Se cumplen 20 años de la masacre de Barreda

El 15 de noviembre de 1992 asesinó a sangre fría con una escopeta a su esposa, su suegra y sus dos hijas. En 1995 fue condenado a prisión perpetua y desde 2011 goza del beneficio de libertad condicional. La historia del cuádruple crimen que conmocionó al país

Ricardo Alberto Barreda ocupa un lugar muy importante en la historia criminal argentina, luego de que la mañana del 15 de noviembre de 1992 asesinara con escopeta a su mujer, Gladys McDonald, de 57 años; a su suegra, Elena Arreche, de 82 años, y por último a sus dos hijas: Cecilia, de 26, y Ariana de 24. El cuádruple crimen lo convirtió en una figura contradictoria. Muchos repudiaron el hecho por tratarse de un caso de violencia de género, mientras que otros lo «celebraron» por tratarse de un hombre que se «atrevió» a deshacerse de su suegra.  Rodolfo Palacios, autor del libro “Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres”, que detalla la vida íntima del odontólogo femicida, afirmó en Radio Mitre, que los asesinatos «siempre estuvieron en su cabeza» y que fue influenciado por una bruja a la que consultaba. «Antes del crimen tomó clases y practicó tiro», reveló el escritor.  En 1995 la Justicia lo condenó a prisión perpetua, luego de que confesara los crímenes. Entre las declaraciones del odontólogo afirmaba que las mujeres de su casa, principalmente su suegra,  lo humillaban hasta el cansancio y  lo apodaban “Conchita”, de donde se desprende el título elegido para el libro. «Lleva adelante una vida normal», dijo Palacios, quien afirmó que hoy «recibe más insultos que elogios». Según relató el asesino en su confesión ante la Justicia, la mañana del hecho se había levantado de buen ánimo y le dijo a su esposa, Gladys. «Voy a limpiar las telarañas del techo». A lo que ella respondió:  «Andá a limpiar, que los trabajos de »conchita» son los que mejor hacés».  Decidió ignorar las palabras de la mujer y se dirigió a buscar un casco. En ese momento vio una escopeta Víctor Sarasqueta que su suegra le había regalado, la cargó y puso los cartuchos adicionales en el bolsillo. En la cocina estaban su esposa y su hija Adriana. Cuando las vió, les disparó. Luego, asesinó a su suegra y a su otra hija cuando bajaban por una escalera.  Inmediatamente levantó los cartuchos y los guardó en el baúl del auto, con la intención de hacer parecer todo como un robo. Desacomodó los muebles y tiró papeles. Después se subió a su auto, tiró los cartuchos a una boca de tormenta, se dirigió al zoológico, luego al cementerio y después a la casa de su amante, Hilda Bono.  Al volver a la medianoche a su casa, llamó a la Policía y relató el falso robo. Un comisario le mostró un artículo del código penal, en el que habla de la inimputabilidad de alguien que asesina por locura u otra causa. Algún tiempo después, confesó el hecho.  En 1995 Barreda fue condenado a reclusión perpetua, por triple homicidio calificado y homicidio simple. Purgó su condena en la cárcel de Gorina, donde estudió derecho y formó una pareja. Barreda manifestó estar «tremendamente arrepentido» por lo sucedido y que siente «una angustia y un dolor muy hondo». Sin embargo, el 23 de mayo de 2008, el cuádruple asesino salió de prisión con libertad domiciliaria. Se hospedó en una vivienda de Belgrano con su pareja, Berta André. El 29 de marzo de 2011, la cámara Penal de La Plata le otorgó el beneficio de libertad condicional  por considerar que el cómputo de tiempo transcurrido en prisión “excedía” el de la condena impuesta.  Sobre su relación, Palacios da cuenta de el dominio que ejerce Barreda sobre su actual pareja. «Hay una parte de maltrato fisico y verbal hacia la mujer», dijo el escritor, quien agregó que Barreda la descalifica todo el tiempo, mientras que ella habla todo el tiempo de noticias policiales. Fuente: 

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 www.infobae.com 15/11/2012

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