Sangre en el Monte

A 35 años de la masacre que funcionó como un  «laboratorio» para los métodos represivos en el resto del país, el libro reseña la guerrilla rural en tiempos de Isabel y el Operativo Independencia.

La Compañía de Monte Ramón Rosa Giménez, del ERP

Los soldados que participaron en el Operativo Independencia persiguen una ilusión imposible . Si les concediera una pensión como ex combatientes, el Estado estaría reconociendo que en la Argentina de los setenta hubo una guerra .

Resulta una curiosidad de la historia, pero en aquella década fue el ERP el que hizo un enorme esfuerzo por instalar, justamente, esa idea. En las publicaciones y documentos de la organización, l a palabra guerra debe ser la que se utiliza más seguido .

En los recortes de diarios que están pegados en las paredes de la vieja casa en Tucumán donde se reúnen los ex conscriptos del Operativo Independencia también aparece muy seguido la palabra guerra. Cuando estuve allí me choqué con una carta en la que una mujer, María Argentina Torres Sal, le respondía a alguien que había dicho que nunca existió una guerra en Tucumán. Le contaba en detalle cómo murió su hijo, Juan Angel Toledo Pimentel – un médico tucumano recién recibido que estaba realizando el servicio militar – cuando conducía una ambulancia del Ejército que fue atacada por el ERP el 16 de mayo de 1976.

La historia me pareció muy rara. En mayo de 1976 la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez estaba reducida a un grupo de hombres y mujeres que deambulaba por los cerros, acosado por el Ejército, sin otro objetivo que sobrevivir .

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A comienzos de 1976, Bussi, nuevo jefe del Operativo Independencia, había lanzado la ofensiva final contra el ERP. Los equipos de combate del Ejército internaron sus campamentos en el monte y también en las ciudades se multiplicaban los operativos. Bussi era meticuloso.

Mandó a sus tropas a allanar uno por uno los ciento veintisiete hoteles, pensiones y hospedajes que existían en San Miguel de Tucumán .

¿Era posible que en ese contexto, menos de dos meses después del golpe militar, más de sesenta guerrilleros atacaran una ambulancia del Ejército? Eso me preguntaba cuando el abogado de los ex soldados, Alberto Espinosa, me contó otra historia vinculada con la de aquella ambulancia del Ejército .

Pocos días antes del atentado, en la base militar de Famaillá murió de un balazo de FAL un soldado conscripto, que se llamaba Carlos Alberto Fricker. El Ejército primero les informó a los familiares —según estos denunciaron ante la Justicia- que la muerte se había producido durante un ataque guerrillero. Sin embargo, más tarde —tal vez cuando algún jefe militar cayó en la cuenta de que esa explicación no era verosímil, porque en esos días la guerilla ya estaba casi derrotada – la versión fue modificada y se le dijo a la familia que el joven se había suicidado.

Carlos Alberto Fricker era hijo de Carlos Augusto Fricker, quien era secretario general de la Unión Ferroviaria y -siempre según la denuncia- en esa época había tenido un fuerte conflicto con Bussi .

¿Cuál es el vínculo entre las dos historias? Que el soldado Fricker, cuando agonizaba, fue trasladado a San Miguel de Tucumán justamente en la ambulancia de Toledo Pimentel.

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Cuando llegaron al Hospital Padilla, la hermana de Fricker habló con Toledo Pimentel, quien le habría dicho que estaba convencido de que no había sido un suicidio . Una semana después, la ambulancia que conducía Toledo Pimentel voló por los aires al cruzar un puente en Caspinchango.

No es la extraña muerte del soldado Fricker, de todos modos, el único hecho que pone en duda que la ambulancia de Toledo Pimentel haya sido atacada por guerrilleros del ERP. Otro ex soldado conscripto de la época, que se llama Domingo Jerez, declaró ante la Justicia que él pasó por ese puente pocos minutos antes de la explosión y que vio a varias personas trabajando . Supuso que eran de la Dirección de Vialidad y que estaban arreglando el puente. Sin embargo, unos días después, todavía sacudido por el supuesto atentado guerrillero que por unos minutos no le había costado la vida a él mismo, vio a una de los supuestos obreros en la base militar de Caspinchango y supo que en realidad era un oficial de inteligencia del Ejército.

Quedé intrigado por el ministerio del atentado y unos días después visité a María Argentina Torres Sal, la madre de Toledo Pimentel. En esa época estaba cobrando una pensión estatal de 425 pesos mensuales, que había conseguido al cabo de una larga batalla judicial. “Me han negado todo. La ministra (Nilda) Garré, que ha sido guerrillera, no quería largar un peso”, me dijo amargamente.

La mujer me aseguró que en el velorio de su hijo vio llorar a Bussi. “Iba y venía -recordó- y se pegaba con una fusta contra las piernas. Dijo que terminaría con la guerrilla. Yo lo único que pedí fue que a los asesinos les hicieran juicio.

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Pero les aplicaron ojo por ojo, diente por diente ”. Efectivamente, después del atentado contra la ambulancia se lanzó una cacería de supuestos subversivos en distintos puntos de Tucumán.

Después de un rato junté valor y le pregunté si conocía la historia del soldado Fricker y la declaración del soldado Jerez. Si alguien, en resumen, le había hecho llegar el comentario de que a su hijo podrían haberlo matado militares, en lugar de guerrilleros. “Después de la muerte de Johny -me detuvo-, todos los días venía gente a contarme cosas. Les pedí que no vinieran más, porque lo único que hacían era avivarme el dolor”.
 

Fuente: 

Diario Clarín 25/7/2010

Informacion Adicional: 

Estrella Roja n° 40, órgano de difusión del ERP

Bibliografía sugerida:
María Seoane – Todo o nada. la historia secreta y la historia pública del jefe guerrillero Mario Roberto Santucho. Editorial Planeta. Buenos Aires, 1991
Gustavo Plis-Sterenberg – Monte Chingolo. La mayor batalla de la guerrilla argentina. Editorial Planeta, 2003.
Ricardo Burzaco – Infierno en el monte tucuman. Buenos Aires, 1997

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