San Martín y su legado anticolonial

A poco de culminar la usurpación inglesa de la “Comandancia Político-Militar de las Malvinas” el 2 de enero de 1833, luego de que el buque estadounidense Lexington redujera la resistencia de Luis Vernet, el Gral. San Martín seguirá escribiendo a Tomás Guido desde París -sin mentar el episodio- resentido con la “flor y nata de la chacarera pillería, de las más sublime inmoralidad y venalidad más degradante” que con su guerra intestina forzara su exilio.

En 1817 había cruzado los Andes para liberar Chile, secundado por oficiales americanos y ayudantes de campo ingleses, y en 1820, por el Pacífico a bordo de la flota mercenaria británica de Lord Cochrane, su ejército arriba al Perú y proclama la independencia. Tres años le había llevado preparar la cruzada libertadora ¿Cuánto le hubieran azorado los disparates internacionales y estratégicos de la guerra perdida en 1982? Tenía 67 años cuando en noviembre de 1845 la escuadra anglo-francesa forzó el paso de la Vuelta de Obligado luego de cruenta batalla. “Los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca” proclamaría. Orgullo que sin duda hubiese sentido también por los bravos de Malvinas. No estaría de más recordar la opinión del “Santo de la Espada” desde Grand-Bourg: “Es inconcebible que las dos más grandes naciones del universo se hayan unido para cometer la mayor y más injusta agresión contra un Estado independiente (a nombre de) la Humanidad!”. En septiembre de 1811 el Tte. Cnel. José de San Martín, retirado del ejército español con 33 años, había llegado desde Cádiz a la capital de Inglaterra. Allí combatiría junto a Lord Beresford, frustrado invasor del Río de la Plata y al Duque de Wellington futuro vencedor en Waterloo. En la “Gran Reunión Americana” londinense bosquejó su plan de liberación continental en base a la estrategia elaborada en 1800 por el general y parlamentario T. Maitland, ensayada en las invasiones inglesas de 1806 y 1807 (“Maitland y San Martín” R. Terragno). Liberal e ilustrado, San Martín admiraba el sistema político inglés y la educación europea. Durante el bloqueo anglo-francés al estuario del Plata (1845-1848) elogia a J. M. de Rosas ante quien había declinado ser embajador en el Perú. Para algunos autores San Martín era un “agente inglés”. Lo que hace inexplicable la legación de su sable corvo a un Rosas defensor de la soberanía a pesar de la persecución de sus amigos y parientes unitarios. Declarándose del “Partido Americano” repudiaba que hubiese americanos que por indigno espíritu de partido se uniesen al extranjero para humillar a su Patria. Aborrecía del triste destino de una Argentina fratricida, sin orden, educación y progreso, en medio de una Revolución Industrial que disfrutó en su ostracismo. por Gustavo Druetta, sociólogo, especialista en historia militar y defensa. Fuente: 

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Diario Clarín 11/10/2016

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