Traducen las cartas de un amor imposible

El aún joven y pobre autor quiso a una niña rica. Los separaron y volvieron a verse 20 años más tarde.

Charles Dickens tenía un corazón que no sólo latía ante la injusticia. La que se está publicando en estos días en España, por primera vez en castellano, es la historia de un amor que bien podría haber escrito el inglés, uno de los escritores más famosos de la historia. El título es claro: Dickens enamorado (Forcola Ediciones).

Seguramente usted recuerda David Copperfield y Oliver Twist : esas novelas enormes y serias, –que relatan las vidas tremendas que llevaban los chicos proletarios en la Inglaterra victoriana– y que no sólo se reeditan constantemente, también fueron llevados al cine y a la televisión.

Bueno, de ese señor de vida complicada y que señaló la injusticia hasta el hartazgo se trata esta nota –como se van a tratar muchas de las que saldrán en las secciones de cultura de los diarios los próximos días: el 7 de febrero se cumplen 200 años de su nacimiento. Habrá festejos en en Londres, donde vivió y además el escenario por excelencia de sus ficciones. Y también acá (ver recuadro).

Ahora vamos a la historia. Dickens fue un niño trabajador y después un joven pobre, una cronología más que esperable. El la rompió en la adultez, cuando se convirtió en uno de los autores más famosos y vendedores del mundo.

Dickens enamorado cuenta la historia de amor a través de la correspondencia del joven autor y María Beadnell, hija de un banquero. Parte de unas cartas reunidas en un libro que George Baker, un catedrático de Literatura inglesa de Oxford, editó en 1908 para la Sociedad Bibliófila de Boston.

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Su amor siempre permaneció en penumbra; primero por la familia de ella que censuraba la relación, después por el amigo y biógrafo de Dickens, John Forster, y hasta por el propio autor a pesar de la importancia que dio a este amor, primero de juventud, y luego de relación epistolar cuando ambos ya estaban casados.

A pesar de que no hay una autobiografía del gran escritor, el propio Dickens confiesa a María en una de las cartas que recoge este libro: “Hace algunos años (justo antes de David Copperfield ) comencé a escribir mi biografía, con la pretensión de que alguien encontrara el manuscrito entre mis papeles cuando el tema de su objeto llegase a término”.

“Pero -continúa- a medida que me acercaba a esa parte de mi vida (la historia de amor de ambos) me faltó valor y prendí fuego a lo que quedaba”. Una pira que se produjo en 1860, como recuerda a Efe la experta y traductora encargada de la edición del libro Amelia Pérez de Villar.

El libro recoge en su mayoría misivas entre 1830 y 1833. Una historia que parece que aquí acaba, ya que los Beadnell enviaron a María a París para que olvidara al joven entonces periodista y aprendiz de escritor porque no era ni banquero ni hacendado.

Pero esta relación tiene una segunda etapa, 23 años después, con el periodo de cartas más interesantes, y ya con un Dickens casado con nueve hijos y convertido en un escritor consagrado. Una relación que se desarrolló a lo largo de unos meses de 1855. Durante este año tuvieron un encuentro con sus respectivos cónyuges, y la decepción de Dickens fue tal que parece que la que fuera su amor de juventud le inspiró después el personaje de Flora, la gorda y parlanchina de La pequeña Dorrit.

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“He querido enfocar el libro -explica la editora- como el Dickens menos conocido, el de su faceta amorosa, y no solo con María, sino con otras mujeres, incluso con las hermanas de su mujer, Catherine Thompson Hogarth, con las que tuvo una relación intensa, pero sin sexo”, contó Pérez de Villar. Y remató:“El escritor inglés era un hombre muy serio, muy especial, cuyas relaciones estuvieron marcadas también por la que tuvo con su madre, algo ambigua porque el nunca olvidó que fue ella quien quiso que trabajara en una fábrica de betún para ayudar a la familia, y que fue su padre quien lo retiró para que siguiera estudiando.
 

Fuente: 

Diario Clarín 27/1/2012

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