Tradiciones gauchas con origen extranjero

Se suele decir que el gaucho es, en su origen, “mezcla de indio con español”. Aunque podemos considerarlo correcto, es indudable que ambas vertientes no incluyen una sola cultura. “Indio” debe recordarnos distintas etnias del Litoral, la pampa y la Patagonia y las de las sierras subandinas y los Andes. En cuanto a “español”, al menos en la etapa de la Conquista, incluyó tradiciones tan diversas como las visigodas, celtas, vascas, moras y árabes, solo por mencionar algunas. Pero aún más, no puede olvidarse que la península ibérica se encuentra sobre el Mediterráneo, que desde la Antigüedad fue escenario de una “globalización” por sucesivas migraciones, invasiones, guerras y el comercio. Es por ello que muchas de nuestras tradiciones tienen procedencias sumamente curiosas. Veamos algunas.

 Las riñas de gallos llegaron de la mano de los españoles para divulgarse en toda América. Sin embargo, existen registros de su práctica hace más de 2500 años en la China, y evidencias de su existencia en la India incluso unos mil años antes. El juego del pato se practicó desde fines del siglo XVI en el Río de la Plata, aunque con características distintas respecto del actual. En sus inicios se trataba de una simple y violenta disputa por el animal, de la que participaban un número indefinido de gauchos. En esa medida, es notable su similitud -y tal vez parentesco- con el juego nacional afgano denominado buzkashi, que se cree originario de Uzbekiztán. Se trata de una contienda entre varios jinetes, en dos equipos, por un carnero degollado, con el que se debe llegar a una meta establecida. La ginebra, bebida favorita del paisano, es de origen holandés. Se la fabrica con cebada, bayas de enebro y cardamomo. La cebada se cultivó por primera vez en el antiguo Egipto. El enebro es una conífera distribuida en gran parte del Hemisferio Norte, mientras que el cardamomo es una hierba que se cultiva en la India. Pero si la que se consumía en el Río de la Plata en el siglo XIX contenía quinina (como la que los ingleses exportaban a la India), sería un buen ejemplo de una globalización que entonces sí incluyó a nuestro continente, ya que este alcaloide se obtiene de la quina, planta andina que los españoles llevaron al Viejo Mundo cuando advirtieron que era eficaz contra la malaria. En 1926 Ricardo Güiraldes contó en su Don Segundo Sombra el relato tradicional conocido como “El herrero y el diablo”, que ofrece una explicación del porqué de la pobreza en el mundo. También es consignado en el folklore de países remotos: en Rusia, por ejemplo, se lo cuenta bajo el título Los tres deseos. Como se ve, cuando se habla de “cosas muy nuestras”, no necesariamente se tratan de nuestra invención ni exclusividad; sí de adaptaciones o formas de uso que las hacen genuinamente criollas. por Oche Califa Fuente: 

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 Diario La Nación 14/7/2012

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