Se cumplen 50 años de la muerte del «Mono» Gatica, un gran boxeador que se transformó en mito

Un 12 de noviembre de 1963 el «Tigre Puntano» falleció tras ser aplastado por un colectivo. A un día del aniversario, un repaso de su dura vida: pobreza, humildad, su relación con Perón y la idolatría del «campeòn del pueblo». José María Gatica, el popular «Mono», quizás el más grande ídolo del boxeo argentino, moría hace 50 años tan pobre como había nacido, dando origen a un mito popular.

Gatica falleció a los 38 años en el hospital Fiorito de Avellaneda a causa de las heridas sufridas dos días antes, cuando cayó de un colectivo de la línea 295 tras salir de la cancha de Independiente. El «Tigre Puntano» nació el 25 de mayo de 1925 en un humilde hogar de la ciudad de Villa Mercedes, San Luis, y con el tiempo llegó a ser una figura singular del boxeo nacional, generadora de amores y odios durante el gobierno del general Juan Domingo Perón. En 1933, su madre, acosada por las necesidades de la pobreza, decidió emigrar de Mercedes y junto a su otro hijo tomaron un tren con destino a la estación de Pergamino. Allí la mujer trabajó en tiempos de cosechas para hacerse de unos 200 pesos. Después abordaron otro tren y siguieron a Buenos Aires para radicarse en el barrio de San Telmo. El pequeño Gatica se transformó en el «Monito», un chico que de día lustraba botas en las calle porteñas y de noche vendía diarios. Un niño que creció de golpe en un mundo en el que había que pelearla segundo a segundo para no ser devorado por la marginalidad. Así se fue criando ese muchachito tan pícaro como resentido hacia una sociedad que le daba las espaldas y no se preocupa por él. El Gatica adolescente se fue haciendo hombre entreverado con guapos, principalmente marineros que se reunían para pelear por plata en la Misión Inglesa, donde combatía por 80 centavos o un peso por día ante rivales que tenían mayor contextura física. Pero ya se advertía a un peleador que poco le importaba que le pegaran, en tanto y en cuanto él podía seguir combatiendo y haciendo sentir sus mandobles sacados desde todos los ángulos, en forma agazapada, como si fuera un cavernícola. Después, de la mano del técnico Lazaro Kocsi, saltó a los cuadriláteros y descolló como amateur, hasta llegar a ser el boxeador aficionado mejor pago. Luego vinieron los tiempos del profesionalismo y un año clave en la historia de los argentinos: 1945. Desde entonces, desplegó toda su personalidad discordante, que sembraba amor e idolatría en las populares y odio entre los habitantes del ring side. Las noches porteñas tuvieron a un habitué de los cabarets donde fue despilfarrando, quizás a conciencia, todo el buen dinero que se ganaba sudando en el cuadrilátero. Los amores contrariados y las escenas públicas escandalosas lo tuvieron de protagonista, pero siempre aflojó cuando se le cruzaba un niño, una viejita o algún necesitado con la panza vacía. Conoció la gloria y también las derrotas, en especial en los grandes clásicos ante el boxeador rosarino Alfredo Prada, quien hasta su muerte recordaba con emoción los pleitos con el «Mono», siempre acompañados por Perón en el ring side y hasta a veces por la mismísima Evita. Fue el «campeón del pueblo» porque paradójicamente nunca alcanzó en el profesionalismo título alguno. El 5 de enero de 1951, en el mítico Madison Square Garden de Nueva York, fue noqueado en un round por el campeón mundial liviano, el local Ike Williams, en una pelea sin título en juego. Así hasta que llegó el ocaso deportivo, paralelo a la oscuridad política de la impopular Revolución Libertadora. Gatica cayó en el ostracismo, luego en la pobreza y finalmente en la injusta denigración, al punto que hasta se prestó a realizar una parodia en la cancha de Boca ante el catcher Martín Karadajian. Por eso no extrañó que una tarde de noviembre de 1963, cuando salía de la cancha de Independiente, donde vendía muñequitos (diablitos rojos), cayera desde un colectivo y sus ruedas pasaran sobre su cuerpo. Luego, la agonía para expirar días después en una humilde cama del hospital Fiorito. «Nunca te perdonaron tus pies descalzos…» Había dicho el poeta Alfredo Carlino en su libro ´Chau Gatica´. Cuanta razón para calificar la corta y apasionante vida de hombre que murió como nació, no sin antes dejar una huella imborrable en el boxeo. Fuente: 

Leer también >>  Arqueólogos descubren valiosos relieves en Tanis, Egipto

www.elsolonline.com 12/11/2013

Se cumplen 50 años de la muerte del «Mono» Gatica, un gran boxeador que se transformó en mito
4.7 (93.59%) 524 voto[s]

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú