Secretos del edificio más colonial de Buenos Aires y su vínculo con el papa Francisco

Por sus habitaciones dos veces centenarias pasaron casi todos los hombres de Mayo y algunas damas en problemas fueron «depositadas» allí. Una recorrida por la casa que une a San Ignacio y a San Cayetano. La santiagueña María Antonia de Paz y Figueroa (1730-1799), hija de un rico encomendero, y laica consagrada al servicio de la Compañía de Jesús, se puso al hombro la tarea de mantener viva la obra de los jesuitas luego de que éstos fuesen expulsados de América (la orden fue disuelta por el papa Clemente XIV en 1773). Uno de sus objetivos fue continuar con la práctica de los Ejercicios Espirituales creado por San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. 

Así, en 1795, se levantó, por la iniciativa y fuerza de voluntad de esta mujer –pensemos que todo lo jesuita estaba prohibido en ese tiempo-, el edificio ubicado en la avenida Independencia, entre Salta y Lima, una zona que, en aquellos tiempos, estaba fuera de los límites de la pequeña aldea que era la Capital.

Ocupa casi toda la manzana y, afortunadamente, se salvó de la guadaña con la cual la desidia oficial suele cercenar el patrimonio arquitectónico de Buenos Aires, y es por ello que, a esa altura -1100- la avenida Independencia se angosta por espacio unos 100 metros.

Esta feliz circunstancia permite disfrutar hoy de la visita al edificio más colonial de la ciudad, no por ser el más antiguo, sino porque es el menos modificado. Casi todo, muros, pisos, revestimientos, aberturas, muebles y adornos, permanece tal como era en los tiempos en que allí funcionaba un beaterio –la residencia de las laicas consagradas como María Antonia- y la Casa de Ejercicios Espirituales, donde toda la sociedad colonial se recluía algunos días al año para meditar, ayunar, leer y hasta mortificar su carne. 

Leer también >>  La inmigración en Argentina

En una de sus paredes, todavía cuelga la cruz de 45 kilos que algunos, a modo de penitencia, cargaban sobre su hombro para dar vueltas a uno de los 8 patios interiores de la Casa.

Por esta Casa de Ejercicios Espirituales pasaron casi todos los hombres de Mayo y otros próceres de nuestra historia. Allí estuvo «depositada» Mariquita Sánchez, la del himno, castigada por su romance prohibido con el señor Thompson. También Camila O’Gorman iba a ser recluida allí –en castigo por su fuga con un sacerdote-, pero fue fusilada antes de su traslado.

Además, hicieron los ejercicios ignacianos en ese lugar Liniers, Saavedra, Belgrano, Castelli, Moreno, Rivadavia y, más tarde, Rosas y su hija Manuelita, Alberdi, Mitre y muchos más.

Con el tiempo, las beatas se convirtieron en monjas, con el nombre de Sociedad Hijas del Divino Salvador, y siguen al frente del lugar, donde todavía se realizan retiros espirituales. Sus 95 celdas –con dos camas cada una- pueden albergar a casi 200 personas. 

Es decir que la Casa sigue destinada a los mismos fines para los cuales la fundó la Venerable María Antonia. El lugar no está abierto al público –salvo la capilla, los domingos, para la misa de las 18hs- pero cada tanto se realizan visitas guiadas (Informes: 43040984 – hdsmamantula@yaho.com.ar). De una de ellas, a cargo de la historiadora Graciela Rio, participó Infobae.

La Casa permanece además abierta durante la tradicional Noche de los Museos (en el mes de noviembre). Es que el lugar es también un museo: además de su gran valor arquitectónico, alberga verdaderos tesoros del arte barroco jesuítico, especialmente en sus dos capillas, pero también en otros ambientes; una riqueza que contrasta con la sobriedad de los cuartos y las galerías. 

Leer también >>  Gardel canta cada día mejor en su museo

Se trata de un edificio de planta colonial clásica, diseñado por el mismo alarife (experto constructor de la época) que trazó los planos del Convento de San Lorenzo, donde José de San Martín planeó su primer combate en suelo americano.

María Antonia de Paz y Figueroa fue quien introdujo en nuestro país el culto a San Cayetano. Entre las muchas donaciones que recibieron las beatas durante el siglo XIX, una de ellas fue una chacra cuyos terrenos se extendían en parte de lo que hoy es Flores, Liniers y Ciudadela.

En esa zona, en 1875, las beatas fundaron un colegio, una capilla y otra Casa de Ejercicios. Se trata de los edificios de la calle Cuzco, barrio de Liniers, hacia donde todos los años peregrinan los fieles para rezarle a San Cayetano.

por Claudia Peiró

Fuente: 

Infobae.com 1/5/2014

4.4
504
Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú