El departamento de Itatí está ubicado en el extremo N.O. de la Provincia de Corrientes, en la República Argentina. Limita al N con el Río Paraná, al O con el Departamento de San Cosme, al S con el Departamento de San Luis del Palmar y al E con el departamento de Berón de Astrada en un espacio total de 870 km.

 Su cabecera en la Ciudad de Itatí el asentamiento urbano mas antiguo de la Provincia de Corrientes, y uno de los primeros de la región sobre el que se tiene documentada la existencia siendo su sitio geográfico la antiquísima “Provincia de Santa”, según denominación que recibió la región denominada por los guaraníes, con la llegada de Sebastián Gaboto a sus costas el 28 de Febrero de 1528 al mando de un bergantín y una goleta. Anclado en las tierras del Cacique Guayarón, sobre la margen oriental del Río Paraná, los españoles recibieron hospitalidad y alimentos, siendo agasajados por los aborígenes. Desde entonces el lugar fue conocido como “Puerto de Santa Ana” y su región bautizada como “Provincia” homónima.

Hacia 1538 la zona ya era considerada un centro de irradiación de las misiones franciscanas,y desde entonces y hasta 1570 se fue preparando la fundación de una doctrina evangelizadora que motivó la visita al lugar, en 1572, del Obispo del Paraguay Fray Alonso de San Buenaventura y mas delante de Fray Juan de Córdoba. Entre 1582-84, estuvo Martín del Barco de Centenera que en su poema “La Argentina” recogió en algunos versos el recuerdo de su estadía en la zona.

Para 1592 habría arribado al lugar Fray Luis DE Bolaños intensificando la acción evangelizadora con la organización de una incipiente Doctrina que en la época llamada, sin que merezca ser considerada una fundación, como “Reducción de Bolaños”.

Hacia 1608 el asentamiento tuvo ermita, y el nombre original paulatinamente fue trocándose por la guaranítica denominación de Itatí (ita = piedra, ti = blanca) en alusión a las piedras calizas halladas en la zona y de la que (hay testimonio) se encontraban aún a mediados del s. XIX.

En documentos de 1621 del Padre Marcial de Lorenza en carta al Rey de España, definía el lugar como “Yaguarí” en alusión posible al Cacique Yaguarón que abasteció a Gaboto en 1528.

La Reducción de la Pura y Limpia Concepción de Ntra. Señora, de Itatí se fundó oficialmente el 7 de Diciembre de 1615, cuando gobernaba la región Hernando Arias de Saavedra quien había encomendado l empresa al Padre Bolaños y Limpia Concepción cutos orígenes y antigüedad se discuten.

El pueblo de indios de Itatí surgió al oeste de su actual emplazamiento, aguas abajo, en el lugar que desde 1618 mas o menos pasó a conocerse como TABACUE (taba = pueblo cué = viejo), coincidiendo con lo que sería el “Puerto de Santa Ana” en las “Cacerías de Yaguarón”, lugar en el que se hallaban aún hacia 1940 los cimientos de la ermita de Bolaños.

Entre 1618 y 1619, por causas diversas, la Redución se trasladó a su emplazamiento actual bajo el Curato de Fray Juan Gamarra. Desde entonces comenzaron a manifestarse los primeros informes documentados por la población en los testimonios de visitantes oficiales. Itatí se proyectaba como próspera reducción franciscana, con un sistema comunitario, un cabildo indígena, talleres de herrería, carpintería, fábrica de ladrillos, tejas, adobes y utensilios de cerámica hechos con la buena arcilla (ñaú) de su suelo. Tuvo escuela de primeras letra en 1971, su coro indígena actuaba en celebraciones religiosas y en las de la Ciudad de Corrientes, amenizando festejos y conmemoraciones.

Artesanos, ceramistas, albañiles, tallistas dejaron su impronta en piezas de valía cuyos testimonios integran actualmente el patrimonio artístico latinoamericano en la música, Julián Atirabú en la pintura Cuviricus en el Cabildo Mariano Pachué, en la administración Juan Antonio Guerí, aborígenes todos son algunos de los testimonios de la promoción del indígena reducido por los franciscanos.

