Un inglés que mató a un soldado argentino quiere contactar a su familia

Se llama Gordon Hoggan. Asesinó de un bayonetazo a su joven enemigo en la batalla de Monte Tumbledown en 1982. Ahora le quiere devolver el casco a sus familiares pero no sabe quién es.  La relación entre los veteranos que se enfrentaron en las guerras suele ser de una clase tan especial que al final del camino, algunos viejos enemigos terminan siendo amigos. La guerra de Malvinas no sólo dejó traumas y severas secuelas para los que combatieron del lado argentino. También sufrieron los ganadores.

Esta semana, Gordon Hoggan, héroe de lo que los británicos llaman la “guerra de las Falklands”, apareció en distintos medios del Reino Unido para comunicar que desea contactarse con la familia del soldado que mató de un bayonetazo en el conflicto del Atlántico Sur de 1982, que dejó 649 argentinos muertos y otros 255 del lado británico. Además de esa obsesión que lleva y que le ha causado depresiones, según contó al diario Express del Reino Unido, Hoggan, 55 años, le quiere a dar a la familia de su víctima el casco militar que se llevó consigo de la batalla de Monte Tumbledown. “Lo maté con mi bayoneta. Eran dos los que estaban en una cueva. Nos acercamos sigilosamente pero los alertamos al entrar. Saltaron y disparé mi rifle. Estaba encasquillado y no tenía tiempo de sacar el cargador y resolverlo, así que me abalancé con la bayoneta, se la clavé en el cuello y no le di tiempo a dispararme», contó Hoggan a la agencia de noticias France Presse en Londres. El ex militar vive hoy en Spondon, Derby. La batalla de Monte Tumbledown fue una de las últimas y en ella se enfrentaron el Segundo Batallón de la Guardia Escocesa y el Batallón 5 de la Infantería de Marina. Murieron 20 argentinos, 9 británicos. Hoggan contó que con sus compañeros del Batallón escocés tomaron una posición estratégica cercana a la capital de las islas tras dos semanas de marcha a pie desde el Puerto San Carlos, donde en mayo del 82 se produjo el desembarco británico. Su batallón pisó tierra el 1 de junio. Tras abandonar las fuerzas militares, Gordon afirma haber luchado contra el estrés traumático que dejan las guerras. Como muchos veteranos, quiso volver a la zona donde combatió y viajó a Malvinas en 2007, para los  25 años de la guerra. En su diálogo con la prensa británica, dijo no tener idea de la identidad del soldado argentino que mató a sangre fría con su bayoneta. Sabe que eran de la Infantería de Marina 5, dice que todos esos chicos llevaban consigo rosarios, y que cree haber visto unas iniciales FM grabadas en el cinto de cuero del interior del casco. Pero eso podría ser las iniciales de Fabricaciones Militares. En Argentina, grupos de ex combatientes han intentado abrir una causa internacional por presuntos crímenes de guerra contra Gran Bretañas durante el conflicto de Malvinas. Por diversas razones, el Estado argentino nunca dio ese paso. El testimonio de Hoggan podría igualmente ahora aclarar al menos cómo fue la muerte de ese joven soldado argentino aquel sangriento 13 de junio. Natasha Niebieskikwiat Fuente: 

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www.clarin.com 7/11/2014

Informacion Adicional: 

