«Picasso creaba con su fuerza sexual y María Callas era una niña frágil»

El psicoanalista Juan David Nasio estudia a los artistas a partir de sus obras.En su último libro, «Arte y psicoanálisis», Nasio dice que al ver una obra erótica sentimos un placer narcisista, físico y mental.

Cuando el museo del Gran Palais le pidió al psicoterapeuta francoargentino Juan David Nasio interpretar la obra y la vida del pintor suizo Felix Valloton (1865-1925), él descubrió un nuevo derivado para el análisis terapéutico. Una aventura intelectual, que encaró después de estar un mes encerrado estudiando en las montañas suizas, con las pinturas de Valloton, las de Leonardo Da Vinci y otras obra de arte. Así nació no sólo un álbum para la exposición de Valloton, basado en los diarios íntimos del artista, sino también el nuevo libro de Nasio: Arte y Psicoanálisis, de Editorial Payot. Desfilan en esta obra el análisis del inconsciente de Valloton, la voz del corazón de Maria Callas, el grito de Francis Bacon y Niño con paloma de Picasso. Psicoanálisis de sus obras, sus momentos, sus gestos. -Usted hace nacer este libro en la contemplación de la obra de Valloton. ¿Había escrito antes psicoanálisis a partir de la emoción estética? -Siempre fui muy sensible al fenómeno psicológico que se produce cuando uno se emociona ante la belleza. Cuando estamos en una ópera o frente a un cuadro o un espectáculo de danza o una música y nos emocionamos y hasta lloramos. ¿Por qué? ¿Por qué la belleza emociona? -¿Cómo se llega desde el psicoanálisis al inconsciente del artista y su obra? Usted aplicó la fórmula Valloton al arte y llegó a Francis Bacon, a Picasso, a Maria Callas. -Exactamente. A diferentes artistas. Lo hago con los pacientes, ¿por qué no hacerlos con los personajes de la historia? Por supuesto, un paciente me habla y me cuenta su vida, hay una manera de presentarse sin que haya palabras, con un lenguaje corporal, no verbal, están sus hijos, su oficio, su mujer… todo eso constituye las emanaciones de este ser humano. Yo trato de sentirlo. Me identifico con él y trato de decirle cosas que él mismo ya sabe pero de las que que nunca tuvo conciencia. Apliqué el mismo método, que llamo la inmersión en la vida de un artista, a Maria Callas, Valloton, Picasso y Francis Bacon. -Hablemos de Pablo Picasso. Español republicano, estuvo en Francia, tuvo muchos matrimonios, hijos, distintos períodos en sus pinturas. -Sólo voy a hablar de un aspecto pequeño de Picasso. Para mí es un ejemplo de la sublimación. Nosotros pensamos, con Freud, que un creador como Picasso crea con la fuerza sexual que tiene. Yo interpreto que las pulsiones sexuales en Picasso se han transformado en fuerza creativa. Y no por eso deja de tener pulsiones para una alta actividad sexual concreta. Picasso ha sido uno de los autores mas seductores en su época. Era un hombre al que le encantaban las mujeres y hacer el amor. -¿Y Maria Callas? Cantante de ópera, amante de Onassis, una vida triste… -Para el psicoanalista que soy, Maria Callas siempre ha sido una niña frágil. Tiene una fuerza  extraordinaria pero una inmensa fragilidad afectiva. Una fuerza todopoderosa en la posibilidad de cantar, en el registro de la voz y, sobre todo, en el registro de la tragedia. Era una extraordinaria actriz. Pero afectivamente era una mujer extremadamente frágil. Estuvo casada por más de 20 años con un italiano, ingeniero, que la cuidó. Y ella, la pequeñita, la niña psicológicamente frágil, se dejó llevar. Luego crece pero nunca dejará de ser una niña frágil y soñadora. Porque ahí va a conocer Onassis. Eso significa para ella un sueño doloroso. Hablaban la misma lengua, hubo relaciones íntimas, donde ella debe haberse sentido entregada a él y con un inmenso placer. Luego esa misma mujer va a ser desilusionada porque Onassis era un gran seductor. La va a dejar. Y esa es una experiencia de pérdida dolorosa. Pero para mí la pérdida mas importante es la de su voz. La Callas no murió a los 53 años por haber perdido a Onassis. Murió por haber perdido la voz. Esto es fundamental. No murió de una pena de amor por un hombre. Ella murió por la pena de perder de su voz. -En los artistas, en los coreógrafos, en los cantantes, ¿esta decadencia no es una historia que se repite? ¿No hay una crisis de creatividad, una crisis con la voz? -Todo creador tiene un inicio, una culminación y una declinación. Efectivamente, cuando un artista del calibre de una Callas o un bailarín de la Opera de París debe parar, indefectiblemente es porque hay una declinación de la angustia creadora. -Volviendo a su libro, ¿qué es ese placer que sentimos al contemplar una obra erótica? -Se trata de un triple placer: un placer narcisista, físico y mental. Este último, el placer mental, es capital. Sin la cabeza no habría nunca placer. La pintura está primero en la cabeza del pintor y el placer de contemplarla, en la cabeza del espectador. Recomencemos. ¿Qué es el placer narcisista de ver una imágen erótica? Frente a una obra artística, es el placer de verme en el cuadro, es decir que la imagen representada me es familiar. Si la