Relaciones peligrosas

En Montoneros: soldados de Massera, Carlos A. Manfroni se apoya en documentos desclasificados y en declaraciones de los principales protagonistas de la época para echar luz sobre los vínculos nunca reconocidos entre el grupo guerrillero y el líder de la Armada

Massera, Videla y Agosti, en marzo de 1976, pocos días antes del golpe que inauguró la última dictadura hasta su caída tras la derrota en Malvinas.  «…la promoción política de Massera figuraba entre las mayores prioridades del equipo del Centro Piloto. Esta circunstancia fue corroborada por un informe de los servicios de inteligencia de Francia, entregado al embajador argentino, que claramente expresa -entre muchas otras cosas- que el plan de la Cancillería incluía la apertura de un espacio en los medios de prensa europeos para favorecer el proyecto político de Massera. Una parte importante de ese proyecto de propaganda consistía -como ya se ha dicho- en sostener, frente a políticos, a periodistas y a la sociedad civil de Europa, que Massera era quien bregaba, dentro de la Junta Militar, por el respeto a los derechos humanos, pero se topaba con la resistencia de Videla, el verdadero verdugo, el tirano a quien el almirante no podía convencer de suavizar sus métodos. Casualmente o no, ese papel era el que había sido sugerido al comandante naval por los montoneros, como está acreditado por los propios dichos de los ex guerrilleros, entre otros relatos. Según Bonasso, su compañero en la organización Montoneros, Jaime Dri, mientras estuvo preso en la ESMA, habría transmitido a sus captores, por indicación de la cúpula montonera: El peso fundamental de la campaña lo lleva en el exterior el aparato montonero. ¿Por qué no negociar una tregua afuera con ellos y llegar incluso a liberar a los sobrevivientes, a cambio de que las acusaciones se desplacen hacia otros objetivos? La campaña a la que se refiere el párrafo citado textualmente es la de denuncia de violación de los derechos humanos, de la que Montoneros participaba junto con otras organizaciones. Los «otros objetivos» a los que alude Dri eran los cuadros del Ejército. El despliegue publicitario de Massera como defensor de los derechos humanos fue tal que, en determinado momento, el subsecretario del Departamento de Estado de los Estados Unidos preguntó al subsecretario de la American Republic Affairs (ARA) ?hoy American Western Hemisphere?, la oficina encargada de los asuntos de Occidente en el Departamento de Estado, si Massera debía ser considerado una excepción entre las fuerzas que ejercían una represión ilegal en la Argentina. La respuesta fue contundente. El 27 de enero de 1978, el funcionario John Bushnell respondió mediante un memo (briefing memorandum) titulado: «¿Está la Armada Argentina del lado de los ángeles?» El informe decía textualmente: Usted requirió nuestra opinión sobre si el comandante de la Armada Argentina Massera podría no ser considerado uno de los villanos en el drama argentino, después de todo. Massera ha trabajado activamente, en los últimos tiempos, la noción de que él es el miembro más democrático de la junta de gobierno argentina y que exhibiría el mayor respeto por los derechos humanos. El ha salido de su camino para hacerse amigo de los dirigentes sindicales, políticos peronistas y líderes de la comunidad judía. También ha querido ganar puntos diciendo a los funcionarios americanos que la Armada es inocente respecto de esas irregularidades porque ha tenido un papel tangencial en el contraterrorismo. Pero esto no tiene sentido. La fuerza de 1000 marinos de Massera es una de las más activas de las fuerzas antiterroristas. Tenemos informes muy confiables de que la Armada ha sido responsable por la represión de los sacerdotes y que la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires ha sido usada como un centro de tortura. Por otro lado, Massera es el más astuto y ambicioso de los miembros de la Junta y sufi cientemente listo como para darse cuenta de que una postura pública en nombre de los derechos humanos mejorará sus posibilidades de convertirse en presidente de la Argentina cuando él se retire de la Armada (posiblemente hacia fin de año). Parece que a Massera le gustaría convencer a los gremialistas argentinos y al Partido Peronista para apoyarlo a él, así como Perón (ningún demócrata, tampoco) cortejó a los sindicatos en los 40. Esto explica la oposición pública de Massera a la política de apretarse el cinturón impulsada por el ministro de Economía, quien es anatema para los gremios y, a la vez, estrechamente vinculado con Videla.