Stalin aún atemoriza a Europa

En otro aniversario de su fallecimiento, Rusia está dividida entre los que lo consideran un verdugo y los que quieren revivir su legado histórico. ¿Héroe o verdugo? La sombra de Stalin es aún muy pesada en Rusia. «Dígame un dirigente que no haya sido un asesino, que no firmara penas de muerte», responde a EFE Serguéi Óbujov, diputado y uno de los dirigentes del Partido Comunista de Rusia (PCR).

Inasequibles al desaliento, los dirigentes comunistas acudirán este martes a la Plaza Roja, como cada 5 de marzo, a su ofrenda floral anual en la tumba de Iósif Stalin, a los pies de la roja muralla del Kremlin. «Es verdad, los soviéticos tuvieron que pagar un alto precio por las grandes victorias, pero el pueblo estaba dispuesto a sacrificarse. Compare los avances de sus dos décadas de mandato con los últimos 20 años de Rusia», añade el diputado. Y es que los comunistas creen que el actual presidente ruso, Vladimir Putin, le debe a Stalin desde el potencial nuclear al programa espacial, el puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU e incluso el estado de bienestar. Según una encuesta realizada por el Centro Levada antes de la efeméride, un 49 por ciento de los rusos considera positivo el papel jugado por el dictador soviético en la vida del país, frente a un tercio que opina toda lo contrario. Mientras un 55 por ciento de los rusos considera que la muerte de Stalin en 1953 trajo consigo el fin de la era del terror y las represiones masivas, y la liberación de las cárceles de millones de personas inocentes. «Al contrario que los alemanes, los rusos se niegan a reconocer su culpa, por eso prefieren olvidar que Stalin fue un criminal. No hemos aprendido nada del pasado soviético», aseguró Nikita Petrov, historiador del centro de derechos humanos Memorial. En su opinión, la culpa radica «en la negativa de las autoridades rusas a realizar una valoración no sólo política, sino jurídica de Stalin y de un sistema totalitario que se sostenía exclusivamente en la represión de su pueblo». «El Kremlin mantiene un doble juego: no hace propaganda estalinista, pero tampoco la prohíbe. A los alemanes, reconocer su culpa por el nazismo les ayudó a crear un Estado democrático», destaca. En la misma línea, Vsévolod Chaplin, vocero y uno de los principales ideólogos de la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR), opina que los crímenes estalinistas «no pueden ser justificados por ningún motivo». Al tiempo, agregó: «Es evidente que en la época soviética, incluido el gobierno de Stalin, nuestro pueblo realizó extraordinarias gestas, se logró un gran victoria y se consiguieron grandes avances en ciencia, tecnología, industria y economía, en general». Stalin, el Grande es el título del libro escrito por el historiador español Anselmo Santos, militar retirado que ha dedicado toda su vida a conocer la vida del tirano, que él considera un «monstruo y un asesino, pero también un genio». El presidente ruso, Vladimir Putin, condenó en 2007 las represiones soviéticas, en especial las estalinistas, y llamó a la población a no olvidar «el exterminio de estamentos enteros, como el clero, el campesinado y los cosacos». Mientras, en la ciudad georgiana de Gori, el ayuntamiento informó a EFE que dedicará 15.000 dólares a la restauración del monumento al dictador que fue retirado hace dos años. Se trata del mayor monumento de Stalin de toda la antigua Unión Soviética (13 metros de alto) y será erigido este año cerca del museo del dictador, al que el martes se puede acceder gratuitamente.  por Ignacio Ortega Fuente: 

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www.infobae.com 5/3/2013

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