Todas las vidas de un ícono

John Lennon (Anagrama), una nueva y controvertida biografía del líder beatle, explora las aristas menos conocidas de una vida tan creativa como agitada; aquí, un fragmento sobre su casamiento con Yoko Ono, preludio de la separación de la legendaria banda.

Por Philip Norman

Desde Sgt. Pepper y la India, John había probado diversas combinaciones de pelo facial. Ahora se había dejado una barba larga y tupida, curiosamente similar al disfraz que luciera, de broma, en Help! El efecto que producía era transformar aquel rostro que nunca parecía estar del todo serio en uno que sólo era eso. Enmarcada por una melena hasta los hombros, le confería una expresión de pena, de tragedia permanente, como un Cristo estilizado de la imaginería religiosa de su infancia (aunque bastaba con que abriera aquella boca bien rodeada de pelos para que al instante resucitase el John de toda la vida).

Con Yoko estaba descubriendo una nueva forma de actuación en público, despertando reacciones muy diferentes de los chillidos gozosos y acríticos de las fans que tanta rabia le daban. Los dos juntos habían debutado en la “Boda Alquímica”, una fiesta de Navidad para toda la vanguardia artística que tuvo lugar en el Royal Albert Hall el 18 de diciembre.

Aparecieron en escena los dos juntos dentro de un gran saco blanco sin hacer ningún sonido pero retorciéndose como de dolor con mucho brío. Era el concepto yokiano del “Saquismo” inspirado en una frase de El principito , la novela de culto de Antoine de Saint-Exupéry: “Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos.”

Estuvieron completamente visibles en un festival de música experimental que se celebró en un colegio mayor de Cambridge el 2 de marzo. Yoko ocupó el proscenio gritando y lamentándose como recordaba haber oído a la servidumbre de su familia una vez que comentaban los horrores del parto; mientras, John estaba detrás de ella, en la sombra, improvisando acordes en una guitarra con un fuerte feedback . Toda aquella pretenciosa gente de Cambridge se sentía tan ofendida y escandalizada al descubrir entre ellos a una estrella rockera como los fieles de los Beatles lo habían estado con Yoko.

El 12 de marzo Paul se casó con Linda Eastman en el Registro Civil de Marylebone de Londres entre escenas histéricas de tragedia de sus fans femeninas. No asistió ninguno de los otros Beatles. John y Yoko recibieron la noticia cuando iban en coche hacia Poole para visitar a la tía Mimi. El divorcio de Yoko había recibido la sentencia definitiva unas semanas antes y, como renaciese el espíritu del mono de imitación beatle, John le dijo que también ellos tenían que casarse lo antes posible.

Al principio a Yoko no le entusiasmaba nada la idea. “La verdad es que ninguna de las dos veces anteriores me quería casar de verdad”, rememora.

“Simplemente me vi metida en ello. Tener un hijo tampoco fue algo que yo quisiera, todo fue cosa de Tony [su anterior marido]. Y no me gustaba especialmente la idea de limitarme otra vez a un solo tío. Y no podía quitarme de la cabeza aquel extraño temor a que si seguía con John nos esperaba alguna tragedia terrible.”

Consiguió que aceptase tras prometerle que, al contrario que la de Paul, su boda sería una ceremonia de lo más rápida, sencilla e íntima. Para realizar su plan inicial tuvo que dar gracias a haberse criado en un puerto de mar y a su conocimiento de los poderes de los que está investido un capitán de barco. “Cuando íbamos a casa de Mimi, John abrió el panel de separación y me dijo que quería que los casase en alta mar el patrón de un barco”, recuerda su chófer, Les Anthony. “Me dijo: ´¿Puedes meternos en algún barco, Les? No me importa adónde vaya. Y no le digas nada a Mimi´.” Mientras la pareja estaba en casa de Mimi, Anthony fue a la cercana Southampton, y encontró que había un crucero de la P & O Line que zarpaba para las Bahamas esa tarde a las ocho. “Sácanos el billete”, le ordenó John. Pero a esas horas las oficinas de la P & O ya habían cerrado hasta el día siguiente.

Pero entonces John pensó que cualquier capitán de barco debía tener potestad para celebrar matrimonios, incluidos los que mandaban los ferries que navegaban rutinariamente por el Canal de la Mancha haciendo el enlace con el continente. Así que Yoko y él se fueron a toda prisa a Southampton en el coche y trataron de hacerse con unos pasajes a Francia en un ferry de la Sorensen Line con idea de localizar al patrón y convencerlo de que los casase tan pronto la nave saliese del puerto. Pero en el pasaporte de Yoko había alguna irregularidad y no pudieron adquirirlos.

