Un homenaje que cumple 152 años

Lo colocaron allí en junio de 1862, pero la inauguración oficial fue el 13 de julio de ese año. Es decir que, en unos meses, cumplirá nada menos que 152 años en ese lugar. Todavía no habían pasado doce años de la muerte del homenajeado y de esa forma en Buenos Aires se instalaba el primer monumento ecuestre, dedicado a un prócer fundamental en la historia argentina y continental: José de San Martín.

Por supuesto que la elección del lugar tampoco fue una casualidad. En 1812, en esa zona de Retiro conocida como el Campo de Marte, el regimiento de Granaderos a Caballo había hecho sus primeros movimientos de instrucción militar y entrenamiento antes de iniciar la campaña libertadora. La estatua fue colocada sobre un pedestal de mármol italiano que había llegado al país a finales de 1861. Los cajones con la obra fueron desembarcados en la misma zona en marzo de 1862. Y, según cuentan los historiadores, fueron subidos por la barranca de la calle Arenales con varias yuntas de caballos percherones. La estatua (pesa tres toneladas y media) es del escultor y medallista francés Louis Joseph Daumas (1801-1887), un especialista en el diseño de este tipo de obras. Lo curioso del caso es que la elección de este artista surgió porque en 1856, en Chile, se pensó en hacer monumentos a los próceres de su independencia. La propuesta, lógicamente, incluyó a San Martín. Ante esta situación, la Municipalidad de Buenos Aires también le encomendó a una comisión de vecinos de Retiro un doble trabajo: encargar la obra y adecuar el lugar en el que sería emplazada. Como los chilenos habían elegido a Daumas, también a él se le encargó la estatua para la Ciudad. A diferencia de la que hizo para Chile (está en el Paseo de La Alameda, en Santiago) la de Buenos Aires tiene a San Martín con el brazo derecho señalando el camino a la gloria (en la del país trasandino porta una bandera, también creada por el prócer) y la cola del caballo flotando en el aire. Se había pensado en incluir una espada sostenida por el brazo derecho. Pero el artista estimó que esa arma podía considerarse como símbolo de un elemento de dominación y no la colocó. En 1909, con los festejos por el Primer Centenario de la Revolución de Mayo a la vista, se decidió que aquel monumento debía ser mejorado. Entonces, le encargaron al famoso escultor alemán Gustave Eberlein (1847-1926) que embelleciera la obra de Daumas. Eberlein aceptó el trabajo y empezó a hacerlo en su país. Para complementar a la estatua ecuestre se pensó en realizar unos frisos con grupos alegóricos y bajorrelieves que recordaran a los ejércitos de la lucha por la independencia y a la campaña libertadora. La obra original de Eberlein recibió retoques porque tenía algunos errores. Por ejemplo: los soldados llevaban uniformes como los que usaban los ejércitos de Napoleón. La nueva inauguración, con el pedestal de granito rojo pulido, se realizó el 27 de mayo de 1910. Y en esa remodelación se aprovechó para darle a la estatua una nueva orientación. Antes San Martín señalaba hacia el Este; después, se colocó como está actualmente, marcando el Noroeste, más acorde con la Cordillera y con el Alto Perú. Y a propósito de cambios, recién en 1878 la plaza había recibido su denominación actual. En ese año, al recordarse el centenario del nacimiento del gran libertador, se decidió que el lugar se rebautizara como Plaza San Martín, en lugar de Paseo de Marte. Claro que no todas fueron luces para la estatua. En diciembre de 1864, a dos años de su inauguración, una brutal explosión sacudió el lugar. Fue cuando estalló el polvorín de los antiguos cuarteles de Retiro. Aquello fue una tragedia porque los escombros aplastaron a los soldados del Regimiento de Artillería que justo llegaban de realizar unas maniobras en la zona de Recoleta. Pero esa es otra historia. por Eduardo Parise Fuente: 

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Diario Clarín 10/2/2014

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