Perón y Balbín no entraron en una componenda

Ni uno se hizo radical ni el otro peronista. Aprendieron a convivir. Y en 1973, en las urnas, compitieron leal pero firmemente.

Juan D. Perón y Ricardo Balbín

La voz, grave y acompasada, inundó el recinto: “Yo no tengo la culpa de mi lenguaje; a mí me lo enseñó la adversidad”. El peronismo estaba expulsando a Ricardo Balbín de la Cámara de Diputados. Fue en 1949. El radical había “desacatado” al Presidente de la República”, criticando a su gobierno: una ofensa que purgaría durante ocho meses en la cárcel de Olmos. Eso no le hizo perder los bríos: “A veces, hace falta que entren a la cárcel hombres dignos, para saber adónde irán luego los delincuentes”. Sin embargo, al despedirse de la Cámara hizo una confesión: “El radicalismo le debe al país una revolución social”.

La irrupción del peronismo (y la resistencia de la UCR, desplazada del favor popular) había cavado una zanja inoportuna. De un lado, el radicalismo y la idea de democracia; del otro, el peronismo y las reivindicaciones obreras. El tiempo demostraría que no hay democracia sin equidad, ni justicia social sin tolerancia. Perón fue derrocado en 1955 (con anuencia radical) y debió exiliarse. Diecisiete años más tarde, cuando regresó al país, Balbín saltó una tapia para abrazarlo.

No acordaron una fórmula conjunta. No formaron una alianza. No se comprometieron a integrar un gobierno de coalición. Cada uno preservó su identidad y sus ideas. Al año siguiente, en una elección presidencial, Balbín competiría con Héctor J. Cámpora y, después, con el propio Perón. En las urnas, ambos hombres seguían enfrentándose. Sin embargo, uno había renunciado al autoritarismo, y el otro a la conspiración. Era un acuerdo de gobernabilidad.

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Desde que nació el peronismo, hace 65 años, PJ y UCR jamás se unieron. Sin embargo el abrazo de Perón y Balbín no fue la primera (ni la última) aproximación entre las dos grandes fuerzas:
Gobierno de Frondizi. Jefe de la UCR en 1954 y, después, líder de la UCR Intransigente, Arturo Frondizi suscribió en 1957 un pacto con Perón. Los sindicatos estaban intervenidos; el PJ, proscripto y el propio líder, vedado: la prensa no podía, siquiera, escribir el nombre del “tirano prófugo”.

Frondizi prometió que -si el peronismo lo ayudaba a conquistar la Presidencia- devolvería la CGT y levantaría las proscripciones. Triunfó y cumplió. Eso no impediría que el justicialismo ejerciera una férrea oposición a la política económica de su gobierno. En las elecciones intermedias de 1962, el partido oficialista fue derrotado por el peronismo, en Buenos Aires y la mayoría de las provincias. Días más tarde, Frondizi sería destituido: los factores de poder no toleraban la vuelta del peronismo.

Gobierno de Illia. Como Frondizi, Arturo Illia llegó al poder gracias a la proscripción de los candidatos peronistas; pero su primer acto de gobierno fue legalizar al peronismo. Eso hizo que su partido, la UCR del Pueblo, perdiera las elecciones de 1965 ante los candidatos de Perón. Otra vez, la fe democrática de un radical se imponía al interés propio. Poco más tarde, también Illia sería depuesto.

La Hora del Pueblo. Sobrevino la “Revolución Argentina” y, aun durante tal dictadura, se logró la unión de partidos. En 1970, Balbín y un delegado de Perón -Jorge Daniel Paladino- se asociaron a otras fuerzas en “La Hora del Pueblo”. Su objetivo, alcanzado en 1973, era forzar el restablecimiento de la democracia.

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Gobierno de Perón. Con 62 % de los votos, Perón arrasó a Balbín en 1973. No obstante esa mayoría, el vencedor comprendió que, para solidificar la nueva democracia, partidos políticos y sectores sociales debían llegar a coincidencias básicas. La oposición reaccionó con una “actitud altamente patriótica” y ofreció al Ejecutivo “una colaboración permanente”. Así lo reconoció el propio Perón al inaugurar las sesiones del Congreso, en 1974. Se hacía realidad algo que él mismo había anticipado a Félix Luna: “Cuando respetemos a las minorías, las minorías respetarán a las mayorías”. A mediados de 1974, Perón anunció que su gobierno presentaría a todos los partidos las “bases para un Proyecto Nacional”.

Ciertas declaraciones suyas anticipaban las políticas de Estado que propondría: consolidar las instituciones; actuar en la sociedad global, lo que no es incompatible con la soberanía; comprender que las potencias ya no pueden tomar riquezas por la fuerza; tener una base científico-tecnológica propia y suficiente; convocar al empresario, para asociar sus intereses al interés del país; aceptar los principios de la doctrina social de la Iglesia.

Para discutir éstas y otras ideas, Perón decidió crear el Consejo para el Proyecto Nacional. El ensayo quedó trunco. Perón murió a los 262 días de haber asumido. Fue entonces cuando Balbín se paró ante su féretro y dijo aquello: “Este viejo adversario, hoy despide a un amigo”.

Gobierno de Alfonsín. Llegó una nueva y más feroz dictadura. Al salir de aquella larga noche, en 1983, el radicalismo (reunificado) se impuso al peronismo en las urnas.
Como nuevo Jefe de Estado, Raúl Alfonsín ofreció a su vencido la presidencia de la Corte Suprema. Ítalo Luder rehusó el honor, pero el gesto de Alfonsín dejó acreditado su afán de asegurar una justicia independiente, así como su confianza en el peronismo.

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En un mensaje al Comité Nacional de la UCR, en Parque Norte, Alfonsín llamó en 1985 a una “convergencia democrática” y se quejó del “maniqueísmo”, que se traduce en “ineptitud para la negociación, el acuerdo, el compromiso”.

El presente. Hoy más que nunca, peronismo, radicalismo -junto a otros partidos- deben acordar políticas públicas, que dejen atrás la frustración, la desesperanza, las crisis recurrentes y los enfrentamientos crónicos. Sin borrar diferencias partidarias, el hecho de poner ciertos consensos bajo un paraguas -protegiéndolos así de contiendas electorales o parlamentarias- destrabará el desarrollo y hará posible la justicia social.

por Rodolfo Terragno
 

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Ricardo Balbín despide los restos de Juan D. Perón – Julio 1974

Fuente: 

Diario Clarín 12/9/2010

Informacion Adicional: 

Ver:
Enrique Pavón Pereyra –
Peron Balbín – Patética amistad – Editorial Albenda – Buenos Aires, 1985.

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