La cosa resultaba doblemente mortificante porque cuando Paul había ido a Francia dos años antes para rodar “The Fool on the Hill” para Magical Mystery Tour se había olvidado el pasaporte pero, aun así, le permitieron viajar.

Tras el fracaso de llegar a Francia como un humilde excursionista cualquiera, John dijo: “¡Al carajo!”, contrató un jet privado y se llevó a Yoko a París con la esperanza de encontrar bodas al minuto, allí o en cualquier otro sitio de Europa. Resultó que Peter Brown, el principal hombre para todo de Apple [la casa discográfica], estaba pasando ese fin de semana en Ámsterdam y, a petición de John, intentó arreglar una boda rápida allí mismo, pero se encontró con que las leyes holandesas exigían un mínimo de dos semanas de residencia en el país. Tras hacer más averiguaciones, les informó de que el único sitio de Europa en el que no existía ese tipo de regulación era Gibraltar, en la costa sur de España. Allí no solamente otorgaban licencias de matrimonio al momento, sino que además era posesión británica con una base militar. Así que para entrar en Gibraltar John ni siquiera necesitaba pasaporte.

El plan se mantuvo en secreto para todos los de Apple excepto Neil Aspinall. Sin que tuviera ni idea de por qué y bajo condiciones tan misteriosas como en una novela de capa y espada, enviaron en avión a Gibraltar a David Nutter, un fotógrafo que era hermano de Tommy, el chico que vivía con Brown. El 20 de marzo de 1969, John y Yoko, vestidos de blanco, hicieron el vuelo de tres horas desde París en un avión privado. Fueron directamente al consulado británico, donde el encargado del registro, un hombre mayor llamado Cecil Wheeler, los unió en matrimonio, con Peter Brown de testigo. David Nutter les sacó unas cuantas fotos rápidas en las escaleras del consulado, rodeados de todo el personal un tanto perplejo y a los dos solos en el exterior, con Yoko sujetándose el sombrero de ala ancha bajo el viento mediterráneo. En menos de una hora ya volaban de regreso a París para desvelar el secreto a los medios de comunicación de todo el mundo. John explicó que habían escogido Gibraltar porque era “tranquilo, inglés y acogedor […]. Intelectualmente ya sabíamos que el matrimonio es un teatro idiota, pero nos sentíamos románticos y gente de orden, además de enrollados y conscientes”. Mirando desde la ventana del hotel los carteles de anuncio del periódico francés que proclamaba la noticia a los cuatro vientos, Yoko se echó a llorar pensando que tal vez Kyoko [hija de Yoko], viese alguno parecido en inglés.

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La boda fue tranquila, pero el recibimiento muy distinto. Les Anthony los esperaba en París con el Rolls-Royce, y al día siguiente los condujo trescientos kilómetros al norte cruzando los Países Bajos hasta Ámsterdam, el lugar donde pensaban casarse en un principio. Allí despacharon a Anthony de vuelta a Inglaterra con el Rolls, tomaron la Suite Presidencial del noveno piso del Hotel Hilton y anunciaron que iban a realizar un bed-in por la paz, es decir, que permanecerían una semana sin levantarse de la cama. “Yoko y yo sabíamos que cualquier cosa que hiciésemos saldría en los periódicos”, explicó John posteriormente. “Así que decidimos emplear el espacio que íbamos a ocupar de todas formas y hacer un anuncio por la paz. Mandamos unas tarjetas con: ´Venga a la luna de miel de John y Yoko…´ Los de la prensa parece que se creyeron que íbamos a hacer el amor en público, porque como habíamos hecho un álbum donde salíamos desnudos, pues parece que pensaron que podía pasar cualquier cosa.”

Los cámaras y reporteros de todas las nacionalidades que tomaron por asalto la suite 902 se llevaron una sorpresa que les dejó boquiabiertos. En vez de encontrarse, como se esperaban, una bacanal desnuda, se encontraron a los recién casados sentaditos juntos y muy derechos en la cama de matrimonio, enfundados modosamente en sus pijamas y rodeados de flores y de pancartas que decían CAMA DE PAZ, PELO DE PAZ, AMO A YOKO y AMO A JOHN, y acompañados de Derek Taylor, vestido normal y haciendo de Mozo de la Alcoba. Con aquella tupida barba haciendo un tremendo contraste con la nítida blancura de su atuendo, John explicó sus razones. En vez de manifestarse y pelear al lado de la contracultura militante para hacer un mundo mejor, había decidido hacerlo “a la manera de Gandhi”, pero disponiendo de una capacidad para llamar la atención que el Mahatma nunca había tenido.

