Roberto J. Payró, un cronista de la Europa en guerra

Se publicó libro de más de mil páginas, en el que se reunieron los textos que escribió para el diario La Nación entre 1907 y 1922.

«Es un libro muy rico. Recoger y controlar todo ese material llevó tiempo. Hay que pensar que Payró mandaba sus hojitas manuscritas y acá las interpretaban los linotipistas. Tuve que verificar todos los nombres de personas y barcos que aparecían en sus artículos. A veces tenía que leer con lupa los periódicos.»

En su amplio departamento del barrio de Constitución, de muebles antiguos y ventanales amplios, Martha Vanbiesen de Burbrige relató cómo se fue enamorando de la obra de Roberto J. Payró, escritor y periodista de La Nacion, que murió en 1928.

Fruto de ese entusiasmo es la compilación de todos los textos que Payró escribió para este diario desde Europa, donde se radicó por varios años y fue testigo de la Primera Guerra Mundial. Se trata del libro Corresponsal de guerra. Cartas, diarios, relatos (1907-1922), que acaba de publicar Biblos, en un tributo a aquel periodista que relató las penurias de un pueblo hostigado por un conflicto bélico, mientras él sorteaba la persecución de la policía en Bélgica.

Vanbiesen es investigadora, profesora y traductora de francés, y trabajó cuatro años para dar forma al volumen de 1340 páginas y 270 escritos. «Escribía maravilloso. Estoy encantada de haberle hecho este homenaje porque realmente se lo merecía», dijo la investigadora.

Recordó que a fines de 2005 empezó a reunir el material de Payró en el archivo del diario La Nacion y en la hemeroteca del Congreso. Pero su relación con Payró y su obra no fue casual: los une el país donde el escritor vivió más de 13 años y fue cuna de su padre, Louis Vanbiesen.

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«Mi padre, que era belga, llegó a la Argentina en 1908 y fue a la guerra del 14 con los soldados voluntarios. Ese fue mi lazo con Payró», explicó.

Como amante del mundo de las letras y experta en la literatura comparada, Vanbiesen de Burbrige viajó en 1995 a Bélgica para participar de una jornada de investigadores sobre escritores extranjeros en Bruselas. «Ahí descubrí una gran cantidad de escritores de todo el mundo y me pregunté si no había algún argentino que hubiera escrito en Bélgica. Así me topé con seis o siete. Pero con el que más me enganché fue con Payró, que se había quedado durante toda la guerra junto a los intelectuales de los que se había hecho amigo», recordó.

«Sentí como una obligación sacar a la luz todo este rico material, como hija de alguien que se fue a la guerra voluntariamente y como un homenaje a un argentino que se quedó a acompañar a sus amigos belgas», señaló.

?¿Qué fue lo que más la cautivó de Payró y sus relatos?

?Lo que más me impactó fue que había estado preso un tiempo en Bélgica. Mientras, él escribía y escribía. Además, tenía que caminar hacia Holanda para despachar su correspondencia, porque no había otra manera.

?¿Qué fue lo que la mantuvo entusiasmada en reunir todo el material?

?Fue la admiración por Payró, porque escribía maravilloso. Lo que me conmovió muchísimo fue lo que le dio el título al libro, todo lo que vivió durante la guerra. Además porque mi abuela estaba en Lovaina cuando fue el incendio de esta ciudad durante la guerra y, a medida que fui sacando información de Payró, me interesó lo que había vivido mi familia en esa época. Este libro a mí me cambió la vida. Recuperé muchísimas cosas que mi padre no me dijo, porque él hizo la guerra pero no contó mucho, y lo encontré contado por Payró.

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?Payró tampoco lo pasó muy bien durante la guerra…

?No, lo pasó muy mal. Además, se le murió un hijo mayor durante su estada en Europa.

?¿Qué respuesta tuvo cuando contactó al nieto, Roberto Pablo Payró?

?Cuando vino a Buenos Aires [Payró vive en Ginebra], me trajo algunos recortes que la familia había pegado en una carpeta, pero la cola había arruinado parte de las impresiones. Cuando vio mi material, me dijo que me dejaba la posta, porque él, como historiador, tenía pensado hacer una historia de la guerra del 14 utilizando los textos del abuelo, pero le faltaban escritos. Cuando vio el libro que le mandé, me dijo en un e-mail que había descubierto textos que ni sospechaba que existían.

Silvia Barrojo

 

Fuente: 

Diario La Nación 20/2/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Roberto J. Payró:

Periodista, novelista, cuentista y dramaturgo argentino, nacido en Mercedes en 1867 y muerto en Lomas de Zamora (Buenos Aires) en 1928.

Fue periodista y desempeñó una labor importante en La Nación de Buenos Aires. Muchos de sus artículos fueron recogidos en Los italianos en la Argentina (1895) y La Australia argentina (1898). Viajó a Europa como corresponsal de guerra durante la Primera Guerra Mundial.

Su obra representa uno de los ejemplos más sobresalientes de la fusión culta y popular en las letras argentinas. Su prosa se caracteriza por una admirable fluidez, una sintaxis clásica, una ironía en ocasiones cruel y el humor. Sus narraciones presentan elementos característicos de la tradición hispánica de la picaresca trasladados al ámbito gauchesco.

Entre las novelas, conviene destacar El casamiento de Laucha (1906), novela corta que narra la historia de un pícaro criollo llamado Laucha, el cual finge su matrimonio con la propietaria de una tienda a la que arruina y luego abandona; y Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910), en la que se narra la historia de la carrera política de un provinciano. Además, escribió novelas históricas como El falso Inca (1905), El capitán Vergara (1925) y El mar dulce (1927), en la cual trata sobre la vida del conquistador Juan Díaz de Solís.

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De su producción cuentística, sobresalen Pago chico (1908), conjunto de relatos que muestran la corrupción de los políticos de una ciudad provinciana; Violines y toneles (1908); Historias de Pago Chico (1920); y Nuevos cuentos de Pago Chico (1929), donde denuncia con humor la política y la administración del país.

Entre sus obras dramáticas, conviene destacar Canción trágica (1900), Sobre las ruinas (1904), Marco Saveri (1905), El triunfo de los otros (1907), Vivir quiero conmigo (1923), Fuego en el rastrojo (1925), Alegría (1928) y el sainete titulado Mientraiga; estas dos últimas son obras póstumas.
 

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