Ocho estancias sostenían la economía comunitaria que regía su Cabildo Indígena subalterno del Cabildo de Españoles, de Corrientes, cuya presencia ya fue documentada en 1637.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX perduraron los viejos apellidos aborígenes de la Reducción: Canindeyú, Ararí, Pachué, Guerí, Guaecoretá, Cuyúa, Guay. Sin embargo la modalidad anticolonial procuraron a mediados del siglo XIX que se españolizaran los apellidos indígenas de igual forma que en los principales centros urbanos el idioma guaraní se ocultaba o desplazaba, prohibiéndose su hablado. Esto se percibe perfectamente cuando investigamos en el archivo parroquial del Santuario de N.S. de Itatí que se inicia en 1743 y es el segundo conservado más antiguo en su género, en la región.

Por testimonios de sus visitantes, la Reducción Franciscana de Itatí ofrecía un singular trazado urbano en cuadrícula, con una arquitectura de jerarquía. Todas las casas estaban edificadas sólidamente con ladrillos, piedras y adobes, techos de tejas españolas, corredores, quedando como testimonio de entonces la Casa Guerí (s.XVIII). Monumento Histórico Provincial y Nacional, la que lamentablemente aun no ha sido restaurada debidamente. En su antigua iglesia (1811) sobresalen muros originales, puertas y rejas del siglo XVIII y un excelente conjunto de piezas muebles, talladas en un barroco mestizo siendo la mas antigua la propia Imagen de la Pura y Limpia Concepción, y la pila bautismal de piedra, del año 1765.

En 1825, la Cámara de Representantes de la Provincia disolvió el sistema comunitario de las Reducciones Franciscanas y selló su decadencia. Itatí no ajeno a esto decayó también al perder autonomía y al disolverse su organización que la había convertido en la mayor prueba de la labor evangélica de los franciscanos en la región.

La Coronación Pontificia

El 7 de Julio de 1900, a las 8 A.M. salió del puerto de Corrientes una nutrida peregrinación con destino a Itatí. Al soltar amarras el barco, la Banda de Música que de Curuzú Cuatiá había llegado a Corrientes a pedido del Gobernador Juan Esteban Martínez, dejó oír sus notas triunfales “mientras bombas y cohetes atronaban los aires, despidiendo a los peregrinos”. (31)

Cuatro horas y cincuenta minutos duró el viaje hasta Itatí remontando el Paraná, y al arribar fueron recibidos por el Obispo de la Lastra, el pueblo y las escuelas. Un piquete de Guardias Nacionales de Itatí, rindió honores a los señores Gobernador y Vice-Gobernador que encabezaban la peregrinación.  A pesar de la lluvia de ese día, casi todos los peregrinos abandonaron el barco y bajaron a tierra yendo a pié hasta el Santuario de Nuestra Señora.

Al día siguiente, el Obispo envió un sacerdote, por la mañana, para que oficiase una misa en el barco para quienes por su salud delicada no habían podido descender. En el Santuario, entre tanto, se ofició un solemne pontifical y en el momento del Evangelio ocupó la Cátedra Sagrada el Padre Brignardello, Capellán del Santuario de Luján, quién desde el viejo púlpito franciscano pronunció un brillante sermón alusivo.

“Terminado el pontifical -dice el P. Fontenla- se pensó en el traslado de la Imagen a bordo, pero el tiempo seguía lluvioso. Se confeccionó al efecto un palio de gruesa tela impermeable, pero cuando iba a salir la bendita Imagen de su Santuario, el cielo se despejó dejando brillar un sol resplandeciente”. (32) El pueblo de Itatí en pleno acompañó a su Patrona hasta el puerto a fin de embarcarla en su viaje a Corrientes para los acto de la Coronación Pontificia. El acto de despedida fue estremecedor al punto de que muchos lloraban desconsoladamente la partida. Esto lo describe el Padre Bajac con emotivo sentimiento: “Era el 8 de Julio de 1900. Sobre las barrancas costeras del Paraná, aledañas a Itatí, sollozaba el pueblo. El eco conmovedor del lamento perdíase en la lejanía de las selvas y en las aguas del gran río. ¿Porqué se la llevaban a la Madre?. ¿Porqué no se la coronaba en su trono?. (33)

