Un grande llamado Hugo del Carril

Cantor, actor y director de cine, cumpliría hoy 103 años. La voz de este nativo de Flores inmortalizó la Marcha Peronista.

Después de 1935, algunos lo vieron como el sucesor de Carlos Gardel. Y no le faltaban elementos para presumir: buena estampa, en una mezcla de criollo y porteño; una sonrisa cautivante y una voz tan afinada que lo iba a convertir en ídolo popular. Pero él no se lo creyó. Y aunque hasta los quince años vivió en Francia, algo que lo emparentaba con la tierra natal de Gardel, tuvo personalidad para ser nada más y nada menos que Hugo del Carril, una figura que hoy hubiera cumplido 103 años. Piero Bruno Hugo Fontana fue el cuarto hijo de los italianos Orsolina Bertani y el arquitecto Hugo Fontana. Nacido el 30 de noviembre de 1912 en una casa de la avenida San Pedrito 256, en el barrio de Flores, enseguida supo que en la vida no todo es alegría. Como sus padres se separaron, él quedó a cargo de sus padrinos, los franceses Alina y Francisco Faure. Con ellos vivió en París hasta su adolescencia y eso lo hizo un francoparlante antes de que su acento se volviera bien argentino. Así dio origen al Pierró (su primer seudónimo artístico), como lo llamaban sus padrinos. También hubo otros seudónimos hasta llegar al definitivo: Oro Cáceres, Alejo Pacheco Ramos, Hugo Font, Hugo Caurés, entre otros. Eran los primeros pasos en Radio Bernotti (después Radio Del Pueblo) haciendo presentaciones como locutor y dándose el gusto como estribillista: 1927, y ya empezaban a quedar atrás sus tiempos como empleado en una fábrica de jabón y en una cristalería. Es que había que ganarse la vida y los oficios lo permitían. Como aquel tiempo en que, después de estudiar taquigrafía, lo tuvo trabajando en el Congreso Nacional. Pero su destino estaba en otro lado. La clave apareció en 1937 con su participación en Los muchachos de antes no usaban gomina, una película de Manuel Romero. Hugo del Carril no era un desconocido: había actuado con Edgardo Donato, tenía presentaciones como solista y había grabado en el sello Víctor con la orquesta de Tito Ribero. Pero su versión de Tiempos viejos (de Francisco Canaro) en la película, sería el trampolín para impulsarlo al cielo de los consagrados. Como actor alcanza con recordar algunos títulos: Madreselva, Gente bien, El astro del tango, La vida de Carlos Gardel, La cabalgata del circo, El último payador, El último perro… También está su etapa como director que comenzó con Historia del 900 y tuvo su esplendor con Las aguas bajan turbias, basada en el libro El río oscuro, de Alfredo Varela, un escritor militante del Partido Comunista, lo que le valió a Del Carril conflictos con Raúl Apold, subsecretario de Difusión y Prensa del primer peronismo, quien llegó hasta a prohibir la proyección, aunque Del Carril fuese un peronista militante. Su versión de Los muchachos peronistas (marcha que grabó con la orquesta de Domingo Maraffioti) y sus milongas De un payador a la señora Eva Perón y De un payador al general Juan Perón (que compuso junto con Homero Manzi) así lo certifican. Después de 1955, aquello también lo llevó a la cárcel y al exilio. En Delfín Gallo y Martiniano Leguizamón, Villa Lugano, una estatua lo muestra de pie y luciendo su estampa de cantor. Fue inaugurada en octubre de 1998. Hecha en cemento patinado símil bronce, fue realizada por el artista Carlos María Toto, nacido en Caballito en 1949. Autor de distintas esculturas, Toto tiene en su haber una curiosidad: realizó una estatua del general José de San Martín donde el héroe está de pie y con su sombrero en la mano. Se encuentra expuesta Berlín. La de Hugo del Carril, en cambio, está en una pequeña plazoleta llamada Unidad Nacional. Del Carril estuvo casado con Violeta Courtois y tuvieron cuatro hijos: Marcela Alejandra, Hugo Miguel, Amorina y Eva. Y entre sus muchas actividades, pasó por varias idas y vueltas, que le produjeron euforias y depresiones. “Dentro del arte popular hice muchas acrobacias”, dijo alguna vez. Una de ellas fue la de ser en 1963 el conductor de un programa de tevé titulado “Grandes valores del tango”. Pero esa es otra historia. por Eduardo Parise Fuente: 

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Diario Clarín 30/11/2015

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