Un diario que es guía y espejo del país

La Nación fue creada el 4 de enero de 1870, por Bartolomé Mitre (presidente entre 1862 y 1868), como un espacio plural de difusión de ideas.

Bartolomé Mitre posando para un retratista, en 1901 – Foto Diario La Nación

Fundar un diario no fue nunca una tarea fácil o de sencilla ejecución. Fundar un diario significa mirar hacia adelante, desafiar las leyes del tiempo, decidir cuál y cómo será el espejo de los años futuros, imaginar la insondable sucesión de los días que vendrán, abrazarse a una realidad a la que hoy sólo podemos acceder a través de suposiciones, fantasmagorías premonitorias o sueños.

Fundar un diario es construir un servicio informativo forjado a la medida de la imprevisible legión de lectores eventuales que nos está esperando en la ruleta del tiempo y de la historia. Fundar un diario es dar una respuesta satisfactoria a la demanda de quienes se supone que un día van a tener exigencias, deseos y zonas de interés que todavía no están corporizadas.

Estas reflexiones absolutamente generales, válidas para cualquier época y lugar, nos pueden ayudar a imaginar el esfuerzo gigantesco que debe haber significado la fundación de una empresa periodística con vocación de permanencia en la perfectible y todavía azarosa sociedad argentina de 1870.

La Nacion fue fundada el 4 de enero de 1870, cuando Mitre tenía 48 años y llevaba sobre sus hombros el peso de una experiencia intensa y enriquecedora, en la que se habían alternado actividades y realizaciones volcadas íntegramente al servicio del país. Mitre había sido un hombre de armas identificado a fondo con la causa de la libertad y del sentimiento nacional. Había sido, al mismo tiempo, un ciudadano identificado con el difícil objetivo de construir la unión nacional y de darle al país la estructura constitucional tantas veces anunciada pero siempre postergada. Había sufrido persecuciones y exilios, había ejercido el periodismo con altura y con pasión dentro y fuera de su patria, había desarrollado una obra inspirada en el orden intelectual y en el campo literario, había traducido a los grandes poetas de la cultura clásica, había sido y seguía siendo un historiador comprometido con los valores más altos de la identidad nacional.

En la hora suprema de la construcción de la República había desempeñado una función rectora y protagónica, junto a Urquiza y a los otros grandes forjadores de la organización nacional. Entre 1862 y 1868 había ejercido la presidencia de la Nación. Había sido ?no hay que olvidarlo? el primer presidente de la República definitivamente unificada, después de las fragmentaciones y divisiones territoriales provocadas por las guerras civiles posteriores a 1820. Mitre dejó inaugurada la emblemática sucesión de las grandes presidencias históricas de nuestro país, a partir de las cuales la Argentina empezó a ser reconocida en el mundo como una de las repúblicas de más alto prestigio por su compromiso con el progreso y con el ideal de democrático y republicano.

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Cuando Mitre fundó La Nacion, en 1870, hacía dos años que había dejado la presidencia de la República y había retornado al llano. No ignoraba que la estructura de un Estado republicano exigía el pleno respeto al funcionamiento irrestricto de los tres poderes públicos establecidos en la Constitución Nacional: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Todo ello, por supuesto, en el marco del imprescindible sistema de equilibrios y de recíproca independencia determinado por la misma carta constitucional.

Una de las primeras redacciones del diario – Foto Diario La Nación

Pero Mitre sabía también que eso no agotaba las garantías de fondo que el sistema reclamaba, pues el supremo edificio republicano requería algo más: un elemento de control destinado a garantizar que los ciudadanos se mantuviesen permanentemente informados de todo aquello que acontecía en el ámbito nacional y que, en algún momento, podía llegar a afectar sus derechos. Y esa garantía no podía ser proporcionada por ningún poder del Estado. Esa garantía sólo podría ser proporcionada por el periodismo independiente. Así estaba ocurriendo en todas las democracias consolidadas del mundo. Y así debía ocurrir en la Argentina, que en la segunda mitad del siglo XIX se sumaba a ese sistema de apertura universal que privilegiaba los ideales del republicanismo democrático.

