«Realmente no sé cómo pude esquivar la muerte»

El mundo recordó ayer a los seis millones de judíos exterminados por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El Día del Holocausto —en memoria del levantamiento del ghetto.

 El mundo recordó ayer a los seis millones de judíos exterminados por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El Día del Holocausto —en memoria del levantamiento del ghetto de Varsovia— también tuvo su repercusión en Rosario, donde el sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz Edgar Wildfeuer dio testimonio de su estremecedora historia. Wildfeuer, quien nació en Polonia hace 88 años y está radicado en Córdoba desde hace seis décadas, contó en charla con La Capital cómo el horror de la guerra y la persecución lo golpearon cuando era sólo un adolescente. «Los que sobrevivimos tenemos la obligación moral de contar la verdad para que la historia no se repita», aseguró. La familia Wildfeuer llevaba una vida acomodada hasta que estalló la guerra. «Fuimos evacuados, el tren fue bombardeado, perdimos todo. Quedamos como refugiados en la casa de mi abuela materna, en Ucrania. En el 41 los alemanes atacaron y ahí empezó la persecución, el terror, las matanzas. Nos escapamos y fuimos a un paraje cerca de la frontera con Eslovaquia, en el sur de Polonia», relató Edgar, quien recuerda vívidamente el primer momento en que logró escapar de la muerte. «Me salvé». «Para no ser deportado a un campo de trabajo, empecé a trabajar en una empresa que hacía mantenimiento de caminos. Como era uno de los pocos que sabía alemán, también hacía de cadete para el capataz de las obras, iba todos los días en bicicleta al puesto fronterizo para traerle comida. El 13 de agosto de 1942, cuando vinieron los alemanes y mataron a todos los judíos de la zona, a mí me encontraron en el camino, pero me salvé para que el tipo no se quedara sin bicicleta y sin comida», contó. Al llegar a su lugar de trabajo, sin embargo, se encontró con una pesadilla. «Ahí estaba el cadáver de mi padre, que había venido a avisarme que mi madre había muerto y también otros familiares. Yo tenía entonces 17 años y quedé como una hoja al viento», recordó con tristeza. Después de pasar por el ghetto de Cracovia llegó al campo de Plaszow, donde se registró como carpintero, «porque siempre era mejor tener un oficio en un lugar cerrado que al aire libre». Justo en ese momento solicitaron carpinteros para Auschwitz, y allí lo enviaron en 1944. «Yo entré a Auschwitz por atrás, no como deportado sino como solicitado. Pasé la cuarentena, me tatuaron un número en el brazo y empecé a trabajar en una gran fábrica que había ahí, de 1.200 obreros, que hacía todo tipo de elementos de madera para el ejército. Comencé limpiando los pisos y terminé trabajando con máquinas muy sofisticadas. Esa es la razón por la cual pude sobrevivir», afirmó. En Auschwitz pasó casi un año. «Era el peor momento, cuando traían a los judíos húngaros y mataban a casi 10.000 personas por día. No alcanzaban los crematorios para quemarlos, entonces los quemaban en fosas, y el olor a la carne quemada llegaba hasta donde estaba trabajando», rememoró. Las penurias, no obstante, estaban lejos de terminar. «Antes de que llegaran los rusos a Auschwitz tuvimos que pasar por la Marcha de la Muerte, en la que caminamos en pleno invierno polaco a 20 grados bajo cero y casi sin comida. Nos metieron en vagones y nos cruzaron por Checoslovaquia y hasta Austria, a otro campo de concentración», relató. Los últimos, los peores. Según Wildfeuer, «los últimos campos fueron los peores, porque los alemanes decían: «Vamos a perder la guerra pero los vamos a matar a todos». Entonces nos llevaban de un lado para el otro inútilmente, no había comida y abundaban las enfermedades. En ese período realmente no sé cómo pude esquivar la muerte», comentó. Finalmente, cuando llegaron las tropas estadounidenses y fue liberado, Edgar pesaba unos 40 kilos. «Los norteamericanos nos enviaron comida, pero nosotros no estábamos acostumbrados a comer. Fue muy desordenado todo, y algunos comieron más de una vez. Recuerdo que esa comida causó un desastre, murieron como 600 personas en un día, se les reventaban los intestinos», dijo. Wildfeuer no regresó a Polonia porque allí ya no quedaba nadie de su familia. Intentó viajar a lo que hoy es el Estado de Israel, pero el bloqueo inglés se lo impidió. En Italia pudo continuar con sus estudios y conoció a su actual mujer, también sobreviviente del Holocausto. Como ella tenía familiares en Córdoba, la pareja decidió instalarse allí para rehacer su vida. Por la vida Unos 10.000 jóvenes de Israel y judíos de 30 países más marcharon ayer desde Auschwitz hasta Birkenau, las dos secciones del mayor campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. En el evento anual, conocido como «La marcha por la vida», también estuvieron veteranos del ejército de EEUU. De acuerdo con el Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto, 1,1 millón de judíos fueron asesinados en Auschwitz. por Carolina Taffoni Fuente: 

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 Diario La Capital 20/4/2012

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