No más tumbas al “soldado desconocido”

Las numerosas notas periodísticas que se publicaron por la conmemoración de los 30 años de la Guerra de Malvinas me hicieron pensar sobre la necesidad de hacer conocer el valor de la nueva tecnología del ADN aplicada a la identificación no sólo de momias egipcias, sino también de restos humanos producto de atentados terroristas, tsunamis, fosas comunes y guerras.

 

 En casi todas las naciones del mundo existe la tristemente denominada “Tumba del soldado desconocido” o, como se halla inscripto en alguna piedra, “Sólo conocidos por Dios”. En la mayoría de los casos se trata de tumbas simbólicas que a veces ni siquiera tienen las cenizas de los combatientes que murieron por la patria. Después de la Primera Guerra Mundial surgió en el Reino Unido y Francia la costumbre de enterrar a sus soldados en tumbas con la leyenda “Tumba del soldado desconocido”. Con el andar del tiempo se fueron sumando otros países y actualmente casi todas las naciones tienen ese tipo de tumbas. Es el anonimato la razón por la cual existen, ya que al no haberse podido realizar la identificación de los restos humanos por los métodos convencionales, estos monumentos representan a todos los hombres y mujeres caídos al servicio de su nación. Algunos de los lugares donde se encuentran aún estas tumbas son: en la Argentina, el cementerio militar argentino de Darwin, en Malvinas; el Arco de Triunfo, en Francia; la Abadía de Westminster, en Gran Bretaña; el Cementerio Nacional de Arlington, en Estados Unidos; el Altar de la Patria, en Italia. En los Estados Unidos, la identificación de hombres y mujeres de las fuerzas armadas muertos en servicio fue siempre una prioridad de todos sus gobernantes. Michael Joseph Blassie, de 23 años, primer teniente de la fuerza aérea norteamericana, fue derribado de su avión Dragonfly A-37B en las proximidades de Saigón. Desafortunadamente, el avión se estrelló en una zona controlada por el enemigo, y fue imposible en ese momento examinar el lugar. Al tiempo, una patrulla vietnamita que recorría el área halló diversos restos óseos junto con otros elementos, que al tiempo fueron enviados para su análisis e identificación al Laboratorio Central de Identificación de la Armada de los Estados Unidos. Si bien algunos datos antropológicos sugerían que podía tratarse de Michael Joseph Blassie, en el informe forense fue designado como “desconocido”, y los restos se enterraron con la identificación X-26 en la Tumba del Soldado Desconocido del cementerio nacional de Arlington. Afortunadamente, en el mundo no sólo ocurren guerras y catástrofes; a veces hay descubrimientos tan relevantes para la humanidad que pueden cambiar rumbos y conductas. Tal fue el descubrimiento, en 1985, de la “reacción en cadena de la polimerasa”, en el medio científico comúnmente llamada PCR. Según cuenta su descubridor, Kary Mullis, fue concebida en una noche de verano mientras manejaba su auto camino a casa. Fuera de sí detuvo el coche y comenzó a explicarle a su asombrada acompañante que había “descubierto algo fantástico”: acababa de encontrar el método para multiplicar miles de veces la molécula de ADN, razón por la que fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1993. A partir de entonces la biología, la genética y las ciencias forenses comenzaron una nueva era, pues ahora contaban con una herramienta que podía multiplicar el ADN en forma exponencial y de este modo hacerlo visible. Actualmente, el ADN se ha transformado en una palabra familiar aun fuera del ámbito científico; se lo menciona en dibujos animados como el de Los Simpson , y no deja de aparecer frecuentemente en múltiples series televisivas. Todos los seres vivos lo poseen y se hereda de cada uno de los padres, se halla en todos los núcleos de las células que forman nuestro cuerpo, sangre, saliva, semen, pelos, huesos. Existen dos tipos de ADN: el nuclear y el ADN llamado mitocondrial, que es más pequeño y se encuentra en grandes cantidades en el citoplasma celular; eso lo hace altamente valioso en el análisis de restos óseos antiguos o sometidos a condiciones ambientales muy adversas (altas temperaturas, humedad, etcétera). En 1991, con el advenimiento de la técnica PCR aplicada al ADN mitocondrial, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos creó el Laboratorio de Identificación de ADN (Afdil), que ya ha identificado numerosas víctimas de las guerras de Vietnam y Corea, y también de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, a todos los soldados americanos les toman muestras de ADN, para que así no exista nunca más el “soldado desconocido”. Para ese entonces, Jane Blassie, madre de Michael, quería conocer la verdad y solicitó a los forenses del Afdil que aplicaran la nueva tecnología del ADN mitocondrial en los huesos enterrados en el cementerio de Arlington identificados como X-26. El ADN mitocondrial obtenido de esos restos fue comparado con el ADN mitocondrial de la madre y la hermana de Michael. Al coincidir, quedó demostrado fehacientemente que se trataba de Michael Joseph Blassie, y el 11 de julio de 1998 fue enterrado con todos los honores militares en el mismo cementerio donde se halla sepultado su padre. Ya han pasado 30 años desde la Guerra de Malvinas, y todavía perduran numerosas tumbas del “soldado desconocido”. Es hora de que la Argentina honre a los caídos en Malvinas implementando todos los medios necesarios para que se puedan realizar las pruebas de ADN identificatorio en los restos procedentes de las tumbas NN. Existen en nuestro país laboratorios altamente equipados y con profesionales idóneos que realizan estas determinaciones a diario en restos humanos hallados en fosas comunes, en atentados terroristas como el de la AMIA, en catástrofes aéreas como la de LAPA o la del avión de la línea aérea Sol, que se estrelló el año pasado en Chubut. Allí, el laboratorio del Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (SHDG) logró identificar todos los restos hallados, que fueron entregados a los familiares de las víctimas. Los restos de jóvenes no identificados yacen desde hace 30 años en territorio de Malvinas. Habiendo sacrificado sus vidas por la patria merecen tener un nombre, ser enterrados con todos los honores y finalmente ser llevados por sus familiares a casa. por Primarosa Chieri Fuente: 

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 Diario La Nación 18/4/2012

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