BIM 5, el batallón que se llenó de gloria

Cuenta la historia que el día 14 de junio, a las 11, el Capitán de Fragata Carlos H. Robacio (jefe del BIM 5) informó al comando superior: «Mis hombres, un Batallón reforzado con dos Compañías, han luchado contra el Segundo Batallón de Guardias Escoceses; Primero y Séptimo de Fusileros Gurkas y parte del Batallón de Guardias Galeses. También nos hemos enfrentado contra el Escuadrón 42 de Comandos de Infantería de Marina. Hemos producido las bajas más sustanciales sufridas por la Infantería británica en la conquista de las Islas Malvinas.»  Una hora y media más tarde, Robacio recibió la orden de repliegue pues ya habían cesado las hostilidades. Pocos momentos después de haber recibido la orden, fueron atacados desde helicópteros, dos de los cuales fueron derribados por hombres del BIM 5.  A las 14.30, el BIM 5 entró desfilando y portando casi todas sus armas a Puerto Argentino.  El total de bajas del BIM 5 fue de 16 muertos, y 68 heridos de un total de 800 infantes de marina más 200 conscriptos del Ejército Argentino; los ingleses sufrieron más de 300 bajas. Con ello quedó demostrado que el enemigo no declaró nunca las cifras reales. Carlos Hugo Robacio alcanzó la jerarquía de contralmirante y tuvo cuatro condecoraciones. Murió, a los 76 años, el 29 de mayo de 2011. La historia“Malvinas: Dos batallas sangrientas y la caída de Puerto Argentino” es un libro escrito por el periodista Alberto Amato. En parte de su relato, Amato cuenta la experiencia del BIM 5: “De pronto, las tropas británicas descubrieron que frente a ellos tenían a casi once mil prisioneros argentinos y no tenían ni carpas para albergarlos ni agua para calmarles la sed ni raciones para alimentarlos. Después de 74 días, la guerra de Malvinas había llegado a su fin y los ingleses volvían a ocupar las islas, por la fuerza, como lo hicieron en el siglo XIX. El avance británico final empezó en la noche del 11 y la mañana del 12 de junio, para dominar las alturas que rodean a Puerto Argentino: Monte Kent, Monte Harriet, Dos Hermanas, Tumbledown, Monte Longdon. El alto mando inglés calculaba que a las tropas argentinas se les habían terminado las raciones frescas el 10 de junio y, revela el historiador Lawrence Freedman en su libro «The Official History of the Falklands Campaign» «había versiones que indicaban que no contaban con pan desde hacía un mes y que muchos soldados argentinos padecían deficiencia de proteínas, desnutrición avanzada y comienzos de problemas psiquiátricos graves». La mañana del 12 de junio unos cuatro mil quinientos soldados ingleses atacaron Monte Longdon y Monte Harriet. Las posibilidades de ataque a los británicos por parte de la Fuerza Aérea Argentina eran cada vez más difíciles: los Sea Harrier británicos cubrían buena parte del cielo malvinense. De todos modos, el 13 de junio, dieciocho misiones aéreas argentinas cayeron sobre las tropas enemigas. Una de ellas casi cambia el curso de la guerra. A las tres y diez de la tarde del 13 de junio, siete aviones A4B Skyhawks lanzaron sus bombas sobre Monte Kent, alrededor de la base de la Tercera Brigada. En ese momento los comandantes Jeremy Moore y Julian Thompson evaluaban el ataque final a Puerto Argentino. Salvaron sus vidas por milagro. Los británicos también tenían problemas de abastecimiento. Al mando de la flota naval, el almirante John «Sandy» Woodward empezaba a notar la escasez de barcos y de municiones: le quedaban dos mil quinientas ráfagas de proyectiles Mk8 y la fragata Plymouth y el Glamoran estaban averiados. Igual, la noche del 12 de junio, el Arrow y el Active dispararon ciento ochenta y seis andanadas contra objetivos argentinos en Moody Brock, no muy lejos del que había sido cuartel de los marines británicos y a Sapper Hill, la última colina antes de Puerto Argentino. Pero a esas horas la lucha no era ni naval ni aérea. Era por tierra. Los Guardias Escoceses asumieron la misión de tomar Tumbledown junto a las unidades gurkhas. Se toparon con una resistencia feroz y violentísima del Batallón de Infantería de Marina 5 conformado en un setenta y cinco por ciento por conscriptos. En su diario, el general inglés John Kiszley escribió: «El enemigo (por el BIM 5) estaba bien colocado y esperó a que estuviéramos a cien metros de distancia para abrir fuego con todo lo que