“Lo de hacer marchas estaba bien, era fantástico en los años treinta. Pero hoy se necesitan métodos diferentes, todo es vender, vender, vender. Si quieres vender paz tienes que venderla igual que el jabón. [Los medios de comunicación] salen con guerra cada día, no sólo en las noticias, también en las películas antiguas de John Wayne y en todas las malditas películas ves guerra guerra guerra, matar matar matar. Nosotros decimos: ´Tengamos un poco de paz, paz, paz en los titulares, sólo para cambiar un poco.´ […] Por razones que sólo ellos conocen, hay gente que publica lo que yo digo. Así que digo Paz…” Al lado de Gandhi, invocó a otro aliado espiritual, éste quizás aún más sorprendente. “Queremos que Jesucristo triunfe. Tratamos de hacer contemporáneo el mensaje de Cristo. ¿Qué habría hecho él si hubiera tenido anuncios, discos, películas, televisión y periódicos? Cristo hacía milagros para explicar su mensaje. Bueno, pues el milagro de hoy son las comunicaciones, así que usémoslas.”

Durante siete días la pareja concedió audiencia en aquel salón al modo dieciochesco; John hablaba prácticamente sin parar a las sucesivas tandas de entrevistadores o en conexiones de radio o televisión, con frecuentes intromisiones e interjecciones de Yoko. Hacían todas las comidas en la cama y sólo abandonaban aquel nido de almohadones bajo el ventanal panorámico para las abluciones más elementales o cuando las dinámicas camareras holandesas tenían que cambiar las sábanas.

En años posteriores, las estrellas del pop que hacían uso de su capacidad de ocupar los grandes titulares para predicar virtudes humanitarias, como Bob Geldof o Bono, por ejemplo, recibirían admiración y reconocimientos. El bed-in de John y Yoko en Ámsterdam: fue la primera vez que se hizo una cosa así, y pagaron el precio normal cuando se es un pionero. Los comentaristas de todo el mundo despacharon el asunto tachándolos con unanimidad de fatuos y de osados y, por encima de todo, de una suprema inutilidad. Pero el Mahatma en pijama se permitía disentir apasionadamente. “Las conversaciones de paz en Vietnam de París no han llegado casi ni a decidir la forma de la mesa a la que se van a sentar. Las conversaciones duran ya meses. Nosotros, con una semana en la cama, hemos conseguido un montón más […]. Una ancianita de Wigam, o de Hull, escribió al Daily Mirror para decir que a ver si podían ponernos más veces en la primera plana a Yoko y a mí. Dijo que hacía años que no se reía tanto. ¡Eso es fantástico! Eso es lo que queríamos. Quiero decir que es gracioso que dos personas que se van a la cama en su luna de miel salgan en la primera página de todos los periódicos durante una semana. No me importaría morirme habiendo sido el gran payaso del mundo. No ando en busca de epitafios” […].

Por libre de trabas que ahora pudiera parecer, John seguía atado al ciclo anual de la vida beatle, que con Apple seguía la misma marcha que bajo EMI. Primavera significaba un nuevo single , justo antes del álbum que marcaría el tono del verano para millones de consumidores. Pero el proyecto de Get Back no estaba en situación de satisfacer ninguna de esas dos demandas. Cuando las sesiones en el estudio del sótano de Apple se interrumpieron, ninguno de los cuatro -ni siquiera Paul- estaba por la labor de ponerse a revisar con George Martin aquellas cerca de treinta horas de cintas para ver de encontrar doce cortes utilizables. De modo que entregaron el lote completo a Glyn Johns, su ingeniero de los estudios Twickenham, para que él les diese la mejor forma que pudiera.

El single de los Beatles que se publicó el 11 de abril ofrecía dos de las canciones que habían interpretado en aquel concierto de mala gana al aire libre en la azotea de Apple. Ninguna de las dos daba indicios de que la banda buscase un estilo más sencillo, más “sincero”. La que se llamaba propiamente “Get Back” era una cara A muy a lo McCartney, pegadiza pero sin nada de valor, que hablaba de personajes de un pastiche de Oeste americano: Jojo y Sweet Loretta Martin. En la cara B, una canción de Lennon, “Don´t Let Me Down” (“No me falles”), que se dirigía directamente a Yoko con el compromiso total de un voto matrimonial suplementario: “Estoy enamorado por primera vez […] Es un amor que dura para siempre/ es un amor que no tiene pasado.”

