

Fuente: www.correo.com 5/9/2010

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