tenía. Los dos pelotones de avanzada estaban detenidos, y cada vez que avanzaban sufrían bajas. No podíamos imponernos. Al contrario de lo que se esperaba, el enemigo estaba en pie y luchaba». En Monte Longdon, en la noche del 13 al 14 de junio, las tropas del Regimiento 7 de Infantería de La Plata también se trenzaron en una batalla feroz con las tropas británicas, que en muchos casos, como en Tumbledown, llegó a la lucha cuerpo a cuerpo. Las fuerzas británicas usaron «un intenso bombardeo con todas las armas disponibles» y poco a poco el avance hacia Puerto Argentino se hizo incontenible. Al amanecer del 14 de junio, la primera avanzada británica llegó a las inmediaciones de la capital malvinense, junto con una intensa nevada. El general Moore instó al general Mario Menéndez a rendirse «sin involucrar al gobierno argentino» y le dijo lo que Menéndez ya sabía: la resistencia sólo podía aumentar las bajas. Lo demás es historia conocida. Sin embargo, el documento de la rendición no se firmó hasta muchas horas después. Había algo que los ingleses temían y Menéndez no podía garantizar: los ataques de la Fuerza Aérea. Se pidió vicecomodoro Eugenio Miari, uno de los testigos firmantes de la rendición, que hablara al continente con el jefe de la Fuerza Aérea Sur, brigadier Ernesto Crespo para que se rindiera. Miari anticipó: «No lo va a hacer». Esa fue la respuesta de Crespo. Hubo horas de cabildeos hasta que los británicos hallaron una fórmula: «Que nos de su palabra de honor de que no nos va a atacar». Esta vez fue el brigadier Luis Castellanos quien habló con Crespo, que ya tenía su decisión pero igual la respuesta: «Dejámelo pensar». Horas después dio su palabra de honor. La rendición se firmó casi en el primer minuto del 15 de junio. Se hizo una traducción al castellano en la que, como en el original, Menéndez tachó la palabra «incondicional». Pero en la traducción, y con el apuro, se escribió a mano que la rendición «surtirá efecto a partir de la 0 hora del 10 de junio». Cuatro días antes que en el original.  Todo importaba ya muy poco”. Robacio y su palabraLos británicos, no demasiado propensos al elogio, no vacilan en señalar que las fuerzas argentinas más difíciles de enfrentar en Malvinas fueron las del Batallón de Infantería de Marina 5. Se enfrentaron a los ingleses en Tumbledown, una de las batallas finales, junto a la de Monte Longdon. Así, Robacio dio una entrevista hace algunos años y allí dio detalles del BIM 5. Dice Robacio: “Estábamos convencidos de que peleábamos por lo nuestro. Malvinas hoy no sólo es un sentimiento, fue una gesta y creo que es tal vez la única cosa que nos puede unir a todos los argentinos. Yo estuve hace muy poco en una reunión en Gran Bretaña con los comandantes que me atacaron. Empezamos a combatir el 13 de junio. El 13 a la tarde nos hacen un ataque con una compañía reforzada que la aniquilamos. Teníamos muy buen fuego preparado. Pero cometimos muchos errores, hacía casi doscientos años que no estábamos en guerra, por lo menos en guerras clásicas.  El BIM 5 era la única unidad que estaba equipada, ambientada y adiestrada para estar en Malvinas. Pero yo me enamoré del Ejército porque mis camaradas, sin tener nada, pelearon muy duro. Es difícil entender las condiciones en las que peleamos en Malvinas. Por eso cuando regresamos no me importó que nos sacaran medio ocultos porque yo pensé que, al haber sido derrotados, y yo que era comandante, íbamos a ser fusilados.  Tuve un batallón con gente de un valor encomiable. El comandante de los gurkhas me escribió para decirme que jamás pasaron tanto miedo como cuando atacaron Tumbledown. Los ingleses no pueden creer que yo tuviera conscriptos: «No, sus hombres eran veteranos. No podíamos sacarlos de los pozos», me dicen hoy.  Por eso creo también que las bajas inglesas triplican a las argentinas. La munición que pensábamos nos iba a durar veinte días, se agotó en un día y medio de combate. Nuestra artillería tiró diecisiete mil proyectiles en dos días. Y todos los hombres que lucharon en Malvinas fueron muy valientes. No hay registros en todo el siglo XX de unidades que hayan sido bombardeadas durante cuarenta y cuatro días y en el terreno de combate por más de sesenta, sin haber sido relevadas”. Fuente: mdzol.com 2/4/2012

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