Prisión perpetua para Astiz, uno de los símbolos del horror de la dictadura

El ex marino fue sentenciado por delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA. Ya tenía condenas similares en Francia e Italia. También recibieron la misma pena los represores Jorge “Tigre” Acosta y Antonio Pernías, entre otros.

Inmutable. Así se mostró Alfredo Astiz, uno de los emblemas del horror provocado por la última dictadura militar, al recibir la pena de prisión perpetua en el marco de la causa ESMA, en el primer juicio por delitos de lesa humanidad ocurridos en el mayor centro de tortura y exterminio que tuvo Argentina. El Tribunal Oral Federal 5 de Comodoro Py aplicó la misma condena a Jorge “El Tigre” Acosta, Ricardo “Sérpico” Cavallo, Antonio “Rata” Pernías, Raúl “Mariano” Scheller, Oscar Antonio Montes, Alberto “Gato” González, Jorge “Ruger” Radice, Adolfo Donda, Julio Coronel, Ernesto “220” Weber y Néstor Savio. Mientras que para Manuel García Tallada y Juan Carlos “Lobo” Fotea, la pena fue de 25 años de cárcel. En tanto, Carlos Capdevilla y Juan Antonio “Piraña” Azic recibieron 20 y 18 años de cárcel, respectivamente. En cambio, Juan Carlos Rolón y Pablo García Velazco fueron absueltos.

Acusado -entre otros delitos- del asesinato de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, y de la ciudadana sueca Dagmar Hagelin, Astiz fue quien se infiltró en el grupo fundador de las Madres de Plaza de Mayo para organizar el secuestro de Azucena Villaflor, una de las primeras referentes de las Madres. Por ese motivo, en 1990, Astiz había sido condenado en rebeldía por el Tribunal de lo Penal de París a la pena de reclusión criminal a perpetuidad y desde entonces no pudo salir de Argentina debido a la demanda de arresto por parte de Francia.

Pero hasta hoy, Astiz nunca había sido condenadoen el paísporque fue beneficiado por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida dictadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-89), que eximieron de responsabilidad penal a los militares de menor rango.

Sin embargo, en 2003, cuando el Congreso anuló las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y las causas contra Astiz se reabrieron,le fue aplicada la prisión preventiva.

El represor volvió a ser noticia en 2004, cuando le detectaron un cáncer de páncreas y debieron operarlo casi en secreto en el Hospital Naval.
Mucho antes, a fines de los 90, y cuando Astiz estaba convencido de que la impunidad lo protegía, en diversas entrevistas periodísticas se definió como “un oficial que obedecía órdenes sin cuestionarlas ni cuestionarse”.

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En 2001, el gobierno de Italia pidió su extradición para juzgarlo por la desaparición de ciudadanos de ese país, y cuando una jueza federal ordenó a Interpol que lo buscara para arrestarlo, el ex marino se presentó detenido.

En el marco de la megacausa de la ESMA, la Fiscalía y las querellas habían pedido perpetua para Astiz, Acosta, Cavallo, Radice, Rolón, Pernías, García Velazco, Coronel, Donda, Scheller, Fotea, Savio y González, y 25 años de prisión para Montes, García Tallada, Capdevilla y Azic.

La última audiencia comenzó a las 9.15 para dar oportunidad de hablar por última vez ante los jueces a los tres procesados que todavía no lo habían hecho.

Dos de ellos, Antonio Montes y Manuel García Tallada, se negaron a hablar mientras que sí lo hizo brevemente Pablo García Velazco. Al igual que Montes, García Velazco habló por videoconferencia desde el hospital Militar, donde ambos permanecen internados. Y sostuvo: “Reitero y ratifico una vez más mi inocencia y rechazo todos y cada uno de los hechos en la causa, toda vez que para la época de ocurrencia de los hechos estaba destinado y en funciones en un destino diferente a la ESMA”.

García Velazco negó ser “Dante”, el apodo de un torturador que estuvo en el centro clandestino de detención que funcionó en el Casino de Oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada. Los camaristas Daniel Obligado, Ricardo Farías y Germán Castelli dieron oficialmente por cerrado el debate tras 22 meses de audiencias y convocaron a las 18 al veredicto en la sala Auditórium, en el subsuelo de los tribunales federales de Retiro.

