Por la ruta de Darwin

Una muestra en el Museo Mitre ofrece material clave sobre las observaciones del gran naturalista inglés que dieron origen a sus teorías.

El 24 de noviembre se cumplieron 150 años de la publicación del libro El origen de las especies (o El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida , según rezaba su título original), de Charles Darwin. Dado que en 2009 también se conmemoró el bicentenario de este gran naturalista inglés, el Museo Mitre presenta la muestra Darwin en la Biblioteca Americana de Mitre, la cual contiene en su valioso acervo varias primeras ediciones del genial autor.

Nacido en Shrewsbury -Reino Unido-, hijo de un médico de buena posición, Darwin tenía un poderoso sentido de la observación y una gran curiosidad científica acerca del mundo que lo rodeaba. A los 22 años emprendió en HMS (His Majesty?s Ship) un viaje al Beagle que duró cinco años y en el cual realizó una detallada descripción de cuanta curiosidad biológica, geológica, arqueológica, antropológica y climática se le ofreciera a la vista.

Para los sudamericanos y los argentinos, la pormenorizada descripción de nuestras costas fue y seguirá siendo de inmenso valor. De allí que Mitre escribiera sobre esta obra, en el inicio del libro De la variación de los animales y las plantas: «No puede estar ausente de la biblioteca de ningún americanista». Dato sumamente importante para la época y que refleja cómo se concebía Mitre a sí mismo: un americanista por sobre todo.

En su viaje, Darwin ve tipos humanos muy diferentes, tanto en los puertos donde recala (como Río de Janeiro y Montevideo) como en las costas patagónicas, donde describe a fueguinos y patagones, que también le sirven de prueba para apoyar su teoría de la selección natural y la adaptación al clima, la alimentación y la geografía, la cual va produciendo a través de millones de años los diferentes tipos humanos descriptos.

Leer también >>  Murió Lillian Lagomarsino de Guardo

De la misma forma, en su libro De la variación de los animales y las plantas , vemos diferentes razas de palomas provenientes de un ancestro común, pero sometidas a las variaciones ya mencionadas, de las cuales destaca las características sexuales, especialmente en el macho, como en el caso de los gallos y los pájaros. Es digno de notar que las ilustraciones que acompañan la descripción de Darwin son magníficos grabados llevados a cabo por autores como Lanseer y Brehm (que aquí reproducimos).

El grabado acompaña la descripción tipológica y de colores, trabajo de observación que el autor realizaba con marcado interés: tipos y costumbres, como los fueguinos comerciando zapallos o la pareja de pajaritos que construyen y adornan su hogar antes de reproducirse.

Más temprano que tarde, la Teoría de la Evolución causó bastante conmoción, sobre todo en el sector religioso. Sin embargo, ya otros científicos, como Wallace, anunciaban teorías aproximadas a las de Darwin. Por ejemplo, en Francia se hablaba del «transformismo», mientras que el sector religioso se aferraba al concepto de «creacionismo».

No es el objetivo de esta nota profundizar en la teoría darwiniana, ni tampoco evaluarla. Durante el año, varias instituciones han realizado exposiciones y muestras explicativas de dicha teoría. De hecho, se sabe que sin la Teoría de la Evolución no se hubieran podido descubrir las mutaciones del virus HIV y por lo tanto no existirían los tratamientos y medicaciones con que hoy se enfrenta esa enfermedad.

Darwin propone, por un lado, que las especies no son inmutables, sino que evolucionan con el tiempo y descienden unas de las otras; por otro lado, la principal causa de la evolución es la llamada selección natural, es decir, la supervivencia de los mejor adaptados, que disponen de más oportunidades para obtener los recursos esenciales.

Leer también >>  El pabellón montado en París en 1889 está en venta por internet

Si Darwin hubiese tenido los instrumentos que hoy posee la ciencia, habría llegado a conclusiones mucho más avanzadas, pero gracias a su aguda intuición y persistente observación ofreció a la humanidad un invalorable punto de partida para futuras investigaciones.

En la década de 1970, recuerdo bien el conflicto que tuvo lugar en California cuando muchos se horrorizaron ante la introducción de la teoría de la evolución en el sistema escolar de ese Estado. Hubo fuertes reacciones antagónicas. Sin embargo, al investigar un poco sobre la postura de la Iglesia Católica, tuve la suerte de que el sacerdote jesuita R.P. Ignacio García Matta me facilitara la obra del historiador Florencio José Arnaudo, en la cual el autor explica que si se evoca a San Agustín, en el siglo XV, se puede asumir la existencia de una creación evolutiva. En 1893, el Papa León XIII dice: «No existe incompatibilidad entre el quehacer teológico y el científico». Los papas Pío XII, Juan XXIII y Juan Pablo II coincidían en la interpretación no literal de la Biblia. En 1985, Juan Pablo II dijo: «El debate en torno al modelo explicativo de la evolución no encuentra obstáculos en la fe». El catecismo de la Iglesia Católica de 1992 coincide, y en 2007 Benedicto XVI afirmó que la polémica entre evolucionismo y creacionismo es simplemente absurda, porque «la evolución se presenta como una realidad que tenemos que ver y que enriquece nuestra conciencia de la vida».

El tiempo y el cambio o las mutaciones que se van produciendo durante largos períodos fueron las grandes bases sobre las que Darwin sentó su trabajo.

Leer también >>  Una vida en papeles

Las imágenes que acompañan este texto son parte de los innumerables ejemplos que ilustran claramente lo que nos quiso decir ese hombre intuitivo, observador y talentoso que no paraba de pensar, buscar causas y efectos, relaciones espaciales y temporales y que, a pesar de su mala salud, pudo publicar una obra que cambió el enfoque de la ciencia y fue un adelanto cualitativo en la historia de la humanidad.

Por Lic. María Gowland

La autora es directora del Museo Mitre. Esta investigación fue realizada con la colaboración de Ximena Iglesias, Estela D. Feveaux y Maximiliano Rodriguez. Agradecimiento: R. P. Ignacio GarcIa Matta.
 

Fuente: 

La Nación Revista 3/1/2010

Informacion Adicional: 

Museo Mitre – San Martín 336.

La muestra estará abierta durante todo el verano los lunes, martes, jueves y viernes de 14 a 17:30 horas.

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú