Pérez, solamente Pérez

Año 1970 o 71. Trabajaba como movilero en el noticiero de radio Mitre, cuando se lo reconocía como “Dos minutos de noticias”. Un incendio en un “conventillo de Barracas” provocó que el gerente de noticias, Aldo Cagnoli, dispusiera que el móvil (una Ford F 100 sin equipo de transmisión conectado) saliera para el lugar. Me tocó hacerme cargo. Avisé al noticiero de canal  Siete -en el que trabajaba por la tarde hasta la noche- dónde estaría, por si querían mandar una cámara al lugar, y así cubría la nota para ambas empresas.

Llegué a la calle Montes de Oca al fondo, cerca del Riachuelo; los bomberos estaban trabajando. Era una  dotación de los voluntarios de La Boca. Cuando me dejaron acercarme, una mujer visiblemente desesperada, salía corriendo a la calle gritando que en las piezas del fondo había garrafas y que si explotaban no quedaría nada de la casa. Por las dudas, dejo en claro que  el conventillo era de madera con techos de chapas (como todos los otros de la zona).  Uno  de los bomberos detuvo a la asustada mujer y le pidió algunas precisiones. Después de avisarnos que no entráramos, salió corriendo para los fondos  de la casa y  enseguida salió con una garrafa en cada mano, las que dejó en la vereda y de las que se hicieron cargo sus compañeros de dotación. Volvió a meterse corriendo por el oscuro y largo pasillo. Salió caminando más despacio, avisando que ya no había garrafas en el fondo. Quise pararlo para hacerle algunas preguntas y me contestó que “no, notas no, yo solo hago mi parte del trabajo.” Le pregunté cómo se llamaba y mirándome con lo que me pareció lástima, me respondió: “Pérez, solamente Pérez”. Se me ocurrió que el gesto debía ser conocido por más gente y decidí ir a la redacción de Clarín donde tenía algunos amigos.  Allí trabajaban dos hermanos Fernández; uno era ( para todo el periodismo) “Manzanita”, apodo que se había ganado por su cara colorada, su hermano era “Manzana chico” y había un tercer hermano en el diario Crónica “Manzanita chico”, también de cara colorada. Conté a Manzana lo que había pasado en el conventillo de La Boca. Sin hablar, me extendió una hoja de papel y señalándome una máquina me propuso-ordenó:  “Escribite unas líneas”. Al otro día, en  un recuadro al lado de la crónica del incendio había titulado: “Pérez, solamente Pérez.” Por Héctor H. Rodríguez Souza         

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Pérez, solamente Pérez
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