Reeditan libro sobre la enfermedad de presidentes

En una nueva edición de su libro Enfermos de poder, en el que amplía sus investigaciones sobre los mandatarios -entre ellos, Menem, De la Rúa y Kirchner-, el periodista Nelson Castro incorpora un capítulo dedicado a Fidel Castro. Aquí, un fragmento.

La noticia de la operación de urgencia a la que debió someterse Fidel Castro el 27 de julio de 2006 sacudió al mundo. La falta de información oficial sobre su mal, sumada a la evidencia de que algo grave le había sucedido, disparó un rumor que se instaló con fuerza en la comunidad internacional y generó la alegría de sus muchos enemigos y la tristeza de sus fieles seguidores […].

La primera reacción del gobierno cubano, en el que cundió la desesperación, fue el mutismo. Ninguna información salió desde las entrañas del poder hasta que, el 31 de julio, la población cubana fue anoticiada del mal estado de la salud del líder. Esto ocurrió a las nueve y cuarto de la noche, cuando el noticiero de la televisión nacional fue interrumpido para dar paso a un comunicado cuya lectura estuvo a cargo del asistente personal de Castro, Carlos Valenciaga. El texto, atribuido al Comandante, decía: «A causa del enorme esfuerzo ocasionado por la visita a la ciudad argentina de Córdoba para atender la reunión del Mercosur (…) seguida inmediatamente después por la asistencia a la conmemoración del quincuagésimo tercer aniversario del ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, en las provincias de Granma y Olguín, días y noches de continuo trabajo con a penas algún descanso, le han hecho a mi salud, la que ha resistido todos los tests, caer víctima de un extremo estrés al punto del colapso. Esto ha causado una crisis intestinal aguda con un sangrado persistente que me ha obligado a someterme a una complicada intervención quirúrgica (…) la que me demanda tomarme varias semanas de reposo alejado de mis responsabilidades y obligaciones».

La severidad del cuadro médico lo llevó a Fidel Castro a traspasar el poder a su hermano Raúl y a un grupo de ministros de alto rango, entre los que estaba Carlos Lage Dávila, el zar de la economía cubana. El anuncio impactó tanto dentro como fuera de la isla. Para los detractores de Castro el comunicado fue tomado como un prenuncio de su muerte. En Miami hubo fiesta. En la isla, muchos también creyeron que el Comandante había fallecido y que en cuestión de días se daría a conocer la noticia.

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Apresurar las memorias
Para fines de 2006, tanto los familiares de Castro como miembros del poder aseguraban que el líder había perdido unos 22 kilos y que el final era inevitable y cercano. El Comandante tenía la misma percepción. Por eso fue que se preocupó por terminar cuanto antes la reescritura de sus memorias confiadas al periodista Juan Ignacio Ramonet, cuya versión en castellano se titula Fidel Castro: biografía a dos voces.

A pesar del dolor de esta circunstancia, hubo que considerar diversos asuntos, entre ellos el de predecir el momento final de Fidel y el de elegir el lugar en donde serían sepultados sus restos. La discusión consideró, primero, el cementerio de Santa Ifigenia en Santiago, cerca del mausoleo de José Martí; luego la Plaza de la Revolución en La Habana o el cementerio Colón y terminó con Finca Manacas, en el pequeño pueblo de Birán, su lugar de nacimiento.

Para el pueblo cubano, sin embargo, la información oficial era que Castro seguía recuperándose bien y que pronto reasumiría sus funciones de gobierno. Sin embargo, algo alteró esa rutina: fue la primicia dada por El periódico de Catalunya en la que se hablaba de un viaje secreto a la isla del cirujano español José Luis García Sabrido […]

Al conocerse la noticia del viaje del doctor García Sabrido, así como también del pedido de envío de materiales del hospital Gregorio Marañón para asistir a Fidel Castro, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, reaccionó duramente: «Si el comandante tiene que pedir ayuda a la sanidad madrileña, qué ocurrirá con el resto de los cubanos, especialmente con los presos políticos». […]

El doctor García Sabrido, cuyas declaraciones fueron seguidas con mucha atención y favorablemente recibidas por el gobierno cubano, evitó en todo momento dar el diagnósitco preciso del mal que afectaba a Fidel Castro. Su celo por el resguardo del secreto profesional no impidió que, a las pocas semanas, ese secreto fuera develado.