[…] La visión prevaleciente en la Argentina es que Massera es un líder fuerte -lo cual no se acostumbra decir de Videla- pero que también es un hombre sin principios. Lo que más conspira contra las ambiciones de Massera es que el Ejército, que tiene poco en cuenta a Massera, es por lejos la más importante fuerza militar. A todo evento, la imagen que él parece haber cultivado más exitosamente en algunos sectores no concuerda exactamente con los hechos que nosotros conocemos. […] El memo figura revisado por el asistente de Patricia Derian. Precisamente, Massera había llegado a decir a Patricia Derian, en una de las visitas que la funcionaria hizo a la Argentina para interiorizarse sobre las violaciones de los derechos humanos, que la Armada nunca había torturado, pero sí lo hacían el Ejército y la Fuerza Aérea. Semejante farsa no podría haber sido sostenida en Europa sin la complicidad de los montoneros. La organización Montoneros, especialmente la cúpula, tenía excelentes relaciones con la socialdemocracia del Viejo Continente, como Bonasso lo cuenta orgullosamente.Y, en realidad, era así. Paul Lewis relata que, en 1978, Mario Firmenich fue invitado a entrevistarse con Bruno Kreisky, el primer ministro socialista de Austria; con Willy Brandt, canciller de Alemania Occidental; con Felipe González, primer ministro de España; con Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista Español; con François Mitterrand, presidente de Francia; y con Olof Palme, primer ministro de Suecia. En abril de 1978 -tengamos bien presente este mes- Ricardo Obregón Cano se reunió con los sindicatos de Yugoslavia y Oscar Bidegain fue con Fernando Vaca Narvaja a Austria, a fin de encontrarse con los líderes de las ramas Juvenil, Laboral y Parlamentaria del Partido Socialista Austríaco. También Vaca Narvaja y un grupo de escritores y artistas montoneros viajaron a Holanda por una invitación del Partido Laborista Holandés. Desde allí, Vaca Narvaja fue a Bremen, Alemania, invitado por la universidad local, para una reunión de partidos socialistas y progresistas europeos y árabes. Mientras tanto, Rodolfo Galimberti atendía una conferencia de la Juventud Socialista en París y los miembros del Bloque Sindical de Montoneros y de la CGT en la Resistencia concurrieron a la 64» Conferencia Anual de la OIT en Ginebra, donde recibieron declaraciones de apoyo de las delegaciones escandinava, española, francesa e italiana. Roberto Cirilo Perdía, que desde la conducción de Montoneros fue protagonista directo de tales intercambios, confirma la existencia de todas esas relaciones. Con semejante capital político, si los montoneros hubieran hecho presión sobre sus amigos, descalificando a Massera como asesino -como lo hicieron años después-, no hubiera sido nada fácil para los líderes socialdemócratas mantener aquel doble juego. […] Ya fuera por influencia del anunciado pacto con Montoneros, por la intermediación del almirante Sanguinetti o por ambas cosas, parece que una parte del establishment europeo creía en lo que decía Massera, quien recorría el Viejo Continente acompañado por los marinos del Centro Piloto. Los contactos con la socialdemocracia europea venían a la medida del almirante, que ya estaba a punto de poner los focos sobre su Partido para la Democracia Social. Por su lado, los integrantes del Centro Piloto entraban y salían de Francia permanentemente, de lo cual el embajador era notificado por la Policía Nacional Francesa, antes famosa por el nombre de Sûreté. La policía avisaba además a Anchorena cuando llegaban los montoneros a París e, incluso, las reuniones entre unos y otros.» TEXTUAL «El despliegue publicitario de Massera como defensor de los derechos humanos fue tal que, en determinado momento, el subsecretario del Departamento de Estado de los EE.UU. preguntó al subsecretario de la American Republic Affairs (ARA) -hoy American Western Hemisphere-, la oficina encargada de los asuntos de Occidente en el Departamento de Estado, si Massera debía ser considerado una excepción entre las fuerzas que ejercían una represión ilegal en la Argentina.». Fuente: 

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 Diario La Nación 26/2/2012

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