Un faro que sigue encendido

Hace 30 años, el flamante presidente Raúl Alfonsín ponía en marcha la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas (Conadep). En Guatemala, acababa de perpetrarse la peor masacre, con decenas de miles de muertos entre la población indígena, a manos de las fuerzas militares comandadas por el general Efraín Ríos Montt. Hay que recordar la significación y trascendencia de los pasos dados entonces: Chile, Uruguay, Brasil y Paraguay seguían bajo regímenes dictatoriales; Centroamérica, sumergida en cruentas guerras civiles; Ronald Reagan libraba desde Washington la última Cruzada de la Guerra Fría contra los sandinistas en Nicaragua, luego de invadir Grenada.

Y en nuestro país, los militares del Proceso habían dictado una autoamnistía que el candidato peronista Italo Lúder había dado por irrevocable. Pero ganó Alfonsín y sus primeras medidas fueron la derogación de esa autoamnistía, el procesamiento de los ex comandantes y la creación de la Conadep, primera comisión de ese tipo. Esas decisiones tuvieron sus riesgos y sus frutos: en Guatemala, por ejemplo, cayó el feroz dictador y el gobierno y la guerrilla de la URNG firmaron una serie de compromisos que incluían la formación de una Comisión para el Esclarecimiento Histórico. Luego vendrían los acuerdos de paz en Centroamérica y el final de las dictaduras militares en el continente. En Guatemala acaban de celebrarse los 20 años del inicio de ese proceso de paz. La recordación tuvo un sabor agridulce. El año pasado lograron juzgar a Ríos Montt, que fue condenado a 80 años de cárcel por el delito de genocidio, pero la sentencia fue revocada y el anciano ex dictador descansa en su residencia. El actual presidente, Otto Pérez Molina (ministro de Defensa en aquellos años), abogó por “una amplia amnistía que facilite revelar la verdad histórica sin temor a procesos judiciales” para los responsables de aquellos crímenes. Como en la Argentina de hace 30 años, la búsqueda de verdad y justicia, sin revanchismo ni impunidad, no se detiene en Guatemala. Es un largo camino de reconstrucción y reparación que se alimenta con la memoria. Aquí, entre nosotros, solemos perder de vista lo logrado, con una política de derechos humanos que debería ser patrimonio de todos los argentinos y no de un gobierno, mientras se desatienden situaciones humillantes como la que sigue padeciendo la comunidad Qom en Formosa. por Fabián Bosoer Fuente: 

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Diario Clarín 10/1/2014

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