Tras la reestatización, crece el interés por coleccionar viejos objetos de YPF

Desde antiguos carteles y surtidores hasta cascos de trabajadores petroleros y camioncitos de lata con el característico logo, quienes los comercializan dicen que «tienen un plus, están identificados con lo nacional, son como una bandera». Sólo en el sitio MercadoLibre se ofrecen más de 800 artículos relacionados con la historia de la petrolera argentina.

La renacionalización de YPF, hace poco más de dos años, pareció renovar la identificación de la empresa con «lo argentino». Y ese sentido de pertenencia se refleja en el ansia de los coleccionistas y, del otro lado, en la oferta creciente en la web de antiguos objetos de la compañía petrolera, desde camiones de juguete hasta viejos surtidores, todos con la impronta del símbolo casi mítico que reúne las tres letras que para cientos de miles de personas fue (y sigue siendo) sinónimo del desarrollo nacional. Veinticuatro mil pesos. Eso pide un usuario de MercadoLibre por una réplica de camión cisterna de YPF, de los años ’30, verde claro, de chapa. «Es un Matarazzo original, en perfecto estado, y funciona la cuerda», subraya su dueño, residente en La Tablada. Internet es el sitio elegido por los coleccionistas y comerciantes para exponer sus objetos preciados de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Otro vendedor, de General Villegas, provincia de Buenos Aires, ofrece uno similar, pero a 10 mil pesos. Desde MercadoLibre indicaron a Tiempo Argentino que actualmente tienen más de 800 ofertas de objetos de YPF, publicadas en los últimos dos meses: «Casi todas datan de abril de 2014, antes no había mucho; hay un movimiento importante de este tipo de objetos en estos meses.» Aún hoy los antiguos «ypefianos» recuerdan la frase típica que se decían: «Todos los caminos conducen a YPF».Fabián y Gustavo Celedoni atienden un negocio de compra y venta en San Telmo llamado Volver Antigüedades, que heredaron de sus padres en 1982. Entre los objetos que ofrecen figuran dos camiones Matarazzo de YPF que repartía la Fundación Eva Perón. Son de 1947. Uno cotiza en 6000 pesos; el otro, que aún conserva parte de la estampilla de la Fundación «a los descamisaditos», en 10 mil. «Es una figurita difícil, se lo adquirí a un coleccionista de juguetes y del peronismo», remarca Gustavo. A diferencia de otros, «tiene un plus –sostiene– porque YPF es como Aerolíneas, es nuestro, es una bandera». José María, de Luján, vende un «antiguo y único embudo metálico original de YPF», a $ 1300. Un rosarino ofrece a $ 1500 un cartel de hierro de la compañía de 55 centímetros de ancho, celeste y blanco, «con todas las letras negras sobre relieve», según describe. Por un viejo casco petrolero, similar a los que usaban los operarios del equipo Patria en el desarrollo del Pozo 1, en Plaza Huincul, hay que abonar 650 pesos. Por otro de aluminio con aro de apoyo de cuero y lona, de Campo Durán, en Salta, de los años ’50, $ 590. Una perlita en la web es una bocha de surtidor antiguo realizada en fibra de vidrio, original de Comodoro Rivadavia. «Tiene 40 centímetros de ancho y 41 de alto. Pertenecía a una de las primeras agencias YPF del país», afirma el propietario, que la tasó a 4900 pesos.  La nostalgia, lo original, el contexto, inclusive la militancia, influyen a la hora de volcarse a estos sitios y adquirir un elemento de YPF, aun cuando haya que desembolsar miles de pesos. De todos modos, como esgrime Celedoni, «una cosa es cuánto pedís y otra a cuánto lo vendés». Por 2000 pesos se encuentra en MercadoLibre un libro con encuadernación de tela que data de 1951 y que a lo largo de 384 páginas narra la historia del cincuentenario del petróleo en Comodoro Rivadavia. En el pozo Nº2 de esa localidad chubutense se erige el Museo Nacional del Petróleo. Allí fue que surgió por primera vez el «oro negro» en la Argentina, el 13 de diciembre de 1907, a casi 540 metros de profundidad. Por sus 10 mil m2, es el museo del petróleo más grande de Latinoamérica; sólo existe uno similar en Texas, Estados Unidos. Y se han iniciado gestiones para que lidere, desde Internet, una red mundial de museos dedicados al petróleo. Creado en 1987, lo administra la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, y hoy está siendo remodelado en el marco del programa «La Universidad con YPF», con vistas a su reinauguración. El licenciado en Museología Carlos Fernández Balboa, encargado del rediseño, habló de la idea de «construir una narración con un montaje dividido en cuatro sectores representativos de la historia del petróleo, tanto en lo técnico como en lo sociocultural: el recurso, la tecnología, el hombre petrolero y el petróleo en la vida cotidiana». En la investigación encontraron, por ejemplo, que Jorge Newbery fue uno de los principales estudiosos del tema petrolero en sus inicios, y que Lola Mora invirtió dinero en pozos salteños; una «impresionante» maqueta alemana mostrando un barco petrolero hecho a escala de uno en 100 mil, los facsímiles del telegrama en el que se anuncia el descubrimiento del petróleo, los legajos del general Enrique Mosconi, y cientos de fotos de los trabajadores en mameluco o trabajando la nieve. «Para un grupo de gente, YPF es el leitmotiv de su vida; hasta los ’60 o ’70 era el almacén de ramos generales, la escuela, el club social. Es el recuerdo de lo que fue, para que siga estando vivo, y hay una fuerte añoranza de que ese momento vuelva. Con la restitución de la empresa al Estado, se reavivó esa mística», sostiene Balboa.  