Finalmente el “Tridente” soltó amarras e inició el retorno río abajo rumbo a la Capital, en un viaje que tardó tres horas hasta atracar en el muelle engalanado con banderas y gallardetes en medio de una concurrencia que aguardaba la llegada de la Virgen. Bajac, testigo presencial de los hechos dice: “Y sobre las barracas paranaenses de Corrientes, al asomar el barco, empavesado portador de la Virgen, en explosión de Júbilo se alzó la voz de la multitud de la capital, como respondiendo al llanto itateño con este paráfrasis del (Cantar de los Cantares) ¡Ven amada y dulcísima Madre de todos los pueblos de Corrientes; ven y en la Capital de estos pueblos serás coronada!. (34)

Corrientes se presentó aguirnaldada y con arcos triunfales en homenaje a la que sería huésped de sus enardecidos amores desde el 8 al 20 de Julio. A las 3 P.M. de ese día 8 de Julio de 1900, Nuestra Señora fue descendida del vapor y se organizó la solemne procesión hasta la Iglesia Matriz, entre repique de campanas, estallidos de bombas, y salvas de artillería. “Los que hemos asistido a esta solemnisísima recepción -dice Bajac- notamos algo característico que jamás podremos olvidar: lo sobrenatural se reflejaba en la sagrada Imagen. Coronada de blancas flores aparece su rostro como iluminado por una humildad subterránea. A su paso callaban las aclamaciones de la multitud en las calzadas al contemplar de cerca ese semblante de honda belleza y de profundisísima humildad, sellábanse los labios, y de casi todos los ojos se desprendían lágrimas, pero lágrimas sonrientes”. (35)

Por su parte, el Padre Fontenla dice: “Estandartes de las congregaciones y las imágenes de San Francisco de Asis y Santo Domingo de Guzmán presidían la inmensa caravana, a la que pronto se incorporaron las de San Juan Bautista y San Pedro Nolasco, que nutridos grupos de piadosos vecinos traían en andas desde la Matriz y la Merced, respectivamente. Un regimiento de la Guardia Nacional de Infantería rindió su homenaje, y una guardia de honor de 20 hombres de Infantería, naturales de Itatí, custodiaba la Imagen que el pueblo aclamaba.

La grandiosa procesión recorrió desde el puerto a la Matriz, por las calles Plácido Martínez, Rioja, Julio, San Lorenzo, y Ayacucho, bajo arcos triunfales adornados con banderas y flores, a los compases de la banda de música atronando los aires las bombas y cohetes”. (36)

Entre tanto se habían cursado invitaciones a las autoridades civiles de Corrientes, firmadas por el Obispo Diocesano, para la Coronación, con especial deferencia hacia el Gobernador de la Provincia e Intendente Municipal, señores Juan Esteban Martínez y Héctor Billinghurst. Igualmente se remitieron al Internuncio Apostólico Monseñor Antonio Sabatucci; al Episcopal Argentino, Obispos del Paraguay y Uruguay, Arquidiócesis de Buenos Aires, con su titularidad vacante en ese momento y que sería cubierta (curiosamente) en el transcurso de los actos de la Coronación. También se invitó al Presidente de la República Julio Argentino Roca, a los Gobernadores de los Territorios Nacionales de Misiones, Chaco y Formosa, señores Juan José Lanusse, Enrique Luzuriaga, y José María Uriburu. También se lo invitó al Gobernador de Córdoba Dr. Del Campillo contestando todos con singular deferencia. (37)

El Presidente Roca, de puño y letra respondió aceptando apadrinar a la Sagrada Imagen en el momento de su Coronación Pontificia y prometiendo asistir si le era posible. Por su parte, el Gobernador de Misiones se hizo presente en la persona de Don Carlos Avalos, el Gobernador de Córdoba a través del Ministro de Gobierno Nicolás Berrotarán comunicó su representación en la persona del periodista Segundo Dutari Rodríguez, y el Cabildo Metropolitano de Buenos Aires designó para el efecto al Ilustrísimo Señor Canónico Don Luís Duprat Vicario Capitular de la Arquidiócesis.

