Su hemeroteca ya no llevará el nombre de un autor antisemita

Fue por pedido de diferentes organizaciones sociales. Se llamaba Gustavo Martínez Zuviría, un escritor que simpatizó con el Tercer Reich.

Del cartel de la Hemeroteca Nacional ya no cuelga el nombre Gustavo Martínez Zuviría. El titular de la Biblioteca Nacional, Horacio González, anunció el lunes que el archivo de publicaciones pasó a denominarse «Ezequiel Martínez Estrada», en referencia a otro escritor, incuestionable y respetado.

En efecto, fue un acto de reivindicación. Durante muchos años, y no sólo en la gestión de González, diferentes organizaciones habían reclamado el cambio. Martínez Zuviría, que dirigió la Biblioteca Nacional entre 1931 y 1955, fue un intelectual reaccionario, simpatizante del Tercer Reich, condecorado por el franquismo. Muchas de sus novelas –todas firmadas bajo el seudónimo de Hugo Wast– son claramente antisemitas.
«El máximo tótem del antisemitismo argentino, expuesto como señal conmemorativa, ofende a quienes buscan de todas las formas posibles los nuevos cimientos para reconstruir una democracia avanzada, igualitaria y no discriminativa en la Argentina», dijo González el lunes, en la Biblioteca Nacional, al anunciar la decisión.

«Manifestamos nuestro beneplácito. No sólo haber eliminado el nombre de un conocido antisemita, de ideas extremistas. También por haberle puesto el nombre de Martínez Estrada», comentó a este diario Angel Schindel, vicepresidente de la DAIA.
«Martínez Zuviría era un hombre muy culto, refinado, que tenía ideas de nacionalismo de derecha, muy católico y rabiosamente antisemita: era un difusor del célebre texto conspirativo los Protocolos de los Sabios de Sión», recordó a Clarín el filósofo y escritor José Pablo Feinmann, quien como González, reconoció igualmente la buena tarea del intelectual como director de la Biblioteca Nacional.

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Un intelectual polémico

Martínez Zuviría (1883-1962) escribía bajo el pseudónimo de Hugo Wast. Era católico y simpatizaba con el franquismo.

Publicó novelas antisemitas como «Oro» y «El Kahal», basadas en el modelo conspirativo de los Protocolos de los Sabios de Sión. Vendió más de 3 millones de ejemplares de todas sus obras.

Durante un cuarto de siglo (1931-1955) ocupó el cargo de director de la Biblioteca Nacional.

por Fernando Soriano

 

 

 

 

Fuente: 

Diario Clarín 6/5/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Gustavo Martínez Zuviría:

(Córdoba, 1883 – Buenos Aires, 1962) Seudónimo del novelista argentino Gustavo Martínez Zuviría, uno de los escritores argentinos más discutidos del siglo XX. De algunas de sus novelas, como Flor de durazno (1911), se han vendido más de 100.000 ejemplares, y de muchas de ellas se han hecho traducciones hasta en ocho idiomas; sin embargo, la crítica es generalmente negativa: algunos historiadores de la literatura hispanoamericana llegan a prescindir de su nombre; otros llegan a afirmar que su obra carece de valor literario.

Hugo Wast, uno de los escritores de habla española más leídos en el mundo entero, se hizo abogado en la Universidad del Litoral (Santa Fe), fue profesor de Economía en dicha Universidad y dirigió la Biblioteca Nacional, en Buenos Aires, de 1931 a 1955; diputado a Cortes (1916-1920) y ministro de justicia y de Educación Pública (1943-44), obtuvo la medalla de oro de la Real Academia Española de la Lengua en 1922, por su novela Valle Negro (1918), y el Premio Nacional de Literatura de 1926 por su Desierto de piedra (1925), quizá su obra más estimable por su valor costumbrista y su sentido del paisaje.

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Después de las ya citadas, su novela más interesante es La casa de los cuervos, publicada en 1916. Se le ha llamado el «Blasco Ibáñez católico» y el «Palacio Valdés argentino»; la primera afirmación tiene mucho menos fundamento que la segunda. Hugo Wast es un narrador realista que siente horror ante lo que juzga excesos del naturalismo; pero su realismo costumbrista no está regulado por una preocupación estética, sino por una obsesión moral; el autor pone su literatura al servicio de la moral católica, sin tratar de profundizar más, y sus novelas resultan superficiales y tendenciosas, sin la adecuada penetración psicológica.

Pero no se le puede negar soltura y hasta elegancia a su estilo, como no se pueden regatear al novelista dotes de observación, facultades descriptivas y un sentido extraordinario de los gustos e inclinaciones del gran público. Dio a la imprenta más de treinta libros; aparte los ya citados, merecen especial mención Alegre (1905); Pequeñas grandes almas (1907), reeditado en 1917 con nuevo título: Novia de vacaciones; Fuente sellada (1914); Ciudad turbulenta, ciudad alegre (1919); La corbata celeste (1920); El amor vencido (1921); El vengador (1922); Las espigas de Ruth (1926); Myriam la conspiradora (1926); El jinete de fuego (1926); Tierra de jaguares (1927); Lucía Miranda (1929); Don Bosco y su tiempo (1932); El Kahal (1935); Oro (1935); Juana Tabor (1942); 666 (1942); Esperar contra toda esperanza (1944), y Aventuras del Padre Vespignani (1948).
     
Fuente: www.biografiasyvidas.com      
 
 

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