Aún hoy los antiguos «ypefianos» recuerdan la frase típica que se decían: «Todos los caminos conducen a YPF». Tan fuerte fue la presencia de la petrolera en la sociedad, que le dedicaron un par de tangos. Uno, titulado «YPF», con letra de César Gomila y música de Julio De Caro, expresa: «En un lejano rincón/ de nuestro suelo generoso como el sol,/ gauchos y gringos de acerado corazón/ buscaban agua dentro de la tierra./ Mezcla de esfuerzo y azar,/ aquel desierto del agreste matorral,/ el desolado y cruel lugar/ se vino a transformar/ en la riqueza nacional». «Un mercado vintage» «Con la renacionalización van a aparecer cada vez más coleccionistas de YPF, se va a generar un mercado vintage», augura Gustavo Celedoni, vendedor de dos camiones de juguete de YPF de los años’40, a unos 6000 pesos. Si el camioncito conservara su caja original, valdría más. Si tiene la boleta de compra, el precio sigue aumentando. Los hermanos Celedoni aún recuerdan la cosa más preciada de YPF que no pudieron conseguir. Fue en un remate en Dolores, hace un par de años. Había un cartel redondo enorme, enlozado, con las siglas clásicas en negro de la empresa, y debajo, el logo de un surtidor: «Lo pujamos con otro comerciante, pero él terminó ofertando casi 7000 pesos. Era demasiado.» «Coco» Briceño, jefe de perforación y coleccionista José Aníbal «Coco» Briceño podría ser el personaje de una publicidad de YPF. Nació en un hospital de la empresa, en Plaza Huincul, donde trabajaba su padre. Luego de la muerte de su padre, ingresó a trabajar allí su madre, porque a las viudas les daban esa posibilidad. Coco entró como mecánico en 1972, a los 20 años, y llegó a ser jefe de perforación, pero fue uno de los 3800 trabajadores petroleros de la zona que se quedaron sin empleo con la privatización de los ’90. Tal era su añoranza por YPF que en 1992 consiguió recuperar la torre de 30 metros de un equipo de perforación abandonado en un campo, y lo transformó en el Monumento al Hombre Petrolero, a la vera de la Ruta 22, donde cada 13 de diciembre él y sus antiguos compañeros conmemoran la actividad petrolera. En la escultura hay dos hombres: el de la primera camada, mirando alto al futuro; y el de la última generación, con la cabeza gacha «porque luego no se pudo cumplir con el objetivo de nuestros viejos», relata hoy a Tiempo Argentino, aunque acota, esperanzado: «Volver a YPF sería mi sueño. Es un sello que llevo en mi vida.» Pero Coco ostenta otro título: es el mayor poseedor de objetos de YPF de todo el país. Más de 100 elementos, entre fotos, cartas, cascos, faroles y patentes, el libro de parte diario del Pozo Nº 1, el teléfono de pared Siemens antiexplosivo que usaban en las plantas de gas y dos banderas originales de la firma estatal que flameaban en las perforaciones. «Aún hoy –sostiene– se pueden encontrar tirados en los campos cientos de piezas que pertenecieron a los pozos de YPF, incluso las cigüeñas de bombeo.» Briceño es la contracara del mercado “vintage”, no quiere vender su colección. Todo lo contrario: ansía construir un museo en su propia casa. por Gustavo Sarmiento  En La Plata, un museo interactivo Dentro del Complejo Industrial La Plata, en Berisso, funciona desde hace pocos años el Museo Interactivo del Petróleo y del Medio Ambiente, que muestra las distintas etapas de la industria del petróleo a través de salas interactivas. Las visitas están destinadas a colegios secundarios. Por otra parte, existe la muestra itinerante «Reviví la historia, conocé el futuro, YPF sos vos», que se enmarca en el programa «La Universidad con YPF». Distintos paneles permiten observar desde la aparición del petróleo en 1907 y la creación de YPF, en 1922, hasta la privatización de las empresas públicas y el camino desde la extranjerización hasta la reciente recuperación de YPF por parte del Estado. -El casco de aluminio de un trabajador petrolero proveniente de un pozo de Campo Durán, en la provincia de Salta. Tasado en $ 590. -Un antiguo embudo de metal para lubricantes con el logo de Yacimientos Petroleros Fiscales. En el sitio de compra y venta MercadoLibre piden por él 800 pesos. -Un viejo globo de surtidor originario de Comodoro Rivadavia. Con 40 centímetros de alto, perteneció a una de las primeras agencias del país. Precio: $ 4900. -El surtidor de metal y plástico utilizado a fines de los ’80, que expendía nafta súper. «Importe», «Litros», «Precio», las leyendas habituales. Su dueño pide $ 2700. -Un viejo número de la revista Olimpia de inicios de la década del ’50. En la portada, Juan Manuel Fangio. Pintado en su auto, el sponsor es YPF. Precio: $ 100. -Según su dueño, el cartel pesa 16 kilos, y estaba en el frente de una vieja estación de servicio de YPF. Pide $ 790. Por un cartel de chapa con el logo, algo menos: $ 105. -Por el camión cisterna de chapa Matarazzo, regalo habitual de la Fundación Eva Perón para los chicos, con el logo de YPF, se piden hasta $ 24 mil. Fuente: 

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Diario Tiempo Argentino 30/6/2014

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