Cuando se planteó el viaje de la Imagen de la Virgen a la Capital Provincial y surgió el conflicto de la posición de quienes pretendían la coronación en Itatí, el Obispo de la Lastra y Gordillo buscando apaciguar los ánimos quiso que el pueblo de Itatí quedase bien representado con vecinos caracterizados integrantes de una Comisión Especial quienes se encargarían de acompañar y custodiar la Imagen en su viaje a Corrientes, volviendo luego con ella para restituirla a su trono en el Santuario. La Comisión se constituyó con tres caballeros, dos de los cuales, al menos, eran conspicuos dirigentes del Partido Liberal gobernante en Corrientes, opositores de los Vallejos de militancia autonomista. Estos señores eran Don Domingo González, Don Alejo Sosa y Don Pedro Meza, estos dos últimos de la familia de los Meza, parientes cercanos del Coronel Desiderio Sosa que en 1872 gobernó circunstancialmente Corrientes. Los Meza, liberales a ultranza, estaban emparentados por una rama con los Vallejos familia a la que pertenecía el Juez de Paz de Itatí y su señora madre que presidía la Comisión de Damas Pro-Coronación  por Itatí.

Entre el 8 y el 16 de julio, en la Iglesia Matriz se desarrolló un novenario de preparación para la Coronación. La multitud llenaba las tres naves de la iglesia mayor de la Capital, y los ocho obispos concurrentes oficiaban solemnes pontificiales: Mariano Antonio Espinoza -Arzobispo de Buenos Aires-, Agustín Boneo -Obispo de Santa Fe-, Gregorio Romero -por Obispo Titular-, Pablo Padilla y Bárcena -Obispo de Tucumán-, Marcelino del Carmelo Benavente -Obispo de San- Juan Rosendo de la Lastra y Gordillo, -Obispo de Paraná-, Ricardo Isasa -Obispo del Uruguay-, y Juan Sinforiano Bogarín -Obispo del Paraguay-.

Retrotrayéndose a las crónicas periodísticas de entonces, escribe el Padre Fontenla: “… Las campanas de los templos, a la salida del sol, el memorable día del 16 de Julio de 1900, con sus majestuosos y alegres repique anunciaban a la multitud de peregrinos llegados desde todos los caminos en los días anteriores dándose cita en esta ciudad, que la coronación de la Virgen de Itatí tendría lugar en ese día fastuoso.

El aspecto exterior de la Iglesia Matriz -continúa- era espléndido, el adorno interior, severo y elegante; profusión de banderas, cenefas, flores, luces y escudos de todas las provincias. Es las paredes laterales del presbiterio, como complemento de la ornamentación, destacábanse dos elegantes escudos: a la derecha el de la República del Paraguay, y el del Uruguay, a la izquierda.

Apoyado en el canto que forma la base de la cúpula en el lado izquierdo y casi tocando la barandilla del presbiterio, se alzaba el trono de la Virgen de Itatí de forma abovedada y cubierta de telas riquísimas, con blondas de oro y flores afiligranadas, todo con un gusto artístico admirable, que revela la asidua dedicación de parte de las distinguidas damas correntinas”. (38)

A las ocho y cuarto del día 16 de julio estaba prevista la salida de la Virgen, en procesión hasta el Santuario de la Cruz de los Milagros, para la solemne coronación, en cuyo atrio se levantaría el Domo. “El gentío era inmenso -dice Fontenla-. Una hora antes era ya imposible la entrada a la Matriz y la Plaza Cabral con un lleno completo. El bizarro Regimiento de Guardias Nacionales de Infantería, de esta Capital y el Batallón de Seguridad, así como un cuerpo de Ingenieros y un pelotón de marineros desembarcados del “Espora” se hallaban prontos para rendir honores”. (39) La procesión se inició con la imagen de Nuestra Señora, precedida por las imágenes de San Juan Bautista, San Francisco de Asis, Santo Domingo de Guzmán, y San Pedro Nolasco. La Virgen llevaba una corona de rosas blancas. La procesión solemne salió a la calle Ayacucho (hoy Yrigoyen), siguió por San Lorenzo, Julio y Salta “en medio de millares de banderas y gallardetes que flameaban al viento como si fuera  el saludo de todas las naciones que inclinábanse reverentes ante la Madre de la humanidad”. (40)

