Un británico dice haber traducido diez palabras del libro más raro de la Historia

El manuscrito Voynich es un libro ilegible. No es metáfora: está escrito en una lengua desconocida y con “glifos”, signos, también desconocidos. Fue hecho con pergaminos –una especie de “papel” de piel de oveja– y escrito en la primera mitad del siglo XV. Se le perdió el rastro un par de siglos y reapareció en 1912, cuando un señor, Wilfrid Voynich, fue a Roma a comprarles libros viejos a unos jesuitas.

Está lleno de dibujos de plantas –tan raras que les dicen “frankenplantas”, hechas con partes de diferentes especies– y estrellas y seres humanos que se bañan en fuentes y castillos con almenas. Nadie sabe cuáles. O nadie sabía. Hace pocos días, un académico británico de la Universidad de Bedfordshire, Stephen Bax, dijo haber descifrado parte del misterio y trepó en la estima de la BBC, que informó al respecto. Poca “parte”, la de Bax, apenas 10 palabras de las 35 mil pero tal vez sea el principio del fin de una intriga de 600 años. ¿Qué dice Bax? “El manuscrito tiene un montón de ilustraciones. Fui capaz de identificar algunas de ellas, con sus nombres, al observar manuscritos medievales de hierbas en árabe y otros idiomas, y luego comencé la decodificación, con algunos resultados emocionantes”. Un dibujo de una constelación de siete estrellas lo llevó a la palabra “taurus”, tauro, otro dibujo, de una planta, a “cilantro”, esa planta que en India se usa para hacer curry, en Perú para la salsa de uchucuta y acá empezó a ponerse de moda en los últimos veinte años. Otras ilustraciones lo llevaron a las palabras “enebro”, una clase de pino, “eléboro”, una planta con flores muy bonitas. Bax llama a los lingüistas del mundo a unirse y aprovechar sus descubrimientos. Cree que “probablemente, es un tratado sobre la naturaleza, tal vez en un lenguaje asiático o de Oriente Medio”. El año pasado se confirmó que el manuscrito cumple con la ley de Zipf: en las lenguas humanas la palabra más frecuente en una gran cantidad de texto aparece el doble de veces que la segunda más frecuente, el triple que la tercera. Y así. Pero más interesante es pensar en un autor que hizo lo que muchos dicen: escribió para sí mismo. Más interesantes son las lecturas del libro, hasta ahora, ilegible: abismó a muchos en un tornado de interpretaciones. Se ha dicho que el autor era Roger Bacon, un filósofo empirista inglés del siglo XIII. John Dee, un matemático y astrólogo de la corte de Isabel I de Inglaterra, que se lo habría vendido a Rodolfo II de Bohemia en el siglo XVI. Edward Kelley, el asistente de Dee, que decía comunicarse con los ángeles y poder convertir el cobre en oro, y a quien también se le adjudica la autoría del manuscrito, que en ese caso no tendría otro fin que estafar al rey bohemio. Jacobus Sinapius, el médico y herborista del emperador Rodolfo. Johanes Marcus Marci, ya en el siglo XVII, un erudito que, aparentemente, quería que la Universidad no fuera dominada por la Iglesia: lo habría escrito para desacreditar a su enemigo clerical, el criptólogo Athanasius Kircher. Raphael Missowsky, un amigo de Marci que habría inventado un código indescifrable con, es claro, un éxito rotundo. El arquitecto Antonio Averlino “Filarete”, que trabajó para los Sforza en el Renacimiento e inventó un sistema de cañerías de terracota y amplió el castillo de la poderosa familia de Milán: dos dibujos del manuscrito parecen representarlos. Despedido por Sforza, Filarete se empobreció y el libro sería un cifrado para vender sus saberes al imperio otomano, traición que podía castigarse con la muerte. Se ha dicho que el libro es un herbario. Un manual de alquimia. Un libro de astrología. Que uno de los dibujos es la galaxia Andrómeda, que sólo hace pocos años pudo ser fotografiada. Que otro se asemeja a células vistas con un microscopio. Que revela la existencia de las supernovas y de la energía nuclear. Que sería un engaño perpetrado por el mismo Voynich para vender su libro carísimo. Es el libro que usa Indiana Jones para buscar la piedra filosofal. Es parte de la serie Assassins Creed. Y el motivo de una hermosa novela de Daniel Guebel, El Caso Voynich, que cuenta la historia de las obsesiones que despertó el manuscrito, comparables a las de de “El zahir”, esa moneda de 20 centavos que le dan a Borges, en el cuento el personaje se llama así, cuando paga una caña en un almacén. Al día siguiente Borges, el personaje, la entrega a cambio de, sí, otra caña; parece poca cosa para un cuento, pero no: la cuestión es que esa moneda es un zahir, un objeto que se apodera de la mente de las personas hasta dejarlas completamente llenas y vacías: con el zahir como único objeto. Guebel construye, entre ficción y documento, una historia fascinante del Voynich, ese zahir hecho de signos y dibujos raros con piel de oveja. por Gabriela Cabezón Cámara Fuente: 

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Diario Clarín 7/3/2014

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