 

Fuente: 

clarin.com 26/10/2011

Informacion Adicional: 

Quién es Alfredo Astiz, el ángel de la muerte:

Nació en Mar del Plata en 1951. Estuvo en la ESMA y se infiltró entre familiares de desaparecidos para “marcarlos”. Gracias a él fueron asesinadas Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce. También, las monjas francesas Alice Domon y Leónie Duquet.

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Pese a que admitió haber sido “entrenado para matar”, el ex marino Alfredo Astiz, condenado hoy a prisión perpetua por crímenes cometidos durante la dictadura, se rindió sin disparar un solo tiro durante la guerra que libraron Argentina y el Reino Unido por las islas Malvinas en 1982.

La misma sangre fría había tenido en 1977 para, con el falso nombre de Gustavo Niño, infiltrarse entre las Madres de Plaza de Mayo que comenzaban a organizarse para buscar a sus hijos desaparecidos, simulando ser el hermano de uno de ellos.

La combinación de su ferocidad con los indefensos y su cara aniñada hicieron que se ganara el apodo de “El ángel de la muerte” y se convirtiera en el máximo símbolo del terrorismo de Estado que asoló a Argentina entre 1976 y 1983, incluso por encima de algunos de los dictadores de la época.

Astiz nació en la ciudad bonaerense de Mar del Plata el 8 de noviembre de 1951 y tras el golpe de Estado de 1976 fue asignado a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) donde funcionó la principal cárcel clandestina de la dictadura.

Como capitán de fragata perteneció al Grupo de Tareas 332 (GT 332). Fue responsable de innumerables secuestros de personas que permanecieron cautivas en la ESMA, por la que los organismos humanitarios calculan que pasaron unos 5.000 detenidos, de los cuales solo sobrevivieron cerca de 100.

Las Madres de Plaza de Mayo fueron algunas de sus primeras víctimas, cuando el 10 de diciembre de 1977 Astiz “marcó” con un beso en la puerta de una iglesia a quienes unas horas después serían secuestradas por su grupo paramilitar: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce, las fundadoras de esa organización.

La misma suerte corrieron las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, quienes permanecieron cautivas en la ESMA hasta que fueron arrojadas al mar desde un avión militar en uno de los tristemente célebres “vuelos de la muerte”.

Tiempo después el marino asesinó por error a la adolescente sueca Dagmar Hagelin al confundirla con una guerrillera.

En 1982, durante la guerra por la soberanía de las Malvinas, Astiz integró un grupo de comandos al que se le asignó la defensa del archipiélago de las Georgias del Sur y fue tomado como prisionero por las Fuerzas Armadas británicas sin ofrecer resistencia alguna. Durante el conflicto no hizo nada por defender la soberanía de las islas. Ni siquiera disparó un solo tiro.

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En 1986 y 1987 fue uno de los cientos de represores beneficiados por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y en 1990 la Justicia francesa lo condenó en ausencia a prisión perpetua por los crímenes de las monjas.

Siete años después, el juez español Baltasar Garzón solicitó su captura y extradición junto a las de otros 44 militares argentinos acusados de genocidio, y en 1998 fue expulsado de la Marina, institución a la que, decía, estaba “orgulloso” de pertenecer.

Antes había protagonizado un escándalo mediático al ofrecer una entrevista en la que confesó su admiración por el guerrillero Ernesto “Che” Guevara y su miedo durante los tiroteos callejeros, además de jactarse, con gran soberbia, de que algunos ex militares lo habían buscado para que liderara un nuevo golpe de Estado.

El año 2003 marcó el principio del fin para el antiguo marino, cuando el Parlamento anuló las “leyes del perdón” y se reactivaron cientos de causas por delitos de lesa humanidad contra otros tantos militares y miembros de las fuerzas de seguridad, entre ellos, el mismo Astiz.

La “megacausa ESMA” lo llevó a una cárcel militar a comienzos del 2004 y dos años después un tribunal ordenó la reapertura de la investigación por la desaparición de la joven sueca Dagmar Hagelin.

Tras ser condenado a prisión perpetua en Italia, también en ausencia, Astiz fue trasladado en 2007 a una cárcel común, donde ha esperado el juicio por sus crímenes en la ESMA que hoy llegó a su fin y que lo ha puesto tras las rejas de por vida. Hace pocos días Astiz proclamó ser “un perseguido político”.

 

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