Una foto escalofriante y el poder para transformar la realidad

Hace 40 años, una tragedia en un incendio en Boston era retratada en una fotografía polémica. Una imagen que se volvió icónica, confirmó la potencia del fotoperiodismo y cambió la vida cotidiana en los Estados Unidos. Para la década del 70, las escaleras de incendio exteriores eran tan clásicas en muchas ciudades estadounidenses como cualquier monumento. Y se usaban como lugar de encuentro vecinal, escenario de fiestas y hasta dormitorios improvisados en noches asfixiantes. En 1975, hace hoy 40 años, una de ellas generó un drama. Y más que el hecho en sí, fue una foto -cruda, discutida, perturbadora- la que cambió ese panorama.

El 22 de julio de 1975, el fotógrafo Stanley Forman, del Boston Herald, fue avisado de un incendio en la calle Malborough. Pura rutina periodística. Cuando llegó al lugar, un edificio de cinco pisos poblado de familias humildes, escuchó gritos de la parte trasera. Forman vio a dos jóvenes atrapadas en el punto más alto de la escalera de incendio. Eran Diana Bryant, de 19 años, y su ahijada, Tiare Jones, de 2. Hasta donde estaban había llegado un bombero, Bob O’Neill, que inmediatamente se puso entre las dos y el fuego que asomaba por una ventana. En ese momento, Forman gatilló su cámara por primera vez para retratar lo que, pensó en ese momento, era «un rescate de rutina». Lo que inició fue una secuencia escalofriante, impecable a pesar de las limitaciones técnicas de la época. El bombero O’Neill pide desesperadamente la escalera plegable del camión de bomberos porque no tiene otra vía de escape. En la terraza, aparece el piloto de un helicóptero de tránsito, que daba reportes a las radios, que había aterrizado el aparato en una terraza lindera. Ocurre lo imprevisto. El tramo superior de la escalera de incendios se desploma. O’Neill llega a aferrarse a la del camión en el último suspiro y queda colgado. Diana Bryant intenta agarrarlo. Ambos pierden contacto con la nena. El piloto del helicóptero grita con impotencia. Forman toma la caída. Es la imagen que dará la vuelta al mundo y el final de esa secuencia. Cuando la mujer y la nena están por impactar contra el suelo, el fotógrafo se da vuelta temblando. El lente, su ojo, se niega a registrar el horror final. La siguiente imagen de Forman muestra a Diana Bryant atendida en la calle. La joven murió poco después del impacto. Milagrosamente, la nena sobrevivió a la caída, amortiguada por el cuerpo de su madrina. Distribuida por la agencia AP, la foto apareció en todos los diarios del mundo, incluido Clarín. Y generó, obviamente, controversia. Era una imagen de alguien cayendo a la boca de la muerte en todas las portadas. Pero más allá del debate, el fotoperiodismo y esa poderosa imagen generaron un positivo y gran cambio. Con El zoo de cristal, el dramaturgo Tennesse Williams las había inmortalizado. En el cine, para Amor sin barreras sirvieron como el balcón de Romeo y Julieta. Audrey Hepburn canta sobre una de ellas en Desayuno en Tiffany. Y son un elemento esencial en La ventana indiscreta, de Hitchcock, donde hasta se ve a una pareja durmiendo sobre ellas en una noche calurosa. Pero después de esa foto, las escaleras de incendio exteriores volvieron a ser respetadas, en general, como solamente un elemento de seguridad. El impacto que generó la imagen de Forman llevó a modificar la legislación sobre seguridad en las escaleras de incendio en Massachusetts y varios estados más. E incrementó exponencialmente los fondos para los cuerpos de bomberos. Forman contó incluso que recibió muchísimas cartas de departamentos de bomberos y otras agencias de seguridad urbana pidiendo permiso para usar la imagen en campañas de prevención. Y después… Tiare Jones, la nena que sobrevivió a la caída, hoy continúa viviendo en los suburbios de Boston, donde formó una familia. «Fire escape collapse» es una fija en cualquier ranking de las mejores fotografías de la historia. En una nota escrita el mismo 1975, Forman se quejaba de que sus compañeros de oficina bromeaban con que había llegado a la cima de su carrera a los 30. «Espero que estén equivocados», dijo cuando por esa imagen ganó el Pulitzer y el World Press Photo. Y lo estaban: el fotógrafo ganó el Pulitzer dos veces más. por Guillermo dos Santos Coelho   Fuente: 

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clarin.com 22/7/2015

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