Se levantaron arcos triunfales con emblemas e inscripciones referentes a la Virgen, al Sumo Pontífice, a los Prelados y al Pueblo. Llegada la procesión al Santuario de la Cruz de los Milagros, la Imagen de Nuestra Señora fue colocada en un altar preparado para tal fin, en tanto que el Domo fue ocupado por el Gobernador de la Provincia, “una numerosa y distinguida corporación”, la Comisión de Damas de la Coronación, “distinguidas señoritas que, con trajes blancos, representaban el coro de letanías, doce hermosas niñas, como alegoría de la aureola de estrellas de la Virgen, y finalmente por el coro de cantores, verdadero adorno y justo orgullo que era testigo del progreso musical de la ciudad”. (41) Llamó la atención entonces la presencia de Da. Josefina Hardoy de Gallino, llamada a ser Madrina de la Coronación, quien se presentó muy sobriamente vestida, y despojada de toda alhaja, luciendo solo la mantilla sobre sus atuendos ya que entendía que la sencillez era lo que correspondía en un acto en que la Reina de los  Cielos y la Tierra, iba a ser coronada por los Correntinos. Era una actitud de notable grandeza espiritual y devoción mariana.

Después del Evangelio, Monseñor Romero ocupó la Cátedra Sagrada historiando el paso de San Francisco Solano por estas tierras, de los misioneros que ocuparon el Santuario de Itatí desde Bolaños hasta los frailes últimos, e incluso se permitió criticar la actitud de los Reyes de España al impulsar la expulsión de los Jesuitas de sus dominios.

Terminado el pontifical, la Imagen de Nuestra Señora fue colocada a la entrada del Domo para que el pueblo pudiese verla mejor. Entonces, Monseñor Dr. Rosendo de la Lastra y Gordillo, Delegado por el Sumo Pontífice “revestido de capa magna morada, con estola pastoral blanca, mitra y báculo, recibió el hisopo de manos del Maestro de Ceremonias, Pbro. Pedro Muñagorri, se signó rociando con agua bendita a los que se encontraban en el Domo, bendijo el incienso, incensando por tres veces al pueblo. Hizo promulgar luego la indulgencia plenaria concedida para esta oportunidad por el Sumo Pontífice a todos los que asistan a la ceremonia…”. (42)  Inmediatamente, el Delegado, quien tenía en sus manos la corona que le había sido presentada por los padrinos Da. Josefina Hardoy de Gallino y el Gobernador Juan Esteban Martínez, en representación del Presidente Roca, hizo la pregunta a los encargados de custodiar la corona: “¿Juráis por Dios Nuestro Señor, et in verbo sacerdotis que habéis de guardar fiel y diligentemente esta corona de oro, y conservarla perpetuamente en la cabeza de Nuestra Señora de Itatí?. Así lo Juramos contestaron”.

Luego se leyó el Acta en el que se constaba que la Corona había sido bendecida por el Papa León XIII. “El Obispo Diocesano, como Delegado Apostólico, revestido de amito y alba, ciñendo porvia de cíngulo la faja de seda blanca con bordador y flecos de oro, que durante mucho tiempo llevara León XIII y que se usó en la Coronación de la Virgen de Luján, con capa pluvial, acompañado de los  prelados asistentes a la ceremonia, Monseñor Espinoza, Isasa, Padilla, Boneo, Bogarín, Romero y Benavente, se acercó al altar, se inclinó profundamente ante la Santa Imagen y entonó el himno Regina Coeli Laetare”. (43) Después, el Obispo de la Lastra, frente a la Imagen de la Virgen, la saludó reverentemente, la incensó por tres veces, y por último, tomando la corona la colocó sobre la cabeza de Nuestra Señora, diciendo: “Así como eres coronada en la tierra por nuestras manos, del mismo modo merezcamos ser coronados en el cielo de honor y gloria, por Cristo Nuestro Señor”. Eran las 10,40 hs. de la mañana del 16 de Julio de 1900. “En ese instante una aclamación general se oyó en todas partes vivándose incesantemente a la Virgen. Bombas y cohetes atronaban los aires, multitud de palomas blancas fueron soltadas en esos momentos, y mientras las campanas de todas las iglesias repicaban alborozadas, las dianas triunfales de las bandas de música llenaban el espacio. Todos los estandartes, banderas, pendones, realizaron el saludo, llamado real, en tanto la cañonera “Espora” hizo una salva de 21 cañonazos. Enseguida se entonó con gran solemnidad el Te Deum, en acción de gracias por tan memorable y feliz acontecimiento”. (44)