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«Una grave infección en el intestino grueso, al menos tres operaciones fallidas y varias complicaciones mantienen al dictador cubano, Fidel Castro, postrado con pronóstico muy grave, según fuentes médicas del hospital Gregorio Marañón de Madrid.» […]

La colostomía le produjo a Castro un fuerte impacto psicológico. Uno de los médicos del hospital en el que fue operado dijo: «Fidel lloraba (…). Lloró varias veces ese primer día. Estaba de vastado».

Durante los cinco meses posteriores a la operación, el Comandante fue alimentado por vía endovenosa. Cuando el doctor García Sabrido lo vio en diciembre de 2006, se encontró con un paciente emaciado y literalmente muriendo de hambre. La indicación de reiniciar la alimentación por vía oral fue imperiosa. Se comenzó poco a poco y, a partir de allí, Castro empezó a ganar peso y a mejorar.

Ante la revelación del diario El País , el gobierno cubano lanzó una contraofensiva tratando de conjurar el daño político producido por el impacto de la noticia. Al principio, la desmintió, algo que nadie creyó, para luego convocar al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a fin de realizar una sesión de fotos y grabar un encuentro con Fidel. Así, el 30 de enero de 2007, Castro apareció vistiendo un equipo jogging bajo el cual estaba la bolsa de colostomía y diciendo que aún no se había terminado de recuperar de las fracturas de octubre de 2004 y que, en relación a su actual enfermedad, la batalla no estaba perdida.

De a poco Castro ha venido recuperándose. No ha retomado el ejercicio formal del poder, aun cuando sigue siendo quien maneja el poder en la isla. Desde el 28 de marzo de 2007, comenzó a publicar sus «Reflexiones», en el diario Granma , en las que habla de todo y de todos.

Entre las salutaciones y deseos de fin de año de 2007, el presidente George W. Bush expresó: «Un día el Buen Señor se llevará a Fidel Castro». El líder cubano, rápido de reflejos, no demoró la respuesta: «Ahora entiendo por qué he sobrevivido a los planes preparados por Bush y los otros presidentes que ordenaron mi asesinato (…) El Buen Señor me ha protegido.» […]

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Omnipotencia
El caso de Fidel Castro es arquetípico de la soberbia que envuelve a los poderosos y les hace creer que son sobrehumanos y casi inmortales. Su decisión de no aceptar la indicación de su cirujano, quien con buen criterio aconsejó realizar la primera operación en dos tiempos, recurriendo a un ano artificial transitorio, lo expuso a complicaciones mucho mayores que las que, seguramente, hubiera tenido un paciente común y que pusieron su vida en serio peligro y dejaron secuelas.

Tampoco se entiende la persistencia de no dar a conocer el diagnóstico preciso de su enfermedad, mucho más si se tiene en cuenta que no padeció un cáncer. La información que se dio nunca llegó a esa precisión, dejó siempre un halo de duda sobre la afección que realmente padeció. Un caso tan difícil, que afecta a una personalidad de gran trascendencia mundial, con tantas complicaciones que demandaron la participación de un equipo médico numeroso y una consulta con un cirujano de fama internacional, es imposible que sea mantenido en secreto durante mucho tiempo.

La palabra del doctor García Sabrido, de cuya reputación nadie duda, fue un elemento clave para despejar el rumor sobre el supuesto cáncer del paciente. El otro fue su evolución.

Hoy, el Comandante está recuperado y, por lo que se sabe, disfruta de su nueva vida. En el verano de 2009, era frecuente encontrarlo en su casa de Siboney, en la cual se levantó una sala médica con el equipamiento más moderno. Es muy probable que siga requiriendo el uso de la colostomía: en sus paseos por el vecindario, se lo vio con una marcha lenta y esforzada.

El 13 de agosto de 2009, Fidel Castro cumplió 83 años. Sólo su consciencia y Dios saben si ha podido reflexionar sobre las consecuencias negativas que tuvo sobre su salud la omnipotencia, uno de los males que genera la enfermedad del poder.
 

Fuente: 

Diario La Nación – Enfoques – 6/12/09

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