obra es erótica, el placer narcisista consiste en descubrir que la imagen nos reenvía a nuestro propio universo sexual. Este el placer narcisista. Tenemos, luego, el placer físico: es el placer de sentir físicamente que la obra nos excita, que experimentamos en el cuerpo tensiones imperiosas y agradables. En fin, el tercer placer es el placer mental: placer de prolongar la obra erótica con nuestra propia imaginación. Al contemplar una imagen excitante, el espectador desarrolla mentalmente, sin darse cuenta, un escenario íntimo que da vida a la obra, aumenta su excitación física y le despierta el deseo de seguir mirando. ¡Esto es la cabeza! La cabeza es el organizador soberano de la sensación sexual. Al hablarle así, me doy cuenta de que, en realidad, el cerebro es la primera zona erógena. -¿Que es una zona erogena? -Es sencillo… Lo son todos los orificios del cuerpo (ojo, boca, ano,…) sin olvidar la piel, frontera sensorial del cuerpo; todos ellos son fuente de deseo sexual. Pero de hecho – le repito -, la verdadera zona erógena, ¡es el cerebro! ¿Porqué? Por una doble razón: primero, el cerebro nos hace tomar conciencia de que la excitación que vivimos es efectivamente sexual; luego, el cerebro inventa fantasías que refuerzan esta excitación. Toma de conciencia, concentración sobre los detalles eróticos de la obra contemplada y finalmente, creación de fantasías excitantes, estas son operaciones eminentemente cerebrales. -¿Por qué el erotismo es excitante? -El erotismo es fundamentalmente interactivo. El juego de lo velado y de lo desnudado es uno de los más eficaces provocadores de la excitación sexual en el hombre. No hay nada más excitante para un hombre que el espectáculo de una mujer que se desnuda. Es una llamada acuciante a la imaginación. ¡Siempre la mente! La obra en la que aparece una mujer medio desnuda despierta invariablemente en el espectador masculino la maravillosa ilusión de que la mujer está a punto de ofrecérsele. Esa visión es tan excitante para un hombre como las caricias preliminares al acto sexual. -Usted habla del desnudo femenino, pero ¿qué decir del desnudo masculino? -El cuerpo masculino no es necesariamente excitante para las espectadoras femeninas. Pongamos el ejemplo de un San Sebastián, imagen de una sensualidad ardiente, que nos muestra un cuerpo desnudo, pasivo, atravesado por las flechas. Es particularemente excitante para un homosexual, pero no necesariamente para una mujer. En el hombre, el primer desencadenante del deseo es la vista. La excitación sexual en el hombre pasa siempre por el canal de la mirada, por el ojo. En la mujer, las cosas son mucho más complejas y sutiles. La puerta de entrada del deseo en la mujer es más bien el oído – una mujer por ejemplo puede sentirse sexualmente turbada por el encanto de una voz masculina-; puede ser también el tacto, pero mejor todavía, la mente. Lo que desencadena el deseo sexual en muchas mujeres es sentir la inteligencia de un hombre, su elocuencia, su poder, su ambición, su ternura protectora y muchas veces sentir en la mirada del hombre el fulgor de un deseo ardiente. No es tanto la bragueta lo que las mujeres miran sino la mirada de un hombre sexualmente deseante. -¿Sentir placer ante un cuadro erótico significa que somos “voyeurs”? -¿Qué es un “voyeur”? Es aquél que siente placer al contemplar escenas eróticas sin que los personajes parezcan tener conciencia de que se los está mirando. Ver la sexualidad sin ser visto. Es muy importante. El personaje que es observado realizando un gesto erótico ignora la mirada intrusiva del “voyeur”. En cierto sentido, sí, podemos decir que todos somos “voyeurs” puesto que experimentamos placer al mirar una representación erótica sin que nadie se dé cuenta. “Voyeurs”, pero no “voyeuristes”. -¿Cual es la diferencia? -El “voyeuriste” es un perverso sexual que espía los gestos sexuales reales de una pareja que se cree fuera de toda mirada, mientras que nosotros, “voyeurs”, contemplamos la figuración de una situación sexual. En realidad, somos “voyeurs” de la fantasía de otra persona, el pintor, que despierta nuestras propias fantasías. Se produce entonces una transmisión, una circulación de las emociones que van del artista al espectador. Si el erotismo es un arte, el arte de excitar a aquel que mira, entonces sí, el pintor despierta en nosotros nuestro vicio, es decir nuestro impaciente deseo sexual. “Yo pinto», decía Félix Vallotton, «para gente equilibrada, pero no desprovista de una pizca de vicio inconfesado.” Yo añadiría “el vicio de sentirse sexualmente excitado al mirar”. -Para usted, ¿qué obra representaria el summum del erotismo? -Para mí, la obra erótica más sublime es la que muestra el rostro de una mujer que está gozando. Pienso por ejemplo en la célebre escultura de Bernini El Éxtasis de Santa Teresa. Uno se siente impresionado por la voluptuosidad del rostro de la Santa en el momento de ser penetrada por Dios. por María Laura Avignolo Fuente: 

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Diario Clarín 13/12/2014

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