El Padre Bajac, testigo directo de cuanto narramos, escribió cuarenta años después, que ese día, “abarrotó la multitud la actual plaza de la Cruz, todo el espacio que hoy ocupa la Escuela Centenario y las calles adyacentes. Y al ser depositada sobre las sienes de la Virgen la corona real, tembló la ciudad, sacudida por las aclamaciones populares, por las voces broncíneas de todos los templos, por las sirenas de los barcos del puerto, por las salvas de los cañones de la patria y por las tradicionales camaretas que en los barrios mas apartados respondían a la campana y el cañón.

Itatí dejó de llorar. La envió el 8 coronada de flores; la recibió el 20 coronada como Reina”. (45)

A su vez, el Padre Gerardo Harán, de los primeros monjes benedictinos franceses que pocos años después tomaron bajo su custodia al Santuario de Itatí, escribió: “Al año de nuestra llegada, fui de los privilegiados que presenciaron la imponente y grandiosa ceremonia de la coronación de la Virgen de Itatí (…). Me parece oír aún aquellas aclamaciones de triunfo, que, desde Itatí hasta Corrientes y durante diez días, fueron repetidos con entusiasmo por los tres pueblos que habitan en las márgenes del Paraná y Uruguay. Y yo el peregrino llegado de lejanas tierras no pude disimular mi sorpresa al ver que Itatí con sus diez mil peregrinos, nada tenía que envidiar al Lourdes de mi patria, y me pareció -¡dulce ilusión!- que la Virgen hablando a mi corazón me decía: “No te aflijas por lo que dejaste allá en estas grandiosas soledades pobladas de bosques incomparable has hallado a la misma Reina y Madre que sonríe y bendice en las sierras encantadoras de los Pirineos”. (46)

Ese mismo día de la Coronación Monseñor de la Lastra y Gordillo telegrafió a Roma al Cardenal Rampolla: “Acompañado por Obispo de Paraguay, Uruguay y Argentina, coronó Virgen de Itatí, representando Su Santidad. Para Prelados y fieles de tres Repúblicas hermanas pido Apostólica Bendición”. (47) La respuesta llegó a Roma: “El Padre Santo Bendice con efusión de corazón a los Prelados y fieles de las tres Repúblicas hermanas, reunidas para la solemne coronación de la Imagen de la Santísima Virgen de Itatí”.

Por su parte, el Internuncio Apostólico, impedido de poder asistir, telegrafió diciendo: “… asistiré en espíritu, delante devota Imagen…” y el Presidente Roca, dirigiéndose a Monseñor de la Lastra y Gordillo, escribía:

“… deseando toda felicidad a sus feligreses bajo los auspicios de la Santa Imagen que acaban de coronar”. (48)

Todo el Acto se consignó en sendas actas documentales. Concluida la ceremonia en medio de los vítores de la muchedumbre, en solemne procesión, Nuestra Señora fue restituida a la Iglesia Matriz donde hasta el día 19, de mañana se oficiaban solemnes pontificales con panegíricos a cargo de los prelados, y por la tarde, oraciones diversas y discursos de algún obispo en medio de gran concurrencia.

Atemperados los ánimos políticos, tras el escándalo parlamentario, en los salones de la Casa de Gobierno se realizó gran recepción que el oficialismo ofreció a los Obispos visitantes, con la presencia de la aristocracia y autoridades del gabinete liberal del Dr. Martínez.

