«No puedo ocultar mi admiración por aquellos muchachos de la JP»

En El sable. Un thriller peronista el periodista y escritor Rodolfo Piovera recrea la historia de los dos robos del sable corvo del general San Martín que protagonizaron militantes de la Juventud Peronista en los años 1963 y 1965.     

En el atardecer del 12 de agosto de 1963, aniversario de la Reconquista de Buenos Aires, bajo la presidencia del doctor José María Guido, cinco militantes de la embrionaria Juventud Peronista, que entonces conducían Envar El Kadre, Jorge Rulli y Héctor Spina, robaron el sable corvo del General San Martín del Museo Histórico Nacional de Parque Lezama y se lo llevaron envuelto en un poncho. La acción pretendía generar un golpe de efecto y demostrar que el Peronismo, aún proscripto desde 1955, seguía vivo en las calles argentinas. En un panfleto, el grupo dejó sus reclamos: el retorno de Perón al país, la devolución del cadáver de Evita, la ruptura con el FMI, el fin de la proscripción del Peronismo, el  castigo a los responsables de los fusilamientos del ’56 y la libertad a los presos del Plan Conintes del gobierno de Frondizi.  El sable sanmartiniano, un símbolo histórico de la lucha por la libertad y la independencia americana, fue escondido en una estancia que estaba camino a Mar del Plata, cerca de Maipú. Dos semanas después, delaciones y torturas mediante, los militantes devolvieron la reliquia al Ejército. Dos años más tarde, el 19 de agosto de 1965, y con el radical Arturo Illia en la presidencia, otra vez cinco integrantes de la Juventud Peronista vuelven a ingresar al mismo museo y se llevan el sable sanmartiniano. Esa vez, lo ocultaron dentro de un colchón y lo depositaron en una guardería de muebles usados, hasta que diez meses después (el 4 de junio de 1966) es otra vez devuelto a los servicios del Ejército. Desde entonces permanece bajo custodia en el Regimiento Granaderos a Caballo General San Martín’. A través de un entretenido relato de 184 páginas, los dos robos y devoluciones de la reliquia del Libertador son contados por el escritor, historiador y periodista Rodolfo Piovera, en su atrapante libro, El sable, un thriller peronista (editorial Atlántida). Autor de una prolífica bibliografía histórica para niños y jóvenes, Piovera, que fue finalista en 2007 del XIV Premio Alberto Lista, de Sevilla (España), colaboró con las revistas Superhumor, El Periodista, El Gráfico, Billiken, El Observador, Gente y Conozca Más y en las agencias de noticias Télam y ANSA, así como en los diarios Clarín, Crónica y La Prensa. –¿Qué lo atrapó de la historia del sable sanmartiniano que cuenta en su relato?  –Que no fueron episodios aislados sino acontecimientos singulares, donde se cruzaron, como pocas veces antes, la historia, la política, el pasado y el presente. Fíjese la entidad que le dieron los muchachos peronistas que robaron el sable: devolverle a la espada el protagonismo que tuvo con San Martín. O sea que le dieron jerarquía de símbolo libertario eterno, uniendo las reivindicaciones de la guerra de la Independencia con la lucha por el retorno de Perón, igualaron la una con la otra. Además, ese viaje a los primeros años de los sesenta me permitió recrear una época de la que solo nos han llegado sus ecos más felices, como la explosión del rock o las locuras del (Instituto) Di Tella, cuando en realidad fue otro momento oscuro de nuestra historia, con represión y censura. –¿Cuáles son las fuentes que utilizó para construir el relato? ¿A cuáles de los protagonistas de los robos pudo contactar? –El paso del tiempo ha sido cruel con la mayor parte de los protagonistas de aquellas historias y ya no están con nosotros. Pero algunos encontré. Me resultaron muy valiosos los testimonios de Osvaldo Agosto, de Héctor Spina y Manuel Gallardo. También hablé con gente conectada de manera indirecta con el episodio, pero que tenían cosas que contar al respecto, como Beba Balvé o Toti Aguirre. En cuanto a la bibliografía en sí del episodio es casi inexistente: apenas unos artículos aquí y allá, siempre referidos al primer robo. Para la historia del sable propiamente dicho, que también la tiene y es muy rica, encontré buenos materiales en la Academia de la Historia. Lo mismo, por supuesto, para estudiar el contexto político. Y también la lectura de los diarios y las revistas de la época. –¿Por qué considera que el período de la Resistencia peronista es relativamente poco conocido? –Bueno, una muestra es la sorpresa que causa en muchos el saber que alguna vez se robaron el sable de San Martín. Y que los autores fueron unos muchachos peronistas que pedían el retorno del General. ¿Quién se acordaba de esto, además de sus protagonistas? Y eso no es todo. Hay un montón de episodios entre 1955 y 1970 que han sido olvidados, como robos de armas, tomas de fábricas, atentados explosivos… Bueno, ahora está más presente, por ejemplo, el desembarco en Malvinas (en 1966 un comando conducido por Dardo Cabo desembarcó en las Islas Malvinas y desplegó siete banderas argentinas en lo que se conoce como Operación Cóndor). Lo que pasa es que los sangrientos setenta hicieron tabla rasa con aquellas luchas, como si la pelea contra la opresión hubiera empezado recién en esa década. –¿Qué significado político tuvieron los robos del sable? –Devolvieron a la primera plana de los diarios las palabras Peronismo y Perón, que estaban prohibidas. Esa fue la intención de sus autores: mandarles una señal a los peronistas diciéndoles que estaban vivos, que la lucha continuaba y que no se dejaran abatir por el mensaje que les llegaba desde arriba, un mensaje despolitizador, de conciliación forzada. No hay que olvidarse que entonces crecía la imagen de (Augusto Timoteo) Vandor, de un peronismo sin Perón que se estaba queriendo instalar. Y el robo fue para decir que eso no iba a ser posible. –¿Cómo ve los robos a la distancia, como gestos simbólicos, de ingenuidad política, temerarios, arriesgados, creativos…? –No de ingenuidad, pero sí todo lo demás: temerarios, simbólicos y, sobre todo, muy creativos. Eso terminó de motivarme para escribir el libro. Por eso lo califiqué como un «thriller», porque tiene mucha acción, mucho suspenso… Hubo un robo, una persecución y un montón de anécdotas en el medio. Creo que fueron acciones cometidas en el momento histórico justo. No puedo ocultar mi admiración por aquellas operaciones y por esos muchachos que arriesgaron todo en un momento en que las mayorías estaban desmovilizadas.  por Alejo Luna Fuente: 

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Diario Tiempo Argentino 3/4/2013

«No puedo ocultar mi admiración por aquellos muchachos de la JP»
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