Padecer el horror, sobrevivir y dar testimonio para que no se repita

La Perla. Historia y testimonios de un campo de concentración es una investigación de los periodistas Ana Mariani y Alejo Gómez Jacobo. Reúne testimonios inéditos sobre el mayor centro clandestino de detención del interior.

A la vera de la ruta que une la capital de Córdoba con la ciudad balnearia de Villa Carlos Paz funcionó durante la última dictadura el más populoso y sangriento de los centros clandestinos de detención del interior del país. Estaba al mando del entonces jefe del III Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, bajo cuya órbita se contaba a diez provincias, por lo que allí se calcula pasaron unos 2.500 detenidos desaparecidos de distintos puntos del país.  El nombre con el que se conocía al lugar es no menos siniestro. Así como hay quienes siguiendo una tradición bautizan sus casas de campo con el nombre de la señora de la casa, «La Mari»; el nombre con el que se conocía a este lugar es al menos cínico. Ya que fue bautizado con el cariñoso mote que tenía la esposa de Menéndez. María Angélica Abarca, a la que llamaban Perla: «La Perla.» Un libro viene a llenar el vacío editorial que existía sobre este que fuera un polo estratégico en el mapa del horror para los militares de la última dictadura y se enmarca a días de que comience el juicio conocido como Menéndez III, una megacausa que unifica a 16 casos por los que se llamará a unos 650 testigos. La Perla. Historia y testimonios de un campo de concentración es una rigurosa investigación hecha por dos periodistas: una contemporánea a los detenidos, otro nacido en democracia; que a través de una treintena de historias de sobrevivientes reconstruyeron en crónicas parte de los sucesos allí ocurridos. Ana Mariani, pampeana, en los setenta pertenecía a la juventud peronista. En 1975 se fue del país, a vivir a Barcelona donde trabajó en editoriales. Su trabajo ha estado siempre abocado a temas de Derechos Humanos: es coautora de la publicación El horror está enterrado en San Vicente basada en sus investigaciones sobre exhumaciones de desaparecidos en este cementerio de Córdoba, que en 2005 fue finalista del premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Por su parte, Alejo Gómez Jacobo, cordobés, nacido en democracia, docente de Historia Argentina y periodista, también es especialista en Derechos Humanos y periodismo de investigación.   Es muy poco lo que hasta antes de la aparición de este libro había sido publicado, incluso en comparación con otros centros de tortura y desaparición de personas. Esta publicación cuenta con testimonios inéditos de sobrevivientes a los que les llevó un año a los autores rastrear. A través de bibliografía y testimonios orales y escritos se echa luz y se arma un rompecabezas desde historias individuales que sin embargo tienen piezas en común, que arman el hilo del plan de exterminio. Con un anexo documental con los nombres de los jefes responsables, memorizada y luego reconstruida por varios de los ex prisioneros entrevistados y la nómina aproximada del personal que operó en el período 1976-1978, en el destacamento 141, en los dos años de mayor producción mortífera en la escala de la represión militar en Córdoba.  Tiempo Argentino dialogó con Ana Mariani, a días de que comience el juicio en el que su trabajo seguramente va a cobrar relevancia. –Es el primer libro dedicado a investigar lo sucedido en La Perla –Sí, y era una deuda por tratarse del centro clandestino más grande del interior del país. Era un centro de exterminio, los que allí llegaban, morían. –Es decir que había muy pocos sobrevivientes.  –Nos costó mucho ubicarlos y cuando lo hacíamos, nos costaba ganarnos la confianza para que nos contaran lo que sabían. La importancia ahora del juicio que comienza será que han acumulado 16 causas, y el juicio puede durar más de un año. En el libro hay testimonios inéditos, gente que habla por primera vez, como Martha Zandrino, que vive en Francia y yo la entrevisté en Barcelona. Es la primera vez que habla de su historia.  –¿Qué le quedó más presente de los testimonios? –La mayoría quedó marcado para toda la vida. Algunos son profesionales, otros trabajan en algunas oficinas públicas, otros son abogados. Pero todos dicen que «de eso no se vuelve». Incluso hay un testimonio muy impactante, la mujer que es abogada, que estuvo en el primer juicio de Menendez, y dice «yo me morí en La Perla». Murió para seguir viviendo. Una marca para toda la vida.   Ester felipe, una de las víctimas de La Perla “Esa noche Ester Felipe y Luis Mónaco cenaron en la casa de los Felipe. Como Luis debía viajar a Córdoba a la madrugada, Ester y Paula, la hija del matrimonio, se quedaron a dormir ahí, y Luis volvió a su domicilio, de donde fue secuestrado después de medianoche. Unos minutos más tarde irrumpieron en la casa de los padres de Ester, a los que dejaron atados de pies y manos, y se llevaron a su hija. Paula dormía en su cuna”. Fue el 11 de enero de 1978, cuando fueron llevados a La Perla. La historia es escalofriante, como todas las historias. Quizás esta pareja cobre relevancia porque fue secuestrada ya en las postrimerías del funcionamiento de este centro clandestino, que dejó de operar unos diez meses después. También cobra relevancia porque Ester es la hermana de la querida cantante y música Liliana Felipe, que ha llevado esta historia en toda su producción artística. Radicada en México, y casada con la actriz Jesusa Rodríguez, Liliana Felipe está por presentarse en ND Teatro, en Buenos Aires con su espectáculo Diálogos entre Darwin y Dios que casualmente se estrena el 4 de diciembre, fecha que coincide con el inicio del juicio por la megacausa Menéndez III. La de su hermana Ester es una de las crónicas del libro La Perla… que más reconstruye la vida cotidiana, de amigos, seres queridos, de este matrimonio de detenidos desaparecidos de La Perla. Una bellísima mujer muy querida por su entorno. “Lo que nos lleva a Ester Felipe es porque su esposo Luis Mónaco era periodista, de Radio Universidad. Era hijo de un famoso pintor de Córdoba. Nos pareció terrible el testimonio de una de las sobrevivientes que nos dijo que a Ester le salía leche por los pechos porque había sido madre. Yo hablé con Paula, su hija, mientras hacíamos el libro. Ella ya es madre, también. Y está radicada en México, cerca de su tía Liliana. En el libro hablan sus amigos, cuentan historias interesantes sobre ellos. Quisimos darles a los desaparecidos una entidad, una identidad, contar a qué se dedicaban, qué les gustaba, cómo eran”, finaliza la autora. por Natalia Páez Fuente: 

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 Diario Tiempo Argentino 28/11/2012

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