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La azotea de Apple entró a trabajar de nuevo el 22 de abril para una ceremonia de reafirmación de su compromiso con Yoko. Allí arriba, entre las chimeneas de Mayfair y los arrullos de las palomas, y ante un fedatario público, renunció a su segundo nombre, el odiado Winston de niño de la guerra, y se convirtió en John Ono Lennon como paralelo a Yoko Ono Lennon. Después comentaría encantado que entre los dos juntaban ahora nueve letras “o”, su número de la suerte de toda la vida.

“La manera más fácil de decir lo que Yoko es para mí y yo para ella es que antes de conocernos éramos media persona. ¿Sabes? No es ningún mito eso de hablar de que las personas son una mitad y que su otra mitad anda por el cielo o el espacio o lo que sea o del otro lado del universo o lo de la imagen-espejo […] Nosotros éramos dos mitades y juntos somos un todo.”

En el cajón había otra canción de Lennon que todavía tenía menos que ver con el lugar del que una vez formara parte. Sus letras siempre habían sido como una especie de periodismo, y bebían tanto de un titular visto de pasada como del alma y el corazón. Así que entonces decidió presentar su propia versión de la historia que había sido pasto de la prensa durante ese mes anterior. El resultado fue “The Ballad of John and Yoko”, una muestra de reportaje teñida de sátira y dobles sentidos, estructurada como un cuento y con diálogos de pieza teatral. Relataba la odisea por Europa de la pareja desde estar “plantados en los muelles de Southampton” al vuelo a París y el descubrimiento que hizo Peter Brown de que podían “casarse en Gibraltar, al lado de España”; del Hilton de Ámsterdam y “charlar en nuestra cama durante una semana”, a Viena y a comer tarta de chocolate (la famosa y decididamente no macrobiótica Sacher Torte) “en un saco”. […] Nada de eso tenía que ver con los otros Beatles, pero aun así John seguía sin buscar otros colaboradores de estudio para realizar su folleto combinado de viajes y de relaciones públicas con grito de protesta añadido.

Sin embargo, en aquellos momentos, mediados de abril, George se había ido al extranjero, Ringo rodaba una película, Si quieres ser millonario no malgastes el tiempo trabajando , y sólo Paul estaba en Londres. A pesar de sus desavenencias en cuestiones de negocios, John le pidió ayuda para terminar y grabar “The Ballad of John and Yoko”. Y era una petición que Paul, pese a lo poco que sintonizaba con el tema tratado, no podía rechazar. John acudió a su casa de St. John´s Wood; comentaron la canción paseando por el jardín y luego fueron a los estudios Abbey Road, a la vuelta de la esquina, para grabarla. La montaron sobre un ritmo relajado y casi latino, dividiéndose entre ellos los papeles de los dos Beatles ausentes: John, la guitarra solista además de la voz principal, y Paul, la batería, además del bajo, el piano y las maracas. Al final el tema estuvo listo en una sola sesión de muchas bromas y mucho tomarse el pelo mutuamente sobre sus funciones de suplentes: “Un poco más rápido, Ringo”, gritó John en cierto momento. “Vale, George”, le replicó Paul.

De este modo, la canción que suponía la primera ruptura de John en busca de libertad, acabó firmada por Lennon y McCartney y salió a la venta en el Reino Unido como un single adicional de primavera de los Beatles, el 30 de mayo, con “Get Back” todavía en el número uno. Y de este modo, gracias a que la emparejaron con una canción corrientilla de George Harrison titulada “Old Brown Shoe”, el truhán se encontró con su primera cara A con la banda desde hacía dos años y con un éxito a ambos lados del Atlántico. Y así, también, resultó que pese a sus escapadas por camas y por sacos, los otros tres seguían apoyándole tan sólidamente como siempre.

© LA NACION

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John Lennon

Fuente: 

ADN Cultura 2/1/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue John Lennon:

(Liverpool, 1940 – Nueva York, 1980) Cantante y músico británico, fundador del mítico grupo The Beatles, un cuarteto que formó en la ciudad de Liverpool junto a Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr y que se ha convertido en una referencia indiscutible de la historia de la música moderna. John Winston Lennon nació en Liverpool el 9 de octubre de 1940, mientras los aviones nazis bombardeaban la ciudad. Su padre, llamado Alfred, era un marino que visitaba poco el hogar, hasta que desapareció por completo. Luego fue su madre, Julia Stanley, la que desapareció, dejando el niño al cuidado de una hermana suya llamada Mary.

