Tellechea descubrió un autorretrato desconocido de Joaquín Torres García

Dedicado a la conservación de obras de arte, el reconocido restaurador trabajaba con un cuadro del artista uruguayo, cuando descubrió en el reverso un trabajo ignorado de su juventud. Hoy será declarado Figura Destacada de la Cultura.

Domingo Tellechea, que hoy será declarado Figura Destacada de la Cultura por la legislatura porteña, no sólo borra de las obras de arte las marcas que les deja el tiempo y que comprometen su perdurabilidad. A veces, además, descubre tesoros escondidos. El hombre que en 1974 restauró el cuerpo de Eva Perón luego del largo período de ultrajes a que fue sometido, acaba de descubrir en el dorso de un cuadro del artista plástico uruguayo Joaquín Torres García, un autorretrato de juventud del que no se tenía registro. El descubrimiento se produjo mientras restauraba una conocida obra de Torres García, Dos figuras de  negros, que pertenece a un gran coleccionista brasileño de arte. Ambas pinturas, la conocida y la ignorada, ocupaban –cada una– una  cara del mismo cartón sobre el que habían sido pintadas. El autorretrato de Torres García había sido tapado por una gruesa capa de pintura blanca. Una vez descubierto, el problema que se presentaba era cómo separar el cartón para que la valiosa pintura descubierta cobrara independencia. No es la primera vez que Tellechea se enfrenta a este tipo de desafíos. Reconocido internacionalmente, ha restaurado obras de los artistas más prestigiosos, desde Van Gogh a Modigliani pasando por Picasso. En esta nota, el fundador del Museo de Cera de la Boca, del Primer Centro de Restauradores de Sudamérica, del Instituto Técnico de Restauración de Buenos Aires y del Instituto Técnico de Restauro de San Pablo, le cuenta a Tiempo Argentino cuáles fueron los pasos para separar las obras y liberarlas de las enfermedades que suele producirles el paso del tiempo. Además, ofrece generosamente los documentos gráficos de todo el proceso, para que este pueda ser seguido paso a paso.  –¿De qué modo descubrió que en el reverso de un cuadro de Joaquín Torres García estaba oculto un autorretrato del pintor de cuando era muy joven? –En este momento me encuentro restaurando la colección de un gran coleccionista brasileño de arte. En la colección hay diversas piezas muy valiosas. En cuanto al trabajo de Torres García, yo estaba restaurando una obra muy conocida de él, de 1928, que fue expuesta en muchas oportunidades. Por ejemplo, había sido expuesta en la Bienal de San Pablo. En ese momento Torres García formaba parte del grupo de pintores de París. Era uruguayo, pero trabajó mucho en el extranjero.  –¿Cómo se llama la obra que estaba restaurando? –Dos figuras de negros y mantuvo siempre el mismo nombre. Hay veces que los cuadros, al pasar de una mano a otra son rebautizados, pero no fue lo que ocurrió en este caso. Se trata de un óleo pintado sobre cartón, más bien pequeño, aproximadamente de unos 50 x 70 centímetros. El cartón era finito y estaba en muy mal estado por lo que la restauración iba a implicar necesariamente el refuerzo de ese soporte. De otra forma la pintura no iba a tener mucho tiempo de vida.  –¿Cómo llegó a darse cuenta de que en el reverso de esa pintura se ocultaba otra? –Lo primero que hago al comenzar un trabajo de restauración es quitar las sucesivas etiquetas que tiene el cuadro en la parte de atrás que acreditan dónde fue expuesto.  Al hacerlo con el cuadro de Torres García, percibo que debajo de esas etiquetas, es decir, en la parte de atrás, hay una textura que es propia del trabajo con pincel, pero estaba cubierta con una pintura blanca. Entonces saco la pintura superficial, que era una pintura de pared, gruesa y en ese momento me doy cuenta de que abajo había óleo. Hasta ese momento del trabajo no puedo percibir otra cosa, pero necesariamente tenía que saber qué es eso, si se trata de unas pinceladas sueltas que debía sacar o si era algo que debía dejar. En el caso de la restauración de un cuadro de Modigliani, por ejemplo, yo dejé el material con el que me encontré que consistía en cuatro caras, dos de ellas muy buenas, que eran un trabajo de ejercicio del pintor. Volviendo al cuadro de Torres García, como restaurador yo estoy obligado a tomar todos los recaudos, de modo que antes de decidir si dejaba o sacaba el material, le saqué una radiografía.  –¿Y cuál fue el resultado? –En este caso el resultado de la radiografía no fue muy bueno porque, como dije, el óleo estaba tapado con una gruesa capa de pintura de pared y tenía pegado hasta cemento. Por lo general las radiografías, que pueden sacarse con distinta intensidad para ver qué hay debajo, dan una información muy útil, pero en el caso concreto de Figuras de dos negros no me permitía saber más de lo que ya había averiguado mirando a través del pequeño agujerito que había hecho en la pintura superficial.  –Entonces tomó la decisión de ver qué había abajo. –Sí, al principio pensé que se trataba de un estudio incompleto, pero a medida que quitaba la pintura que la cubría, vi que en la pintura ya se insinuaba la estructura que caracteriza a las obras de Torres García, ya se insinuaba el constructivismo. Alrededor de la cabeza, como si fuera un aura, seguía la estructura, en algunas zonas con puntos abiertos y en otras con puntos cerrados. En realidad, toda la pintura estaba estructurada. Fue algo que me sorprendió mucho.  –¿De qué forma se dio cuenta de que se trataba de un autorretrato de Torres García? –En primer lugar me di cuenta de que en ese autorretrato ya se insinuaba el constructivismo. Luego, lo comparé con otros autorretratos, incluso con uno de su vejez, los parecidos son enormes y se manifiesta también la forma de estructurar característica de Torres García, aunque de manera diferente, a veces más disimulada. Pero aun viejo y con barba, su imagen remite a ese autorretrato de juventud. –¿Qué edad tendría Torres García cuando pintó ese autorretrato que estaba oculto? –Posiblemente unos 19 o 20 años.  –Usted logró separar las dos pinturas que estaban en un mismo cartón. Para alguien que no entiende de restauración, como es mi caso, parece algo mágico. ¿De qué modo lo logró? –Bueno, no es algo sencillo, requiere muchos estudios. En primer lugar, hay que mirar en el microscopio la fibra del cartón para saber qué fibra es la que se va a cortar. Esto es imprescindible para determinar cuáles son las posibilidades de tener éxito si la corto. El cartón tenía unos tres milímetros, de modo que no era mucho el margen que iba a quedar de cada lado. Por otra parte, mientras se separan los cartones hay que ir sacando lo que está podrido, de modo que lo que queda es menos de un milímetro para cada pintura. Por eso, primero me aseguré de poner a salvo el cuadro que me habían encargado que restaurara para después dedicarme al otro. No es que el cuadro peligrara, pero yo estoy obligado a tomar todos los recaudos para poder devolver la pintura en perfectas condiciones porque se trata de una obra de un gran artista y porque, además, no es de mi propiedad.  –¿Cómo se hace la separación? –Es un trabajo minucioso, que requiere mucho cuidado y que yo realizo con espátulas de diferentes tamaños.  –¿Cuánto tiempo insume esa operación? –Ese es un trabajo rápido. En dos días separé los cuadros. Lo que requiere mucho tiempo y trabajo es todo lo demás.  –¿Cómo es la técnica de separación concretamente? –En primer lugar el cuadro debe estar sobre una superficie fija, que acompañe su textura y sobre la que pueda apoyarme sin dificultad para comenzar a separar. Luego, hay que evaluar la flexibilidad del cartón. Para que el cartón no se quiebre, se utilizan cánulas de las que se usan para la lipoaspiración, se llaman cánulas de Klein. Son largas y finitas y tienen perforaciones laterales. Con esas cánulas humedezco el cartón luego de saber bien cuál es su estado. De este modo se evita que se quiebre. En este caso, el cartón se iba separando con facilidad, porque no era bueno, sino muy ordinario. Algo parecido pasa con algunas obras de Toulouse Lautrec que parecen hechas sobre cartón de envase para pizza. Es un trabajo muy manual, muy artesanal, que resulta difícil de explicar. Yo he ido documentando a través de fotografías toda la secuencia. En este caso había que calibrar muy bien el trabajo con la espátula, porque el cartón, como dije, era muy ordinario. –Es decir que Torres García pintó su autorretrato, luego lo cubrió con pintura de pared para que no se viera y dio vuelta el cartón para pintar del otro lado.  –Él pintó el autorretrato y luego cubrió el cartón con una pintura gruesa, esta pintura no estaba esparcida uniformemente en toda la obra. Yo digo que era de pared, pero no era látex, posiblemente era una pintura a la cal. Después pintó otro cuadro. De todos modos, el problema no era quitar esa pintura gruesa porque eso no es muy diferente de limpiar una obra que se ha ido ensuciando con los años. El problema aquí era separar el cartón de modo de separar también las pinturas. En partes el cartón se resistía y en partes no, por lo que había que prestar mucha atención. Además, estaba atacado de microorganismos, de hongos.  –No termino de entender de qué modo pueden separarse dos pinturas que están pintadas en un mismo cartón. ¿Cuál es el soporte de cada una cuando se las separa? –La pintura estaba hecha con óleo sobre una base. Esa base ya le daba más estructura al cartón. Luego de la base había óleo que refuerza la base. Separado el cartón con mucho cuidado, hay que fortalecerlo, hay que reponerle el espesor que se le quitó. Eso se hace con papel japonés. El tema aquí es que la superficie no era pareja porque en el proceso de separación yo había ido sacando grumos, partes podridas. Entonces, eso hubo que emparejarlo con un bisturí y en algunas partes hasta tuve que utilizar una lija muy fina. El cartón del autorretrato que estaba oculto quedó en el lado más delgado del cartón. En los lugares en que había hendiduras y faltantes hubo que hacer una suerte de «relleno» con pasta de papel, con carboximetil celulosa. Cuando el soporte del cuadro es mejor, sólo se usa metil celulosa. En restauración hay que ser muy preciso y medido, no hay que hacer cosas de más llevado por la idea de reforzar mejor, hay que poner lo justo. La metil celulosa pasa el papel japonés y queda integrada como si fuera parte del cartón. No son sustancias tóxicas. Incluso la metil celulosa se utiliza en algunos alimentos. En este caso, hubo que usar seis capas de papel japonés en una parte del cartón y cinco en otra. Luego hay que dejar secar  y ponerle  clotrimazol que es un antimicótico, para que quede libre de hongos. Es un trabajo que requiere una paciencia china.  –¿El cuadro que usted descubrió estaba catalogado, registrado de algún modo? –No, no se sabía de su existencia.  –¿Qué se hará ahora con la obra descubierta? –Tiene que ir a la familia de Torres García para que la certifique. Se trata de una obra valiosa porque es muy temprana, pertenece a un momento de la vida del pintor del que no hay mucha obra. Es muy anterior al cuadro que estaba del otro lado. En ese autorretrato aún no tenía barba. Era de cuando Torres García aún no era Torres García. por Mónica López Ocón Fuente: 

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 Diario Tiempo Argentino 13/11/2012

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