Reúnen en un libro los primeros mapas en los que apareció América

Se hicieron en el año 1507, a partir de los relatos de los viajes de Américo Vespucio al Nuevo Mundo.

Si las cosas existen porque las vemos, si son nuestros sentidos los que le dan vida a los objetos, entregarse a la búsqueda de lo que está es la única forma de que las cosas no se deslicen hacia el vacío. 

Quinientos años atrás lo supo el navegante Américo Vespucio (1451-1512), al describir la realidad que se le presentaba ante sus ojos en sus viajes: esa porción de tierra que Cristóbal Colón, al avistar, creyó era una parte de Asia. Esos relatos, los de Vespucio, fueron la base para la creación del primer planisferio que contiene a América , del cartógrafo alemán Martin Waldseemüeller, en 1507. Gracias él, la ilusión de la realidad es menos ingenua que otras ilusiones. Vespucio fue el primer europeo en comprender que las tierras descubiertas por Colón eran otro continente . Y en su honor, el cartógrafo alemán utilizó el nombre de América para designar al Nuevo Mundo. Los relatos de Vespucio –las cartas a sus mecenas– están por primera vez recopiladas en un mismo volumen, en italiano moderno y en inglés. La obra, In rotta per le Americhe (“En viaje a las Américas”, del sello Centro Stampa Offset), pertenece al almirante de la Marina italiana Piero Carpani, autor de otros libros sobre navegación y sobre la vida de Vespucio, de la que es un estudioso. En este libro, Carpani reconstruye los cuatro viajes realizados por el navegante florentino en torno al continente hasta la Patagonia entre 1497 y 1503, al servicio primero de la Corona de Castilla y del reino de Portugal después. Su condición de marinero, dice Carpani, le permite afirmar además que el primer viaje de Vespucio “efectivamente existió”. “Muchos autores españoles han dicho que ese viaje no existió. Pero la revisión de los mapas confirma que sí: partió de las Islas Canarias, llegó a Honduras, Guatemala, giró en el Caribe hasta Yucatán, pasó por el Golfo de México, Florida, Bermudas y regresó a España”, dijo el autor, por teléfono, a Clarín . El autor sostiene que así quedan salvadas también otras dudas documentales, expresadas en el pasado, lanzadas para “enturbiar las empresas del primer navegante de la Era Moderna”, que ponían en duda sus itinerarios. “Es de destacar que, para la geografía del 1500, el meridiano 0 pasaba por fuera de las Islas Canarias, que era el último lugar habitado. Las diferencias actuales respecto de Greenwich son de decenas de grados”. En el libro, el almirante de la Marina italiana propone un juego a través de la ficción, al pensarse el destinatario de las cartas escritas por Vespucio. Es la primera parte del libro, “Lettera a Piero” (Carta a Piero), aprovechando la semejanza de su nombre con la de los destinatarios reales de las cartas, Pierfrancesco dei Medici y a Piero Soderini. Las cartas originales están accesibles en los archivos de la Galleria degli Uffizzi, en Florencia, y que Carpani reunió con al planisferio de Waldseemüeller, el cartógrafo del Renacimiento, que está en Washington. Ese mapa histórico, de 1507, llamado Universalis Cosmographia , estaba dibujado sobre doce paneles grabados que formaban un mural. Allí, América aparece separada de Asia y rodeada de agua. Y ese “detalle”, que hoy parece obvio, todavía causa el mismo desconcierto que despertó en los cartógrafos de su tiempo: en 1507, ni Vasco Núñez de Balboa ni Hernando de Magallanes habían alcanzado todavía el Océano Pacífico. ¿Cómo pudo Waldseemüeller rodear de agua a esa porción de tierra desconocida? Para Carpani, el genio de Vespucio y de Waldseemüeller explica que el pintor alemán Alberto Durero consiguiera diseñar por primera vez el cielo austral. “Forzosamente tuvo contacto con las cart as de Americo Vespucio, que tuvo que leer en latín”, deduce. El libro incluye un itinerario de los cuatro viajes a través de Internet, donde se puede reconstruir el recorrido con la cartografía actual y aquella del siglo XVI. Cabe pensar que ésta fue formulada con mucho de intuición. ¿Cómo podían saber los académicos del francés “Gimnasio de los vosgos” –una asociación dedicada a la astronomía y la geografía– acerca de volúmenes, montañas y cursos de agua? ¿En qué se basaron ellos –que imprimieron la Cosmographiae Introductio , el primer libro donde apareció el nombre “América”– para saber dónde doblaban y se perdían para siempre los vientos? Acaso conscientes de que los mapas son copias imperfectas de la realidad, se lanzaron a imaginar aquello que jamás habían visto. Y al crear un mundo de la nada, impidieron que las cosas se precipitaran hacia el vacío. por Gisela Antonuccio Fuente: 

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 Diario Clarín 15/1/2012

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