Un vocero combativo de la Revolución

La Gazeta de Buenos-Ayres difundió los ideales de 1810 con solemnidad y pasión, y dio inicio en el país al oficio de informar.

Como fundamento de su razón de ser, la Revolución de Mayo alegó las anómalas circunstancias en que se encontraba España. Sin desdeñar los argumentos para ello esgrimidos, es razonable creer, a la vez, que el turbión era impulsado por fuerzas más profundas. Los gestos colectivos coincidían en diseñar nuevas actitudes y criterios ante la cosa pública, no ya según los racionales encuadres de la Ilustración empelucada, sino en medio de una fronda de gorros frigios.

De pronto, la voz de los patriotas no es ya la de meros vecinos que reclaman atribuciones vacantes por la caducidad del poder, sino la de doctrinarios de una libertad insurgente, sólo a medias atemperada por la prudencia mercantil, de hecho ya irreversiblemente adherida al librecambio y a la influencia británica.

No era este punto de incidencia burguesa el que iba a provocar luchas y desatar heroísmos, sino el otro, y ese fue el sentido de la Gazeta de Buenos-Ayres , no únicamente mientras Mariano Moreno la redactó, sino también después, cuando ese cometido lo desempeñaron hombres ajenos a su tendencia, manifiesto indicio de que estaba en curso algo que superaba lo estrictamente personal. Comprender este hecho encierra la clave de nuestro periodismo de entonces, pues sin ese entendimiento lo que de él nos queda carece de finalidad y relevancia.

La voz de la junta
El 7 de junio de 1810 nació la Gazeta, en virtud de una orden de junta, abiertamente sin más propósito que el de respaldarla y dar a conocer sus miras e intenciones, anticipos de un esfuerzo vigoroso para revertir el estado de cosas y legislar todo desde cero. Una concepción posterior contrapone 1810 a 1816, pero resulta por demás evidente que el desarrollo de esa pugna desembocaba, indefectiblemente, en la constitución de un ámbito social y gubernamental en absoluto diverso al previsto por las leyes españolas: la posibilidad de volver atrás estaba, de hecho, cerrada.

Los periódicos anteriores existieron merced a permisos y privilegios; la Gazeta , en cambio, lo hizo por directa decisión oficial, sin tener otro propietario que el propio gobierno, y si en su manejo adquirió relieve inusitado la figura de Moreno no fue sino por ser secretario de la junta. Era ésta la que hablaba, a tal punto que en sus artículos se confunden de modo inescindible la labor del redactor y la del estadista. Reemplazado Moreno, tal relación se aflojó, pero muy paulatinamente, y el periódico -que con diversos nombres subsistió hasta 1821- concluyó siendo una hoja más de las tantas, pero siempre en calidad de vocero voluntarioso y combativo.

¿Qué clase de periodismo llenaba sus páginas? Por supuesto, era uno irreconocible en términos de los parámetros actuales: ni contención ni objetividad había en él y la función informativa era servida de modo errático y arbitrario. Tampoco ningún lucro arrojaban tiradas de no más de 400 ejemplares, de los cuales buena parte se remitían sin cargo a las ciudades del interior, con el confeso fin de proporcionar argumentos y definir posiciones ante cada grupo de adherentes, para consolidarlo y asegurarlo.

Solemnidad, didactismo, más apasionamiento y exaltación: el bien común, centrado hasta ahí en la lealtad al rey, se transfirió abruptamente a los requerimientos de una patria amenazada; ya, sin tapujos, el enemigo es el peninsular, deseoso de “restituir la tiranía”.

Moreno brilla en esa acción, hasta un punto en verdad único en toda la América española: su prosa pueblerina y curialesca alcanza impensadamente densidad notable y roza, a menudo, niveles de sublimidad, a los que no afean ni lo parcial de los postulados ni la ingenuidad de muchas presunciones. Groussac ha dicho, con razón, que es imposible hacer una lectura crítica de nuestros próceres, Moreno incluido, pero ello no obsta el reconocimiento que su fervorosa elocuencia merece.

