Testigo clave: un ex guerrillero del ERP le responde a Videla y Menéndez

Desde Inglaterra, Carlos Moore desmiente en diálogo con Perfil.com las declaraciones de los militares. Habla del asesinato a policías.

Ampliar Carlos Raimundo «Charlie» Moore habla con conocimiento de causa. Este ex cuadro del ERP estuvo secuestrado desde noviembre de 1974 hasta finales de 1980 en el Departamento de Informaciones (D2), convertido por aquel entonces en el principal Centro Clandestino de Detención de la Policía de Córdoba. Ayer, mientras la justicia argentina sentenciaba a prisión perpetua al ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y al ex jefe del Tercer Cuerpo del Ejército Luciano Benjamín Menéndez, Moore seguía todo desde Inglaterra, lugar donde vive actualmente.

Testigo clave. Moore declaró el 11 de diciembre en el juicio y su testimonio fue clave, ya que pudo aportar nombres de implicados, reconocer rostros y confirmar fechas de torturas y desapariciones. «Estoy emocionado», dijo ni bien atendió el teléfono para hablar con Perfil.com. «El presidente del Tribunal condujo el juicio de forma impecable. Yo estoy en contra de linchamientos y venganzas. Han aplicado el codigo penal muy bien».

– ¿Qué opinión le merecen las declaraciones de Videla y Massera acerca de la guerra interna y la lucha contra la subversión?

– Videla está loco y Menéndez también. Primer punto, no hubo guerra interna. Que se amagaba a armar la bronca en el ’74 es una cosa. Pero en el ’75 la guerrilla ya estaba terminada. En Brasil [ni bien se fugó, viajó a ese país] me encontré con exiliados. El Operativo Independencia ya había cortado todas las líneas.

– Ellos hablan del peligro marxista…

– En Córdoba perdimos, entre asesinados y secuestrados, 300 militantes. La lista de desaparecidos era 3.000, entonces no se persiguió sólo a la subversión. No te perseguía por ideales, si no ¿dónde están los 2700 restantes? Barrieron con la JP (Juventud Peronista). Es decir, había montos y del ERP, pero también de otros partidos. La máxima era contra la JP.

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– Usted habla incluso de asesinato a policías (NdeR: Fue clave para saber quiénes habían matado al policía José Miguel Robles).

– Es así. Se venía el golpe y antes empiezan a matar policías. Eso yo lo vi, lo viví. En septiembre del ’75 liquidan al comisario general Simeon Alejandro Douglas. Más alto no podían ir. Él se oponía a la tortura. Sube una nueva cúpula en la policía provincial que, supuestamente, se iba a encargar de poner orden. Pero cuando suben estos nuevos «agentes» los robos se multiplican y muchos de esos policías aparecen implicados. Eran todos de la Triple A. Mire, yo por confirmar estas cosas recibí amenazas. En noviembre de 2006,  me llamaron desde Europa y me dijeron «disfrutá cada minuto, hora, semana de esta vida tan cortita». La segunda fue un mail de Brasil cuando confirmé que iba a declarar en la causa. Me dijeron que me iban a exponer con 17 fotos íntimas de los años que estuve secuestrado.

– Ahora que pudo ver que se sentenció a los culpables. ¿Qué es lo primero que se le viene a la mente de sus días dentro del D2?

– La impotencia que me daba todo alrededor. Era terrible. Ellos me consideraban muerto, entonces vi todo.

por Ramón Indart

 
 

Fuente: 

Perfil.com 23/12/2010

Informacion Adicional: 

Represión en Córdoba:

Si bien, a nivel nacional, la dictadura militar se instauró el 24 de marzo de 1976, en la provincia de Córdoba el año 1974 marca una inflexión. Una acción golpista, conocida como el “navarrazo”, derrocó al gobierno constitucional de Obregón Cano y Atilio López. Desde entonces las Fuerzas Armadas y de Seguridad conformaron un aparato represivo que actuaba orgánica y sistemáticamente para perseguir y aniquilar a la oposición política que comprendía un amplio abanico, desde peronistas a militantes comunistas, de estudiantes a obreros.  Este aparato represivo desarrolló numerosos dispositivos para instaurar el miedo y la desmovilización social. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que a partir de 1974, espacios como el Pasaje Santa Catalina, dónde funcionaba el Departamento de Informaciones de la policía (D-2), fueron preformas de centros clandestinos de detención. Los mismos pasaron a constituir una de las facetas más representativas y clandestinas de aquel sistema.
Estos lugares, que hasta el momento eran comisarías y dependencias policiales o militares, pasaron a ser llamados LRD (Lugar de Reunión de Detenidos) en la jerga militar y fueron transformando tanto su espacialidad como su uso con el correr de los años.  En sus instalaciones actualmente, encontramos escuelas, archivos y espacios destinados a la memoria. También nos topamos con viviendas de uso familiar o dormitorios de soldados. O simplemente, todavía, son comisarías y dependencias policiales.
Este período de más de tres décadas es difícil de reconstruir. El terrorismo de Estado no sólo desapareció a miles de personas, sino también se detuvo a desaparecer las evidencias de su accionar, transformando las estructuras edilicias dónde se secuestraba, torturaba y asesinaba. Estas transformaciones, fueron realizadas, mayoritariamente, para borrar evidencias. En menor medida, por el uso cotidiano de los espacios policiales y militares.

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Circuito de la represión
Los militares, civiles y policías que ejecutaron el terrorismo de Estado en la provincia de Córdoba, diseñaron un “Circuito del Terror” donde los C.C.D fueron eslabones de una maquinaria mayor que tenía una estructura vertical y muy organizada.  El III Cuerpo de Ejército se instituyó como la autoridad máxima de la represión. Por debajo se ubicaba el Destacamento de Inteligencia 141 “Gral. Iribarren” (donde actualmente se emplaza la “Ciudad de las Artes”), allí se albergaba la central de inteligencia, el “cerebro” del cual dependían cuatro secciones: Política (dedicada a la inteligencia); Calle (abocada a seguimientos, escuchas e infiltraciones); Operaciones Especiales (OP3) (que tenía base y administraba el CCD “La Perla”) y Logística (que proveía todo tipo de material para el funcionamiento necesario del accionar represivo y clandestino).
El circuito por el cual se detenía ilegalmente, se secuestraba, se torturaba para extraer información, se fusilaba y se desaparecían los cuerpos, fue completado con otras dependencias, muchas de ellas oficiales y legales. Las cárceles del Servicio Penitenciario de Córdoba y del resto del país, sirvieron para legalizar a muchos de los desaparecidos. En algunas oportunidades, también, fueron extraídos presos que estaban “legalizados”, para ser asesinados, generalmente, en enfrentamientos fraguados. Los cuerpos, de muchas de las víctimas, pasaron por el Hospital Militar, la Morgue Judicial y el Cementerio de San Vicente. Después de 30 años, se encontraron y restituyeron a sus familias, 14 cuerpos, identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Del mismo modo muchas de las comisarías de la capital y del interior provincial, como las de Unquillo y Salsipuedes, fueron utilizadas para albergar y desaparecer detenidos.

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 Fuente: Catálogo de Centros Clandestinos de Detención en Córdoba. Colección “Territorios de Memorias”. Centros Clandestinos, cárceles y sitios de memorias de la Provincia de Córdoba.
 
Fuente: www.apm.gov.ar
 

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