Prohibido olvidar

El fútbol es un disparador interminable de recuerdos, anécdotas y cábalas aceptadas cuando los resultados acompañan. Pero el 22 de Diciembre de 1983, miércoles por la tarde en la ciudad de Avellaneda, el deporte más popular de los argentinos escribió una nueva página de su rica historia muy difícil de igualar.

En aquel campeonato metropolitano, Independiente llegaba a la última fecha primero con ventaja sobre San Lorenzo, había ascendido el año anterior, y Ferro. Y el destino, Satanás o la magia del fútbol puso frente al Diablo al rival de toda la vida, el clásico del barrio.

Y aquel encuentro tenía una carga adicional. Racing, a punto de descender, había perdido en su cancha el domingo anterior con Racing de Córdoba 4 a 3, pero el partido fue suspendido a poco de terminar y el tribunal de disciplina no se expediría hasta el jueves siguiente.

En medio de la decisión casi cantada del tribunal, aquel encuentro plagado de color, tensión y nerviosismo. El poco público de la Academia se ubicó en la tribuna visitante, detrás del arco que dan a las vías del ex ferrocarril Roca, por orden policial desde la mitad de la tribuna visitante hacia arriba.

El resto de la Doble Visera de cemento era una marea roja con la ilusión del campeonato y la carga emotiva de poder participar de un hecho histórico de condenar al descenso al eterno adversario.

Claro que la presión era de Independiente que tenía que ganar para salir campeón. Y Racing intentaría aguantar para arruinar el festejo de una multitud.

Con un comienzo prometedor del equipo local y algunas situaciones que pudieron haber terminado en gol, el encuentro se equilibró sobre la media hora del primer tiempo y los hinchas de Racing comenzaban a ilusionarse con la hazaña.

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Pero a los 41 minutos del primer tiempo, apareció él. Sí justo él. Ricardo Bochini, la leyenda que vino de Zárate como lo describe Víctor Hugo. El mago frotó la lámpara y con pase milimétrico dejó cara a cara al “gringo” Giusti con el arquero, para definir cruzado al segundo palo y desatar el festejo interminable y sumir en la tristeza al hincha académico.

El segundo tiempo casi que estuvo de más, sino fuera por aquel gol tempranero del Capitán Enzo Trossero que avanzó con la pelota desde la mitad de la cancha sin que ningún jugador de Racing saliera a taparlo y decidió a casi treinta metros del arco rematar con un disparo rasante y vulnerar la estirada hacia el palo izquierdo del arquero, que nada pudo hacer para evitar la caída.

La historia ya estaba escrita. El Rojo se consagró campeón y mandó a Racing a la “B”, ganando con comodidad el clásico dando la vuelta en la cara de su eterno rival y en la Doble Visera. Más no se puede pedir. Mejor dicho: no se puede olvidar.

por Adrián Pascinto, periodista y locutor.

 

 

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Adrián Pascinto es periodista y locutor.

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