Hacía mangas y capirotes con la moderación: el 4 de octubre, el fusilamiento de Liniers y de sus compañeros es relatado con frases durísimas: “Aunque la sensibilidad se resista, la razón suma ejecuta, la patria imperiosamente lo manda?” Y, renglones abajo: “Magistrados de las provincias, aún es tiempo de preveniros. Desistid de vuestro empeño, el más injusto, vano y temerario”. Y, de remate: “Prelados, eclesiásticos, haced vuestro ministerio de pacificación, y no os mezcléis en las turbulencias y sediciones de los malvados?”

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Moreno no era un periodista, era un tribuno amarrado al banco del escriba, empeñado en preservar, a todo trance, la coherencia revolucionaria. No tenía sino 33 años y permaneció en la primera línea de los hechos no más que dos. Su tarea, ciertamente, fue una gran tarea, casi exenta de errores, acaso por falta de tiempo.

por Fernando Sánchez Zinny

De las revistas innovadoras a los blogs, 50 años de medios gráficos
Los diez hitos de un periodismo que renovó temas y estilos, y aceptó los desafíos tecnológicos

El periodista y autor de Paren las rotativas elige en este texto diez momentos emblemáticos de lo impreso y escrito en los últimos 50 años.

En 1963, todos soñábamos con trabajar en el semanario Primera Plana , creado por Jacobo Timerman en 1962, que le pasó el trapo a los atavismos del periodismo local. En ese mismo año dejó de salir el legendario Crítica , fundado en 1913, y Héctor Ricardo García, reportero gráfico devenido editor, sacudió el mercado con otro diario muy popular también de siete letras llamado Crónica .

En 1966,varios semanarios de actualidad y política compiten con Primera Plana . A esta publicación, junto con Panorama y Confirmado , se le atribuye responsabilidad en la creación del clima que culminó en junio de ese año con la caída del presidente Arturo Illia. Onganía, el general que en esa fecha tomó el poder, ordenó la clausura de Primera Plana en agosto de 1969.

Se inicia una progresiva especialización del periodismo. Cuestiones como la revisión del pasado ( Todo es historia , 1967); la economía ( Mercado ,1969); el rock ( Pelo ,1970); el tiempo libre ( WeekEnd ,1972); el humor ( La Hipotenusa , 1967; Hortensia , 1970; Satiricón y Mengano , 1972); la cultura ( Crisis ,1973) se desarrollan en publicaciones que ocupan un espacio que los diarios no cubren.

A partir de su provocativo slogan -“El diario de la inmensa minoría”-, La Opinión (inspirado en el francés Le Monde , sin fotografías pero con caricaturas de Hermenegildo Sábat) constituye un hito del periodismo de análisis y de crítica cultural. Influidos por el nuevo periodismo norteamericano, fronterizo entre la crónica urgente y la literatura, desarrolla un estilo de redactores que valorizan su poder de observación y sus firmas.

En plena dictadura militar, la Editorial Atlántida lanza el semanario Somos ; Perfil hace lo propio con La Semana y Julio Ramos inicia Ambito Financiero , en una época en que la coyuntura económica debía seguirse minuto a minuto. Entre 1976 y 1982, aparecen Expreso Imaginario , el mensuario El Porteño , que funcionaba en cooperativa, y Uno mismo , dedicado a la realización personal. En 1977, el periodista y escritor Rodolfo Walsh interpela a la Junta Militar desde una Carta abierta. Poco después sería asesinado y desaparecido. En ese mismo año, el diario La Prensa da lugar a la primera solicitada de las Madres de Plaza de Mayo. En 1978, aparece la revista Humor , que llegaría a vender casi 300.000 ejemplares.

A partir de 1983 comienzan a circular publicaciones de computación e informática. En 1987, Jorge Lanata y Ernesto Tiffenberg, con el apoyo económico de Fernando Socolowicz, idean un diario llamado Página/12 porque contendría esa cantidad de páginas y sólo se ocuparía de las noticias más trascendentes de cada jornada. Su aparición significa una cuota importante de audacia y renovación. En el diario se foguea una nueva generación de profesionales.