A su vez, en el viejo Teatro Juan de Vera, por la noche se ofreció una Velada de Honor a los Prelados, organizada por profesores y alumnos del Colegio Nacional. El discurso de apertura estuvo a cargo del joven catedrático de literatura Prof. Gustavo S. Gómez agradeciendo en nombre de los Obispos el Ilustrísimo Monseñor Dr. Gregorio Romero quien concluyó haciendo votos por la felicidad de la juventud correntina. (49)

El 20 de Julio de 1900, fue el día del retorno al Santuario de Itatí. El vapor “Tridente” fue dispuesto para cumplir con lo cometido. El puerto de Corrientes se llenó de gente para despedir a la Virgen Coronada. Era un día que amaneció lluvioso, como el 8 de Julio cuando Itatí la despidió. Tal vez la lluvia era simbólicamente las lágrimas de sus cientos de hijos que la despedían ahora desde la Capital de su Reino, como antes los itateños cuando fue traída para la Coronación. Sin embargo, al momento de salir la Imagen de la Iglesia Matriz, el cielo se puso sereno y la Imagen pudo ser transportada en solemne procesión de 15.000 personas por las calles, hasta el puerto.

Cuando la Imagen fue colocada en cubierta, la gente que la había acompañado siguió subiendo al barco para despedirla: “En ese momento la torpedera “Espora -dice Fontenla- hace oír el estampido de su artillería con salva real, mientras con vistosas banderas se engalanan los topes de los mástiles en señal de acatamiento a la Reina de los mares”. (50)

Cuando ya la noche caía en aquel irrepetible 20 de Julio de 1900, en la agonía crepuscular, el barco asomó por el río frente al puerto itatiano.

“La luz intermitente de las granadas luminosas, lanzadas desde tierra, eran contestadas desde a bordo, pudiendo percibirse los arcos triunfales y ornamentación de las calles”. (51) El desembarco y la procesión se hizo entrada la noche, el pueblo de Itatí recibió a su Señora, con faroles chinescos y velas en las manos, y al llegar al Santuario, Monseñor de la Lastra y Gordillo ofició una Salve solemne”.

Toda la noche el pueblo oró ante la Virgen en la Iglesia, mientras Monseñor Isasa se dedicó a expurgar penas desde el confesionario. A las tres de la mañana comenzaron las primeras misas, y las misas cantadas antes del amanecer, hasta la hora del pontifical en que actuó el Coro de Señoritas que tuvo a su cargo los cánticos de las fiestas de la Coronación. Después se escucharon las palabras del R. P. Provincial Fray José María Bottaro, alusivas a la paz entre Argentina y Chile que el Obispo de la Lastra y Gordillo hiciera a la Virgen de Itatí. Finalmente, la Presidenta y Tesorera de la Comisión Central de la Coronación Sras. Josefina Hardoy de Gallino y María Cabral de Cabral, repartieron medallas conmemorativas, algunas de las cuales nosotros conservamos en nuestro poder.

A las 14,30 hs. los peregrinos de Corrientes regresaron en el “Tridente” acompañando a Monseñor Espinoza, quien recibió la noticia confirmatoria de su titularidad definitiva en la Cátedra Vacante del Arzobispado de Buenos Aires, en esos días. También partieron el Obispo Isasa, de Montevideo, y el Gobernador Martínez.

El 21 de Julio hubo pontifical de San Francisco, oficiado por Monseñor Espinoza, dirigiendo el Coro de Señoritas “Perpetuo Socorro” el concertista Manuel Viladesau concluyendo con la partida de los últimos visitantes, las solemnisísimas jornadas de la Coronación, el hecho mas trascendental que la Generación del 80 realizó por esa época en Corrientes, en el aspecto confesional.

Citas y Notas

(31) Fontenla, José Luís (Pbro.) “Historia de Nuestra Señora de Itatí”. Pag. 80.

(32) Ibidem.

(33) Bajac, Esteban (Pbro.): “La Virgen de Itatí: Reina de la Civilización en la Cuenca del Río de la Plata”. Pag. 490.

(34) Ibidem.

(35) Ibidem. Pag. 490-491.

(36) Fontenla. Op. Cit. Pag. 81.

(37) Brunel Pruyas, José S. (Pbro.): “Nuestra Señora de Itatí y Monseñor Rosendo de la Lastra y Gordillo”. Pag. 7.

