Piden reabrir la causa por el asesinato del cineasta Pasolini

Para Walter Veltroni, ex alcalde de Roma, el crimen puede ocultar un complot político.

Fueron años convulsos en Italia, aquel decenio de los setenta del siglo pasado, años de plomo y de misterios tenebrosos aún por resolver. Uno de los episodios más brutales fue la muerte del escritor y cineasta Pier Paolo Pasolini, el 2 de noviembre de 1975, en una playa de Ostia, cerca de Roma. Casi 35 años después, Walter Veltroni, ex alcalde de la capital y ex candidato del centroizquierda a la jefatura del gobierno, ha pedido formalmente la reapertura del caso Pasolini para intentar aclarar de una vez por todas quién o quiénes lo mataron y si hubo detrás un complot político.

El director en 1960, dirigiendo una toma – Foto Diario Clarín

Veltroni acaba de publicar en el diario Corriere della Sera una carta abierta dirigida al ministro de Justicia, Angelino Alfano. El político del Partido Demócrata sostiene que los avances científicos, como la prueba de ADN, y las nuevas técnicas forenses podrían aportar luz. Veltroni recuerda que la investigación fue un auténtico desastre. La escena del crimen no fue sellada. Pudieron desaparecer o manipularse pruebas esenciales.

La muerte del brillante y controvertido intelectual italiano dejó a Italia conmocionada. Un sector social de izquierda se sintió empujado a abrazar teorías conspirativas.

Según la versión oficial, Pasolini, que contaba 53 años, murió a bastonazos y atropellado por su propio auto. El realizador de Teorema o El Decamerón se había peleado con un joven de 17 años, Giuseppe Pelosi, un ragazzo di vita contratado por él. Al negarse el muchacho a los deseos sexuales de Pasolini, éste le había amenazado con un palo. El escritor acabó molido a bastonazos, y atropellado por el joven. Ya entonces surgieron dudas sobre la veracidad de esta versión. En el primer juicio, que condenó a Pelosi a 10 años de cárcel, se deslizó la posibilidad de que el muchacho no había actuado solo. Y, efectivamente, en el 2005 Pelosi cambió su versión y dijo que a Pasolini lo mataron tres desconocidos que insultaron al escritor llamándolo «cerdo comunista».

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Pasolini podía tener muchos enemigos. Sabía cosas sobre las cloacas del Estado italiano. De su obra inacabada, Petrolio, desapareció el último capítulo, que podía desentrañar la muerte del presidente del Ente Nacional de Hidrocarburos en 1962. El mismo Veltroni ha pedido también que se investigue el paradero de este texto, cuya existencia confirmó -otro enigma- el senador Marcello Dell’Utri, íntimo de Silvio Berlusconi y condenado en primera instancia por vínculo mafioso. Veltroni admite que fueron «años bastardos», para la derecha y para la izquierda, pero Italia necesita saber la «verdad histórica» sobre el final de Pasolini.

 

Fuente: 

Diario Clarín 24/3/2010

Informacion Adicional: 

Intelectual atormentado y atormentador
Pablo O. Scholz
Pasolini ha tenido una carrera rica en la poesía y el ensayo, pero nada como el cine para trascender fronteras y volverse -tal vez hasta a su pesar- popular.

El niño que a los 7 años ya escribía poemas fue quien desarrolló una suerte de segundo neorrealismo en el cine italiano, con su debut más que auspicioso de Accatone (1961). Siempre lo atrajo lo marginal, los personajes abandonados a su suerte, y aunque en un principio lo tuyo tuvo un sesgo más cercano a la Commedia dell’arte, su lectura marxista de El Evangelio según San Mateo (1964) lo puso en la cima de la vanguardia italiana de los años ’60.

Títulos como Edipo Rey, Medea o la mismísima Teorema -toda una revolución para su época- no hicieron más que acrecentar su bien ganada fama de intelectual atormentado y atormentador. Teorema, por caso, fue un fenómeno de taquilla, aunque muchos espectadores se preguntaran qué pasaba entre el personaje de Terence Stamp y esa familia burguesa que se resquebrajaba. Su cine no era para paladares acostumbrados sólo a la muzzarella.

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Saló o los 120 días de Sodoma (1975), en la que se mostraba reaccionario hasta a algunas de sus posturas, fue una adaptación del Marqués de Sade furibunda, que le trajo más que loas o reconocimiento -el que ya tenía en abundancia-, amenazas de muerte, lo que en definitiva truncó su carrera. Lo que no le impidió integrar ese trío de maestros con Fellini y Visconti, que marcó una época en el cine italiano.

 

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