La década del 90 posibilita notables adelantos tecnológicos que en parte mitigan las repetidas crisis económicas que reducen dramáticamente el número de lectores de material escrito. A partir de 1996, diarios como LA NACION, El Cronista (el primero en informatizar su redacción), Ambito Financiero , Clarín y varios del interior comenzaron a trabajar versiones electrónicas de sus ediciones diarias, para una red que ya en ese momento sumaba unos 30 millones de usuarios en el mundo. En un tiempo de superabundancia informativa, se advierten las patologías del exceso: saber demasiado puede ser tan nocivo como no enterarse de nada. Los gigantes del negocio informativo tejen alianzas con el entretenimiento.

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Los diarios y revistas se desligan de ataduras con lo escrito y acentúan su oferta visual. Se modifica la agenda noticiosa. Secciones como policiales, vida cotidiana, costumbres y tendencias ganan envergadura de tapa.

La televisión en general, los cables de noticias e Internet influyen decisivamente en el sumario cotidiano. Los diarios vienen llenos de suplementos especializados (salud, autos, fotografía, decoración, arquitectura, consumo, mujer, moda); de zonales y de atractivas infografías capaces de resumir en un golpe de vista una compleja trama informativa.

El último gran fenómeno periodístico es el de los blogs, en los que anónimos y famosos desarrollan con enorme libertad de expresión lo que se podría considerar el nuevo periodismo del siglo XXI. La circulación informativa de estos días también pasa por las redes sociales, como Facebook o Twitter. Consecuencias de un tiempo en el que los personalismos superan a lo vocacional y el negocio condena a la pasión, pero que todavía no doblegan del todo al glamour de conocer eso que antes no se sabía, negro sobre blanco.

TITULOS DE UN SIGLO

Nace LA NACION . En 1869 nace La Prensa y el 4 de enero de 1870, LA NACION, fundada por Bartolomé Mitre, que impulsan una nueva clase de periodismo, más apartidario e imparcial.

Humor político . El 9 de octubre de 1898 aparece Caras y Caretas , creada por Fray Mocho, que publica 2139 ediciones hasta 1938.

Innovación . En 1913, el uruguayo Natalio Botana crea el diario Crítica .

Dos clásicos . El 30 de marzo de 1919 aparece la revista El Gráfico , de editorial Atlántida, fundada un año antes por Constancio Vigil. En el mismo año, sale Billiken .

Cultura. En 1924, el mundo cultural porteño tiene dos voceros: Martín Fierro , del grupo de Florida, y Claridad , del grupo de Boedo.

Nuevo formato . El 14 de marzo de 1928 surge el primer diario en formato tabloide, El Mundo , emprendimiento de la editorial Haynes, de capitales ingleses radicados en el país.

Aparece Clarín . El 28 de agosto de 1945, Roberto J. Noble funda el diario Clarín .

Revistas . En diciembre pasado, en la Capital y en GBA se editaron 1522 revistas. En el país, el 35,4% de los títulos son de actualidad, y el 18,5%, sobre la mujer y el hogar, según la Asociación Argentina de Editores de Revistas.

por Carlos Ulanovsky
Opinión
Contra la demagogia, la dignidad de la palabra
Son tres los imposibles a los que Freud se refiere: gobernar, psicoanalizarse y educar. “Imposible” significa, aquí, ?fatalmente inconcluso´. El periodismo bien ejercido constituye, a mi entender, una rama de la educación freudianamente entendida.

La realidad excede siempre las aptitudes analíticas de la conciencia. No obstante, corresponde al periodismo cabal revelarse contra esa desmesura de los hechos, sin presumir con ello que sabrá llegar adonde no puede. En verdad, se trata de otra cosa. Se trata de no renunciar a infundir un poco más de inteligibilidad a lo complejo. De no resignarse a los encubrimientos y distorsiones con que la indecencia y la demagogia suman su propio aporte a lo que la realidad ya tiene de intrincado.

Ese espíritu crítico que distingue al periodismo auténtico busca desocultar, echar alguna luz sobre lo empecinadamente oscuro, evitar las simplificaciones y denunciar los enmascaramientos. Se trata, de modo eminente, de una lucha en favor de la dignidad de la vida y las palabras. Todo ello para que esa realidad, que no termina de caber en lo que se dice, se vea, al menos, liberada de las mutilaciones que intencionalmente le provocan los que mienten.