(38) Fontenla. Op. Cit. Pag. 81-82.

(39) Ibidem.

(40) Ibidem.

(41) Ibidem. Pag. 82-85.

(42) Ibidem. Pag. 83.

(43) Ibidem.

(44) Ibidem. Pag. 84.

(45) Bajac, Esteban: Op. Cit. Pag 492.

(46) Testimonio del Padre Gerardo Harán O. S. B. Superior del Santuario de Itatí. En: “El Mensajero de Nuestra Señora de Itatí”. Año V. Nº 54. Pag. 91. Itatí, Junio de 1920.

(47) Brunel Pruyas. Op. Cit. Pag. 8.

(48) Ibidem. Pag. 9.

(49) El Programa de Actos realizado en el Teatro “Juan de Vera” de Corrientes, constó de tres partes, divididas en la manera siguiente:

1º Parte

1º – “Capricho Húngaro” de Quetterer, a cuatro manos por la Srta. Josefina Abella Gutierrez y el Sr. Manuel Viladesau.

2º – Discurso de apertura por el Prof. Gustavo S. Gómez.

3º – Himno a la Virgen de Itatí, compuesto pro el Pbro. Dr. Esteban Bajac con música de Monseñor Costamagna y arreglos del Prof. Viladesau cantado por los alumnos del Colegio Nacional: Santiago Vallejos, Oberdank Pisani, Eduardo Diaz de Vivar, Fidel Alsina, Armando Balbastro, Antonio Dominguez (h), Manuel Barrios, Rafael Pérez, Manuel Acuña, Ramón Gallino, Blás Dominguez, Ricardo González Figueroa, Rómulo Dalmaroni, Antonio Rodríguez, Edmundo Quijano, Justo Alsina, José Acuña, Hernán Félix Gómez, G. Gómez, A. J. Diaz, y Sabastián Barreiro.

4º – Recitado de la Caridad” (versos de Juan de Dios Peza), por la Srta. María Estela Diaz de Vivar acompañada al piano y violín por el Prof. Viladesau y Palazuelos.

5º – “Leyenda” Composición del Prof. Sr. Palazuelos, tocada por su autor en el violín. En el intermezzo ejecutó la orquesta del Sr. Verardini las siguientes piezas: “Elegia” por Verardini, y “Sinfonía” (Marta) por Hoton.

2º Parte

6º – “Sugestiones” por su joven autor Pablo Fernández Diaz.

7º – Canto de Ridomani “La Calma” (Tosti) por la Srta. Abella Gutierrez acompañada en el piano por el Sr. Viladesau y en el violín por el Sr. Palazuelos.

8º – “La Cruz y María”, poesía declamada por su joven autor Dalmiro F. Gauna.

9º – “Himno de la Virgen de Itatí”, letra del poeta Carlos Guido Spano y música del Prof. Eneas Verardini cantado por el tenor argentino Sr. Miguel Tornese.

10 º – “Leyenda de San Francisco sobre las olas” (Lizzt) ejecutado al piano por la Srta. Abella Gutierrez. En el intermezzo ejecutó la orquesta del Sr. Verardini las melodías de “The Grand Child”.

3º Parte

11º – Canto de la poesía “La mía Madre” por la Srta. Adela Bortagaray.

12 º – “Soneto” de Santa Teresa de Jesús, música del tenor Vicente Abad compuesta para la consagración episcopal del Obispo de Jasso Monseñor Romero cantado por la Srta. Abella Gutierrez acompañada por el Sr. Viladesau.

13º – “Alla Gavota” música de Héctor Panizza, tocada en el violoncello por el Sr. Ramón Avalos y acompañada en el piano por el Sr. Verardini.

14º – “Rapsodia Húngara de Hausser” ejecutada en el violín por el Prof. Palazuelos.

15º – “La Fe” considerada filosófica y socialmente, y clausura del acto por el Dr. Ramón Contreras.

(50) Fontenla. Op. Cit. Pag. 87.

(51) Ibidem.

por Miguel Fernando González Azcoaga

Fuente: 

Corrientes Opina 6/12/2010

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