John Lennon

Fue ella quien enseñó a John los primeros acordes en un viejo banjo del abuelo de éste. Liverpool era entonces una ciudad portuaria que se hallaba en plena decadencia. Con una población heterogénea, la vida allí no deparaba grandes alegrías. Sin embargo, el constante trajín originado por el tráfico marítimo también tenía sus ventajas: en el equipaje de los marinos procedentes del otro lado del océano llegaban abundantes discos de country y rhythm and blues, que se incorporaban inmediatamente a la innata afición de los liverpoolianos por la música.

John creció escuchando discos de Little Richard, Chuck Berry, Ray Charles y Buddy Holly, ilustres representantes de las corrientes musicales de aquella época. Durante unos años estudió en la escuela de Bellas Artes y al cumplir los quince resolvió sus dudas entre la pintura y la música a favor de ésta última. En 1956 conoció a un muchacho que, como él, sólo se sentía plenamente realizado con una guitarra en las manos: James Paul McCartney. Con Paul formó su primer grupo amateur, The Quarrymen, dando comienzo a un período de aprendizaje acelerado de los ritmos del rock and roll.

John y Paul se dedicaron a componer sus propias canciones como si se tratara de un entretenimiento. Dos años después se les unió George Harrison y se atrevieron a actuar en algunos pequeños locales. Se denominaron sucesivamente Johnny and the Moondogs y The Nurk Twins. Fueron tiempos difíciles: la madre de John murió en 1958 atropellada por un policía borracho franco de servicio y el escaso peculio del muchacho desapareció por completo. A lo largo de 1959, John buscó trabajo infructuosamente y vivió como un parado más. Pero su vitalidad, su juventud y su amor por la música hicieron que no perdiese la esperanza.

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A principios de 1960 el grupo renació con el nombre de Long John and the Silver Beatles, prolijo nombre que se redujo a The Silver Beatles antes de quedarse en The Beatles. El término provenía de un juego de palabras inventado por el propio Lennon: el grupo de acompañamiento de Buddy Holly se llamaba The Crickets (saltamontes) y John se inspiró en ellos para mezclar el término musical beat, característico de toda una generación, y la palabra beetles (escarabajos).

Los Beatles

John, Paul y George, junto con algunos músicos profesionales, iniciaron una gira por Escocia como acompañantes de Johnny Gentle, un cantante de segunda fila. También pusieron fondo musical a los movimientos de una bailarina de strip-tease y aceptaron viajar a Alemania para tocar en varios locales del barrio chino de Hamburgo. Cualquier cosa era mejor que buscar algún trabajo, aburrido y mal remunerado, en Liverpool. Más tarde, de vuelta a su ciudad natal, se convirtieron en el grupo habitual de The Cavern, club subterráneo donde pudieron exhibir las tablas adquiridas durante sus peculiares giras.

En 1961, el propietario de una tienda de discos llamado Brian Epstein los descubrió en ese antro. Fue una revelación; aunque no tenía ninguna experiencia en ese terreno, Epstein se ofreció como mánager a cambio de un 25 por 100 de los ingresos. A partir de ese momento, la carrera de los Beatles se disparó hacia el éxito. Con la incorporación como batería de Ringo Starr en 1962, el grupo ya estaba completo y preparado para hacer frente a lo que se avecinaba: la más loca vorágine de triunfos y gloria.

Sus canciones, editadas por el sello EMI, empezaron a copar las listas de superventas. Los conciertos de los Beatles provocaban escenas de histeria entre las groupies y la policía se veía incapaz de contener a la juvenil masa vociferante. La “beatlemanía” se difundió por Europa, luego por Estados Unidos y más tarde llegaría al resto del mundo, incluidos los países socialistas.

Las piezas de los Beatles, compuestas en su mayor parte por John y Paul, se caracterizaban por los hallazgos melódicos y armónicos, dentro de lo que después se ha llamado el “sonido Liverpool”. Además, los miembros del grupo se distinguían por un nuevo estilo en la indumentaria y el corte del cabello y por una actitud alegremente desafiante, protagonizada en especial por Lennon: en las conferencias de prensa y las entrevistas, aquellos muchachos tomaban el pelo a sus interlocutores y se manifestaban como tipos ingeniosos, divertidos y despreocupados.

