Recuerdo de la biblioteca pampeana del Centenario

En 1910, en medio de los festejos patrios, se fundó en La Pampa la Biblioteca Popular Presidente Avellaneda.

REALICO.- Ventosa y desolada, la pampa territoriana marcaba con palo a pique las parcelas que comenzaban a sembrarse en aquel incipiente siglo XX de inmigrantes que llegaban para poblarla, mezclados en vecindad y amores con los originarios y rurales, como en un rito pagano de iniciación social.

Siempre en La Pampa el rigor del invierno produjo demasiada quietud en los pueblos, que continúan (todavía) con sus quehaceres cotidianos como si una antigua resignación hubiera marcado su sino. La vida sigue y cada habitante cumple con el papel que le fue adjudicado, hasta que alguien se anima y rompe con el esquema. De la incertidumbre a la porfía, media la capacidad para asumir lo que sostenía Albert Einstein y arremeter con los objetivos («¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio»).

En aquel 1910, mientras entre las ilustres visitas la infanta Isabel de Borbón paseaba por la engalanada Avenida de Mayo en un coche descubierto para participar de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo organizados por el presidente José Figueroa Alcorta, y la Confederación Obrera Regional Argentina preparaba una huelga que devino en decreto del estado de sitio, y mientras los avances científicos despertaban la imaginación y el país se integraba al mundo entre convulsiones políticas que llevaron al ministro del Interior Marco Avellaneda a renunciar, en un localidad con apenas tres años de existencia en el norte de aquella pampa del medanal, un grupo de personas fundaba el 1º de mayo una biblioteca popular a la que denominaron Presidente Avellaneda. Inaugurada oficialmente el 25 de mayo tuvo tres directores honorarios: el fundador de Realicó, Tomás Mullally; el inspector de Escuelas, profesor Mariano Arancibia, y el ex ministro Marco Avellaneda, para honrar a su padre, que le daba nombre a la flamante entidad.

Leer también >>  El aguerrido (o loco) oficial inglés que combatió contra los nazis con un arco y una espada

Un desafío
Así se presentaba el desafío de vivir en La Pampa del Centenario para nutrirla de libros; con una brújula inasible que apuntaba a paliar la ignorancia; con la impronta nacional marcada en presencias fundantes, y con una historia personal breve pero intensa que tuvo a este pueblo como uno de sus mojones.

El secretario de la primera comisión directiva y primer bibliotecario se llamó Ludovico Brudaglio. Ese nombre renacentista, provenía de haber nacido en 1878 en Andria, Bari, en la Italia donde cursó estudios de arte antes de embarcarse para la Argentina en 1903. Fue fotógrafo, escultor y pintor en Victorica, allá por el lejano oeste pampeano donde desarrolló sus aptitudes artísticas; estudió magisterio en Santa Rosa; pasó por Realicó, y luego fue docente en General Pico en 1915, donde editó el Album Gráfico, la primera publicación sobre la historia de la ciudad. Luego, a los dos años, fundó una escuela en Arata y después dirigió otra en Pico. Fue parte de la Inspección de Escuelas de Territorios y ejerció la docencia en Entre Ríos en los años 20 y en Buenos Aires en los 30. Radicado en Buenos Aires, falleció el 11 de noviembre de 1962.

Entre murales, pasteles, óleos y retratos a lápiz; entre su caligrafía precisa y sus escritos, el nomadismo del hombre nacido en el país de la «bota» fue, tal vez, su inexorable destino de sembrador de cosas bellas, de conocimientos y de libros.

Por qué atravesar los amaneceres con una luz que lastimaba, en aquella inmensidad donde había que vislumbrar las siluetas; en una tierra virgen donde parecía que la eternidad se había radicado entre los remolinos inquietos, para no permitirle convertirse en pradera.

Leer también >>  Foto inédita muestra el minuto posterior al estallido de la bomba atómica

Brudaglio había dejado un país lleno de colores para inundar sus retinas del caprichoso ocre del desierto, y en una inconsciencia quizá nunca develada, trocó su mar azul por el otro, el secreto mar donde abrevaban las raíces de La Pampa. Y el artista se nutrió de melancolía, sorteó la soledad, recorrió los caminos todavía no marcados, por las huellas que tenían resabios de rastrilladas y dejó, para siempre, un legado. Resulta incierto adivinar cuándo tuvo tiempo para el amor, cuándo para el ocio. Su, sin duda, indómito corazón le hizo beber con fruición toda esa experiencia que después volcó con la pluma y los pinceles y su alma convirtió en propósito.

No quedaron vestigios de amistad en el pueblo, ni nadie sabe dónde vivía. Pero nombrarlo es decir «la» Biblioteca. Es atreverse a acariciar los antiguos lomos de los libros viejos y oler sin disimulo el espacio que no llegó a conocer -porque fue construido en 1925-, pero que tiene el sello del artista y de sus cofrades de la primera comisión directiva de la Biblioteca Popular de Realicó: el director, Benito P. Machado (gerente del Banco de la Nación) y los vocales Antonio Acosta Pereira, secretario de la comuna y ladero del fundador del pueblo; Sixto G. Gil, maestro, y él -Ludovico Brudaglio-, como secretario y bibliotecario.

Genera un poco de ternura memorar aquellos tiempos. Aquel minuto donde el hombre eligió La Pampa, se refracta hoy en la profusa cantidad de libros, en haber recobrado (aunque falta) la costumbre de leer y hacer emerger del silencio el inventario de lo heredado. Pasaron cien años, desde la constancia, el eco de las voces, las ideas y los sueños, convierte a la Biblioteca Presidente Avellaneda en testimonio.

Leer también >>  A 38 años de La Noche de los Lápices, rindieron homenaje a las víctimas

por Gladys Sago

 

Fuente: 

Diario La Nación 15/1/2011

Informacion Adicional: 

Para comunicarse con la biblioteca: bibliorealico@cernet.com.ar

Recuerdo de la biblioteca pampeana del Centenario
4 (80%) 243 voto[s]

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú