Se presentó ayer Antonio Di Benedetto periodista, de Natalia Gelós

La presentación se hizo en el marco de los 90 años del nacimiento del escritor y periodista mendocino que dejó una huella indeleble en la literatura argentina a través de libros como Zama. Un reconocimiento a su obra periodística.

Cuando a Antonio Di Benedetto le preguntaron qué le gustaría que se dijese de él en el futuro, respondió: «Me gustaría que me señalaran como un infructuoso aventurero de la literatura que pretendió escribir literatura fantástica y nunca tuvo la imaginación para dar una pieza acabada de ese género.» Natalia Gelós dice que no se trata de falsa modestia sino que él siempre esperó algo más de sí mismo. Y considera que, a pesar de su juicio tan poco autocomplaciente, lo cierto es que este escritor mendocino dejó –además de libros imprescindibles como Zama– una obra periodística valiosa pero dispersa como testimonio de un oficio que ejerció con pasión y del que poco se conoce. Para indagar en su fase menos conocida, Natalia construyó la investigación Antonio Di Benedetto periodista (una historia que pone en tela de juicio el rol de la profesión, editado por Capital Intelectual. Este libro se presentó ayer en la Casa de Mendoza (Callao 445) en el marco de un homenaje a 90 años del nacimiento del autor de El silenciero. La autora estará acompañada por un panel de lujo: Robert Cox, ex editor del Buenos Aires Herald (uno de los pocos medios que exigió la liberación de Di Benedetto cuando fue encarcelado por la dictadura); Jorge Urien Berri, quien le realizó la última entrevista en octubre de 1986; el escritor mendocino Raúl Silanes que trabajó con él; Fernando Spiner (director de Aballay, filmada a partir del relato homónimo) y la investigadora Jimena Néspolo. Natalia comenzó su investigación en 2005, cuando entrevistó a Néspolo, autora de la biografía intelectual de Di Benedetto Ejercicios de pudor (editada por Adriana Hidalgo, al igual que la mayor parte de la obra del escritor mendocino) ante el estreno de la versión cinematográfica de Los suicidas, dirigida por Juan Villegas. Por esa novela, en 1967 Di Benedetto había ganado la primera mención del premio Primera Plana-Editorial Sudamericana por dictamen de un jurado que integraron Gabriel García Márquez, Leopoldo Marechal y Augusto Roa Bastos. Ese mismo año se transformó en secretario de redacción primero y subdirector después, de Los Andes. La madrugada del 24 de marzo de 1976, con el anuncio del golpe aún tibio, un grupo de uniformados entró en Los Andes y lo detuvo. Fue alojado en el Liceo Militar y luego lo trasladaron a la Unidad Nº 9 del Servicio Penitenciario Bonaerense en La Plata. Recuperó su libertad en el invierno de 1977. Pero el encierro y las vejaciones tuvieron un efecto devastador. ¿Cómo fue su vínculo con el periodismo? ¿Cómo fue su padecimiento en la dictadura? ¿Qué cosas se modificaron en su vida y en su obra a partir de entonces? Esas fueron las preguntas iniciales que alentaron la escritura de este libro.  Además de material de archivo, Natalia realizó más de 50 entrevistas. La investigación se completa con fuentes consultadas en organismos gubernamentales y de Derechos Humanos, para buscar pistas de una detención cuyas causas (difusas, claro) obsesionaron a Di Benedetto hasta su muerte. También incluye un dossier de textos periodísticos que el escritor publicó en Los Andes, La Prensa, Clarín y La Nación.»Me pareció interesante indagar en el perfil menos conocido de un escritor que, en términos orgánicos, no tuvo militancia pero tampoco tuvo dudas respecto de la necesidad de dar a conocer lo que ocurría en los ’70 cuando quedó al frente de un diario», dice Natalia. Y ejemplifica: «En 1973, por ejemplo, autorizó la publicación de un complot del Frente Nacionalista Patria y Libertad, que operó con militares chilenos y la venia de los argentinos, para derrocar a Salvador Allende. En 1975, durante una comida en la Guarnición Militar de Mendoza, pidió la libertad de Jorge Bonnardel, periodista de Los Andes, detenido. Cuando le respondieron con argumentos sobre la situación del país, él les dijo: ‘los militares son tan brutos que difícilmente comprendan esta situación'». Y observa que «mientras pareciera que a veces la realidad se dirime entre dos extremos, él conservó una ética vinculada al justo medio». por Ivana Romero Fuente: 

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 Diario Tiempo Argentino 9/11/2012

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