McCartney era el apuesto romántico, Harrison el serio y Ringo el gracioso de la banda. En cuanto a Lennon, ejercía de rebelde con inquietudes y era sin duda el más incisivo. Después de ser nombrados, en 1965, Caballeros de la Orden del Imperio Británico, John desencadenará una escandalosa polémica con una de sus célebres frases: “Los Beatles son más populares que Jesucristo”. Éxitos, drogas, disputas y reconciliaciones se sucederán a lo largo de los años sesenta. Y también películas, entre otras A hard days night y Help!, ambas dirigidas por Richard Lester.

Brian Epstein falleció en 1967 por sobredosis de barbitúricos. Lennon contrajo matrimonio en Gibraltar al año siguiente con la japonesa Yoko Ono, enigmática mujer cuyo nombre significa “Hija del Océano”. Ambos hechos fueron jalones de una separación anunciada. Problemas financieros, celos artísticos entre John y Paul, deseos de crear sin el lastre de acomodarse al grupo… todos estos elementos decretaron la disolución del conjunto en abril de 1970. Lennon pronunciará el epitafio del grupo y de la llamada “década prodigiosa” con otra frase escueta y expresiva: “El sueño se ha acabado”.

A lo largo de los años setenta, mientras sanan las heridas de la ruptura con la reconciliación pública de John y Paul, circulará periódicamente el rumor de una próxima reunión. Varios empresarios llegarán a ofrecer sumas fabulosas para congregarlos en un escenario, pero todo será en vano: cada uno vuela por su cuenta, libres ya del yugo de los Beatles. Para Lennon, los años setenta iban a ser de una enorme vitalidad. Por un lado, se convirtió en un activista del pacifismo. Las fotos de su luna de miel en la habitación de un hotel de Amsterdam, donde aparecía desnudo con su esposa en un gesto de elemental naturalidad, dieron la vuelta al mundo.

Con Yoko había formado la Plastic Ono Band y con ella publicó una docena de discos de larga duración. Su talento como compositor y letrista siguió manifestándose en temas como “Give peace a chance”, “Power to the people” o “Some time in New York City”. Pero su éxito indiscutible fue Imagine, un elepé intensamente personal, editado en 1971, que contenía la canción del mismo nombre cuyo texto llegaría a ser todo un manifiesto pacifista en aquella década conflictiva.

John Lennon y Yoko Ono

En 1975, cuando termine felizmente su batalla contra la administración del presidente Nixon empeñada en expulsarlo de los EE UU por “extranjero indeseable” y nazca Sean Ono Lennon, único hijo del matrimonio, John desaparecerá totalmente de la circulación y se dedicará a la vida familiar. Durante cinco años, sus comparecencias en público fueron escasas y extraordinarias. Parecía que ni una sola nota ni una palabra más iban a salir de su hasta entonces inquieto espíritu. Pero en 1980 el famoso beatle enclaustrado salió de su mutismo para grabar con Yoko el álbum titulado Double Fantasy. En él pregonaba su eterno amor por su esposa y su hijo con los simples y pegadizos estribillos de siempre.

En otoño de ese año, al explicar los motivos de su regreso a los estudios, Lennon aseguraba: “Hay gente irritada conmigo porque no hago música. Si yo hubiera muerto en 1975, sólo hablarían de lo fantástico que era y cosas así. Lo que les enfurece es que yo seguí viviendo y decidí que lo más importante era hacer exactamente lo que me apetecía. En estos cinco años de silencio he aprendido a librarme de mi intelecto, de la imagen de mí mismo que yo tengo. Las canciones que hago surgen de forma natural, espontánea, sin pensar conscientemente en ellas. En cierta forma, es como volver al comienzo. Tengo la sensación de que estoy ante mi primer disco.”

Días después, el 8 de diciembre de 1980, las balas asesinas de un adorador perturbado terminaron con su vida y lo convirtieron, si es que aún no lo era, en un dios de la modernidad. El escritor Norman Mailer afirmó: “Hemos perdido a un genio del espíritu”. Como reacción inmediata a su muerte, los seguidores de Lennon llevaron póstumamente “Imagine” al número uno de las listas. Nunca tal número de seres humanos habían llorado tanto al escuchar una canción.
Fuente: www.biografiasyvidas.com
     
     
     

 

 

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