Represor brasileño reveló secuestros en 1973

Los datos contribuyen a la hipótesis de que el Plan Cóndor comenzó antes del inicio de la dictadura en Argentina.

         El ex represor brasileño Claudio Guerra, que actuó en la policía política de ese país durante la dictadura (1964-1985), declaró que los cuerpos de varios opositores, entre ellos dos capturados en la Argentina, fueron incinerados en Río de Janeiro. Claudio Guerra afirmó en el libro Memorias de una Guerra Sucia, que João Batista Rita y el militar retirado Joaquim PiresCerveira, ambos pertenecientes a organizaciones armadas, están en la lista de opositores que fueron incinerados en una usina de caña de azúcar carioca. Rica y Pires Cerveira fueron secuestrados el 5 de diciembre de 1973 en Buenos Aires, probablemente con apoyo de las fuerzas represivas argentinas, al mando del agente brasileño Sergio Paranhos Fleury, según el Dossier Dictadura, de la Comisión de Muertos y Desparecidos Políticos. El dato viene a contribuir a una de las hipótesis sobre las que trabaja la justicia argentina que investiga los crímenes del Plan Cóndor, la coordinación represiva de las dictaduras del Cono Sur: que los secuestros de exranjeros en territorio nacional comenzaron aún antes del inicio de la dictadura argentina, y fueron ordenados por los gobiernos de facto que estaban ya en funciones en los países vecinos. “En determinado momento de la guerra contra los adversarios del régimen comenzamos a discutir qué hacer con los cuerpos eliminados en la lucha clandestina, estábamos en el final de 1973, necesitábamos un plan”, señala Guerra en un adelanto del libro, publicado ayer el sitio de noticias brasileño IG. Las revelaciones de Guerra, uno de los pocos represores que reconocieron sus delitos, se conocen una semana después de que organismos de Derechos Humanos solicitaron a la presidenta DilmaRousseff que ponga en funciones a la Comisión de la Verdad sobre los crímenes de la dictadura. De acuerdo con el relato de Guerra la incineración de los cuerpos de varios opositores en la usina de Cambahyba tuvo el aval del coronel del Ejército Freddie Perdigao Pereira, del Servicio Nacional de Informaciones, que dependía de la Presidencia, y del marino Atonio Vieira, del Centro de Informaciones de la Marina. “El lugar fue aprobado, el horno de la usina era enorme, ideal para transformar en cenizas a cualquier vestigio humano”, contó Guerra, quien fue ex jefe del Departamento de Orden Político y Social.  Fuente: 

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 Diario Tiempo Argentino 3/5/2012

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