Peligra un edificio histórico, con un salón que hizo época

Esta sala de conciertos de fines del siglo XIX queda en Sarmiento 1374 y es un ícono de la comunidad italiana. Cerrado hace 5 años, se inunda cada vez que llueve y corre riesgo de derrumbe. En el interior, faltan piezas de valor.

Fue una de las primeras salas de conciertos y el edificio más importante que tuvo la colectividad italiana en Argentina. Hoy es una estructura al borde del colapso, cuya fragilidad pone en riesgo la belleza que desde hace 125 años habita en sus paredes. Ubicado en pleno centro porteño, Sarmiento 1374, el edificio Unione Operai Italiani (Unión de Obreros Italianos) sorprende a quien levanta la vista con un frente cubierto de motivos florales, angelitos y cuatro jóvenes semidesnudas detenidas en el tiempo y el espacio. Pero su planta baja está tapiada y su interior, destruido.

Los especialistas dicen que es una de las joyas del patrimonio de la Ciudad. Tiene un sector construido en 1884 que incluye al mejor salón hecho en Buenos Aires para esa época. Su pabellón de acceso y su fachada fueron diseñadas en 1913 por Virginio Colombo, uno de los grandes maestros del art noveau que tuvo Argentina. «Su salón principal, el Augusteo, fue entre 1885 y 1920, escenario de los más prestigiosos músicos de la época. Por allí pasaron grandes orquestas sinfónicas de distintas partes del mundo. En una ciudad que carece de salas para conciertos, es gravísimo que se pierda este lugar y que nadie haga nada», protestó Lucio Videla, vicedirector del Instituto de Musicología de la Ciudad.

Propiedad de la asociación italiana Unione e Benevolenza -que tiene su sede central a la vuelta, sobre Perón- el edificio de cuatro pisos está cerrado desde hace aproximadamente cinco años. En sus orígenes, funcionó allí una escuela donde los hijos de los inmigrantes aprendían el castellano, un hotel para gente de la colectividad y el gran salón Augusteo, que en la década del 90 comenzó a alquilarse para bailes y fiestas.

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El 29 de junio de 2006, un incendio provocó la caída de cuatro pisos y graves daños en el techo del salón principal. Desde ese entonces, cuando llueve, se inunda.

El panorama sombrío de edificio se oscureció más en el último mes, cuando llegó a la Defensoría del Pueblo porteña una denuncia sobre la presencia de operarios que cargaban en un camión puertas de estilo, piezas ornamentales y herrería. Las autoridades de Unione e Benevolenza se defendieron: «El camión lo pusimos nosotros, pero sólo sacamos escombros, nada de valor», justificó José Coluccio, uno de sus directivos. Sobre la posibilidad de restaurar el edificio, Coluccio respondió que la entidad no tiene los fondos para hacerlo y que la urgencia es reparar una medianera que corre riesgo de caerse. Gerardo Gómez Coronado, Defensor adjunto, visitó el edificio la semana pasada y acompañado de arquitectos, comprobó que hay faltantes -en pisos, ornamentaciones y herrerías- pero no recientes. Como medida más urgente, se comprometió a remitir un informe al Gobierno porteño porque debido al deterioro, aseguró que la estructura se encuentra en severo riesgo de derrumbe.

«El edificio tiene, desde 2008, una catalogación estructural que protege su fachada y espacios interiores como el Augusteo» explicó Juan Pablo Vacas, asesor del presidente de la Comisión de Patrimonio Urbano de la Legislatura. Es decir, por ley, está prohibida su demolición. «Sin embargo, me temo que ese sea su destino», comentó Bianca Schäfer, una historiadora del arte de Alemania, que además fue una de las pocas personas ajenas a Unione e Benevolenza que entró al edificio desde su cierre hace cinco años. Autora de las fotos que ilustran la nota (hay más en el blog www.virginiocolombo.blogspot.com), lamentó: «Esto me duele mucho. En Europa perdimos parte de nuestra identidad cultural por guerras, pero aquí demuelen su historia sin sentido».

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«Lo están dejando arruinarse de a poco y lógicamente, después van a decir que no se puede hacer nada porque sólo quedan escombros», remató Videla.

 

Fuente: 

Diario Clarín 16/4/2010

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