«No hubo negociación ni se nombró a ninguno de los generales que quería Rico»

A 24 años del alzamiento carapintada, el ex ministro de Defensa de Raúl Alfonsín cuenta su versión sobre esos hechos. Asegura que no hubo ninguna concesión y que esa fue una idea que instalaron los servicios de inteligencia de los rebeldes.

Semana Santa de 1987. La joven democracia que puso fin a la dictadura más sangrienta de nuestra historia aún no había cumplido cuatro años, cuando el país vio tambalear los cimientos de sus instituciones. Desde Campo de Mayo, el ex teniente coronel Aldo Rico y un grupo de militares se había sublevado frente al avance de los juicios por violaciones a los derechos humanos, mientras los generales que no se plegaron al alzamiento avisaban que no estaban dispuestos a disparar contra sus camaradas. Veinticuatro años después de esa semana histórica, Horacio Jaunarena, el ex ministro de Defensa de Raúl Alfonsín que llevó a cabo las negociaciones más duras con Rico y los sublevados, recordó ante Clarín los pasajes centrales de aquellos hechos.

¿Cómo fue creciendo la tensión con los militares que derivó en el alzamiento carapintada de 1987? Hay que recordar que en 1983, cuando se recuperó la democracia, teníamos un gravísimo problema: las violaciones a los derechos humanos que habían perpetrado la dictadura y los integrantes de las organizaciones ilegales como Montoneros, ERP, etc. Frente a esto, Raúl Alfonsín dijo durante la campaña que el próximo Gobierno no podía comportarse como si nada hubiera pasado, distinguió – antes de la elección de octubre – entre los militares que habían dado las órdenes y aquellos que las habían cumplido, y se sancionaron leyes que trataron de cumplir con ese objetivo. Pero se hacía muy dificultoso porque los tribunales citaban a declarar a personal militar que claramente estaban dentro de los que habían cumplido las órdenes. Había una situación muy compleja entre civiles y militares, que no es la de ahora. Se producían incidentes por gente que se negaba a declarar, que quedaban arrestados … Así que con las instrucciones a los fiscales y la Ley de Punto Final se trató de encaminar la situación. Pero ninguna de las dos medidas produjo el resultado que él pretendía y se resolvió dictar la Ley de Obediencia Debida (O.D.).

¿Su entrada en vigencia no fue parte de la negociación? No. La ley de O.D. se estuvo trabajando mucho antes. Un mes antes de Semana Santa, Alfonsín da un discurso en Las Perdices, Córdoba, y anuncia que se va a dictar la ley. Pero mientras se trabajaba sobre esa ley, un militar que estaba citado, Ernesto Barreiro, de Córdoba, no va declarar y se refugia en una unidad militar. Aldo Rico, que estaba en el norte, se subleva con un conjunto de hombres. Luego se refugia en Campo de Mayo y pasa el jueves y el viernes sin que podamos reducirlo.

¿Hablaba usted con él? No, el entonces Jefe del Ejército, Héctor Ríos Ereñú, y la jerarquía de esa fuerza. El sábado se abre una instancia donde un teniente coronel retirado, Vila Melo, que había sido profesor de Rico en el Colegio militar, que tenía diálogo con él, pide una reunión con las autoridades del Gobierno. Alfonsín me indica que vaya con dos ideas muy concretas: conseguir que los rebeldes desistieran de su actitud y evitar derramamiento de sangre. Eran las dos órdenes claras que tenía.

¿Qué reclamaba Rico? Voy a ver a Vila Melo y él me transmite las exigencias de Rico, que eran, primero, lo que llamaba la “solución política” de los juicios, la amnistía. Lo segundo que pedía era el cese de la campaña contra las fuerzas armadas de los medios de comunicación, en tercer lugar pedía un incremento del presupuesto militar, el cuarto punto era el relevo de Ríos Ereñú y que el Gobierno eligiera – entre una lista de cinco generales – al jefe del Ejército. Y lo quinto que pedía era que nadie fuera sancionado por el alzamiento.

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¿Qué le contestan? Yo voy esa noche del sábado a verlo a Rico, y tenemos una reunión áspera y larga, donde yo le digo, primero, que el Gobierno ya ha dicho lo que va a hacer con los juicios, y es lo que dijo Alfonsín en el discurso de Las Perdices. Se iba a dictar la ley de O. D. y no iba a haber amnistía. Sobre los medios de comunicación, le digo: “usted sabe Rico que en un gobierno democrático los medios no se avasallan, son libres para decir, publicar o informar lo ellos dispongan, así que el Gobierno no va a mover un solo dedo para restringir esa libertad. Sobre el aumento del presupuesto usted sabe la crisis económica que existe en la Argentina, es imposible que podamos dar mucho más de lo que ya hay. En cuarto lugar, Ríos Ereñú ya pidió el retiro y nosotros nunca vamos a elegir un jefe porque usted lo proponga. El presidente va a elegir el Jefe del Ejército que él quiera. Y en quinto lugar, respecto a que nadie sea sancionado, el juez ya está interviniendo, y el Gobierno no se entromete con la Justicia. La reunión se prolongó bastante hasta que en un momento le digo: “mire Rico, no sé cuánto tiempo más podemos contener a la muchedumbre que se ha reunido y que usted puede ver por TV”.