El periodista que sabe serlo une a la información que suministra una formidable aptitud analítica. Ejerce el pensamiento, labor del todo inusual.

Una cosa es la actualidad; otra, el presente. La actualidad es el aluvión de acontecimientos que se suceden día tras día. El presente, en cambio, es una construcción. Está conformado por las líneas estructurales que acusan la dirección dominante seguida por los acontecimientos.

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El periodista sabe leer, en el vértigo de la actualidad, la constancia del presente. Nos permite, como lectores, transitar de lo múltiple y en apariencia dispersivo hacia lo convergente y unitario. Traza las líneas maestras de lo que nos pasa, viendo en lo que sucede lo que no debemos desatender si aspiramos a comprender en qué estamos y dónde, y por qué.

Ciertamente, el periodismo así entendido es temible para quienes odian la libertad, el debate y el diálogo. Su despliegue invita al intercambio de ideas, a la convivencia asentada en la escucha tanto como en la enunciación.

Es un oficio que no resulta posible terminar de ejercer con idoneidad. Y la razón es sencilla: el hombre no puede terminar de aprender a ser libre. Pero una cosa es aceptar resignadamente esa limitación y otra, admitirla luchando, sin pausa, contra lo que puede sumergirnos en un silencio humillante.

por Santiago Kovadloff

Cuando era muy joven y aprendía a amar la literatura, acaté los mandatos de Borges acerca de la fugacidad e irrelevancia del periodismo. ¿Cómo podría competir una nota de Dante Panzeri con los memorables versos de Rimbaud o Cernuda, o con las páginas de Joyce o Thomas Mann, o el propio Borges? Y deliberadamente lo mencionaba a Panzeri, porque me parecía el mejor periodista (deportivo, en este caso) posible.

Después, fui cambiando de opinión. Mi práctica personal me enseñó que el periodismo escrito es un género literario con los mismos derechos y demandas que el ensayo, la narración y la poesía, y que es capaz de contenerlos a todos ellos, siempre que se lo respete, en cuarenta o cincuenta líneas de ejecución despejada.

En periodismo -lo entendí-, tanto o quizá más que en los géneros “altos”, importa lo que podría denominarse la ética del formato, el compromiso con el lector, que incluye la aceptación del consumo rápido y, a menudo, la deliberada adopción de un estilo objetivo. Nada de eso nos prohíbe el uso de la ironía, la reticencia y el humor.

Los que ejercemos el periodismo, en cualquiera de sus variantes, no somos héroes civiles ni testigos privilegiados, sino, en la mayoría de los casos, esforzados trabajadores del idioma, militantes de un arduo oficio que jamás dominaremos del todo. Los Watergate son excepcionales. Es cierto que, aparte de informar, creamos la realidad, como siempre ocurre con la lengua, pero lo hacemos mediante un ida y vuelta productivo con el lector, que no tiene dueño.

De todos modos, soy de los que creen que el periodismo bien ejercido tiene un enemigo que a veces se viste de amigo insincero o protector: el poder. Léase aquí cualquier clase de poder: político, corporativo o mafioso. La dignidad del instrumento que manejan obliga a los periodistas, aun cuando se vean empujados a pactar con el enemigo o incluso a ceder ante él, a preservar un último espacio de independencia, de inteligencia crítica. El peor medio disidente y autónomo es mejor que el mejor medio oficial. El periodismo independiente es el género literario que los déspotas y autoritarios no toleran.

A lo largo de los años, y por obra de las circunstancias, conocí a muchas personas destacadas en la vida pública y el arte, algunas de las cuales me han dejado un valioso recuerdo. Dentro de ese panorama que me excede, me honro con haber compartido una redacción -una de mis primeras, una de sus últimas- con el ya citado Dante Panzeri, el modelo de periodista que quiero resaltar, y a quien ligo con toda una tradición argentina de crítica, buena escritura y libertad.

por Luis Gregorich

 

 

 

Fuente: 

Diario La Nación 6/6/2010

Informacion Adicional: 

Ver Diarios del Bicentenario en “Días de Historia”.

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