En el pensamiento y en la sensibilidad de Mitre, el republicano integral que siempre había sido y el editor de periódicos que ahora anhelaba volver a ser, se interrelacionaban desde lo más profundo de su manera de vivir y de sentir las cuestiones de la vida pública. En el horizonte que abrían su vocación de historiador y su antiguo fervor de hombre de prensa, el pasado se fusionaba con el presente y el futuro se encaminaba hacia la búsqueda apasionada y racional de la verdad, proyectándose hacia un tiempo sin tiempo abierto a todas las dimensiones de la cultura y de la vida. Ese era el espíritu que presidía su intención de fundar La Nacion, un diario que daría testimonio de las luces o las sombras que el porvenir reservaba a los argentinos.

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Respecto de la forma y el estilo moral con que Mitre afrontaba su responsabilidad como editor de un nuevo órgano de prensa, puede ser útil la relectura de un fragmento de la carta que le dirigió a Juan Carlos Gómez el 18 de diciembre de 1869 para comunicarle su decisión de fundar un nuevo diario. Dice Mitre en esa carta: «Hijo del trabajo, cuelgo por ahora mi espada, que no necesita la patria, y empuño el componedor de Franklin». Le dice también Mitre a su interlocutor: «Invito a usted a venir a visitarme a la imprenta. Allí, en medio de los tipos y las prensas, me encontrará otra vez en el punto de partida». Se refería a lo que el periodismo había significado para él en sus años juveniles, cuando recorría las calles de Montevideo, la ciudad en la cual vivía el exilio que le había impuesto Rosas, ofreciendo a diferentes empresas editoras sus primeros artículos y sus primeras cuartillas literarias. La imagen de Mitre como fundador de La Nacion se recorta con rasgos muy fuertes y hasta parece aportar un sello perdurable de coherencia moral, al menos en la dimensión del imaginario invisible que distingue y moviliza a muchos de sus lectores.

La Nacion sucedió en el tiempo a otro periódico que había acompañado de cerca a Mitre durante su presidencia: La Nación Argentina, fundado por José María Gutiérrez. Por eso en el primer editorial del nuevo diario, publicado el mismo 4 de enero de 1870 y titulado «Nuevos horizontes», se aclara ?sin dejar espacio a confusiones? que La Nacion no va a tratar de cubrir un puesto de combate en las luchas intestinas que definen el rumbo político del país, sino que intentará ser para los argentinos una auténtica «tribuna de doctrina». Su misión no será defender determinadas posiciones en el entramado político nacional, sino servir a la difusión de corrientes de ideas y de pensamiento en las que afloren los ideales y los valores que orientan la marcha del país hacia un horizonte luminoso de progreso moral y material y hacia su irrenunciable destino republicano.

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Esa fue La Nacion que salió a la calle un 4 de enero de 1870. Un diario que acostumbró al país a mirarse a sí mismo desde un nivel de objetividad, equilibrio y seriedad que empieza en las características de su estilo sobrio y señero y culmina en su permanente convocatoria a la paz, a la reconciliación y a la unidad nacional dentro de los inmodificables lineamientos del pluralismo democrático.

 

Fuente: 

Diario La Nación 3/1/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Bartolomé Mitre:
Nació en Buenos Aires en 1821 y falleció en 1906. Estudió en la Academia Militar de Montevideo, ya que su familia debió huir en la época de Rosas. En 1851 se incorporó al ejército de Urquiza y mandó la artillería en Caseros. Con Alsina gobernador, fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores y de Gobierno. Luego de Cepeda, asumió el gobierno que abandonó Alsina. En 1861 triunfó en Pavón. Tras una década de lucha, Buenos Aires vence a la Confederación y Mitre asume constitucionalmente la presidencia del país. La guerra contra el Paraguay lo hace empuñar las armas. Terminado su mandato, le entregó la presidencia a Sarmiento. Candidato en 1874, es derrotado por Avellaneda.

Fue autor de: Historia de Belgrano y de la independencia argentina; Historia de San Martín y de la emancipación americana; Páginas de historia; Biografía de Rivera Indarte; Biografía del General Lavalle; Estudio histórico de la Revolución Argentina; Cartas polémicas sobre la Triple Alianza; Soledad e historia de un botón rosa (novela); Catálogo razonado de las lenguas americanas; traducciones de Horacio, Dante.

Bibliografía:

La Nación – Testimonio de tres siglos – 135 años – 4 de enero de 2005

Ricardo Sidicaro – La política mirada desde arriba. las ideas del diario La Nación 1909-1989. Sudamericana. Buenos Aires, 1993.

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