¿Había civiles armados? No sé, no creo. Pero era una muchedumbre, con la Plaza de Mayo repleta y en Campo de Mayo había como 10 mil personas. Entonces le digo: “reflexione lo que puede pasar“. Y él, al final, me dice: “yo no puedo ahora entregarle la escuela a usted, porque la gente que está muy nerviosa, hace cuatro días que no duerme, y yo tengo que persuadirlos de que tenemos que entregar el regimiento, así que yo mañana a las diez se le voy a entregar”.

¿Cómo reacciona Alfonsín? Tiene un gran alivio porque se había cumplido lo que él quería y no había habido derramamiento de sangre. Cuando el día siguiente voy a recibir la unidad, como habíamos quedado, aparece Rico con unos guardaespaldas y me dice “usted me traicionó”. “¿Qué está diciendo, Rico?”, le digo. “Que usted me traicionó, me corrió con la vaina, quiere ser el héroe y va a decir que nos redujo sin darnos la amnistía, cuando ha habido gente que ha venido después de usted y me ha dicho que el Gobierno está dispuesto a dar la amnistía. Eran gente radical, gente del Gobierno que me informó eso”.

¿A quién se refería? Rico dijo que había sido el intendente de San Isidro, Melchor Posse, que era radical. Después Posse lo desmintió a eso. Entonces Rico dijo: “Bueno, si es cierto lo que usted dice, yo quiero que venga el Presidente y nos diga cuál es la intención del Gobierno”. Entonces, hablo con Alfonsín, le explico, y él, convencido de que tenía que evitar el derramamiento de sangre, va a Campo de Mayo. Rico no tiene ninguna conversación privada con Alfonsín y le entrega la unidad formada. En ese momento uno de los sublevados, un teniente coronel, se arrima a Alfonsín llorando y le cuenta lo que ellos habían padecido en la guerra de Malvinas, cómo los habían dejado sin pertrechos, los habían abandonado a su suerte, y cómo ahora los perseguían a muchos de ellos sin que hayan tenido que ver con la represión. Eso a Alfonsín lo conmueve. Luego se vuelve ya con la unidad rendida y en la Plaza dice el famoso: “La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina”. Es interesante recordar la frase completa, porque algunos lo dicen peyorativamente. Fíjese que después, cuando Seineldín se revela contra Menem, hubo 14 muertos. Luego comienza a instalarse la idea de que hubo una negociación, la empiezan a difundir los propios mecanismos de inteligencia carapintadas.

¿No hubo ninguna concesión? Ni hubo negociación por la ley, ni se designó a ninguno de los generales que quería Rico. Ríos Ereñú ya había pedido el retiro el viernes, cuando no pudo reducir a Rico. Y cuando termina Semana Santa nombramos a José Caridi como jefe del Ejército. Entonces, ni hubo amnistía, ni se nombró al general que querían, ni se aumentó el presupuesto, ni se presionó a los medios, y Rico fue procesado y terminó preso. Tan preso que después se escapó y se sublevó en Monte Caseros donde volvió a rendirse.

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¿Cuántos regimientos creían que podían sumarse al alzamiento? En el Ejército había una situación de empate. Rico no tuvo el apoyo que esperaba. Prácticamente fuera del foco de la Escuela de Infantería, no había otros. Pero también es cierto que nosotros teníamos problemas para reprimir, porque las tropas si bien no se plegaban tampoco querían tirar contra sus propios camaradas.

¿Sintieron que las cosas se les podían ir de las manos? No, el domingo 19 de abril cuando llegué fue un momento difícil porque yo estaba solo con mi ayudante, un capitán de la Marina, Orsese. Y Rico entró al lugar con una escolta de 14 o 15. Ellos, creo que para asustarme, le sacaban el seguro a las armas. Yo estaba con mi lapicera nomás y Orsese, que también estaba desarmado. Allí se desarrolló una conversación que comenzó muy mal. Y Alfonsín también corría cierto riesgo porque no sabía qué podía pasar, pero no dudó en ir. Entonces Ríos Ereñú llama a todos los generales que estaban allí y les dice que tienen que garantizar con su vida la vida del presidente.

¿Cómo reaccionó la oposición? El peronismo, Antonio Cafiero y todos los diputados estaban claramente defendiendo la democracia. Nos apoyó todo el espectro político y también los gremios. Fue decisiva la actitud de la gente que se movilizó en todo el país y los gremios que decretaron un paro. No hubo prácticamente en la sociedad nadie que apoyara la rebelión.

¿Habían visto venir el alzamiento? Si, porque era incontrolable, porque había más de 3 mil causas y no estaba clara la situación de quiénes habían cumplido órdenes y quiénes las habían dado, y había una situación ambigua para una enorme cantidad de personal militar, que no sabía qué es lo que iba a suceder. No se olvide que por alguna razón el peronismo pretendía la amnistía. Después la dictó Menem.

¿Cómo ve los juicios que se están llevando a cabo actualmente? Me parece que está bien que intervenga la Justicia, pero creo que es preocupante la excesiva prolongación de los juicios. Hay gente que está detenida desde hace más de cinco años sin condena, hay más de 100 personas que estaban detenidas y murieron sin sentencia, y hay más de 500 oficiales detenidos y una marcha de los juicios extremadamente lenta. Esto me parece que no es bueno para nadie, ni para la democracia ni para nadie. Y lo que me preocupa además es que la historia oficial que se pretende imponer es una historia hemipléjica, porque se cuentan las barbaridades que cometieron los militares en la represión, que es repudiable y repugnante, pero no se cuenta con el mismo énfasis, más bien se olvidan, las atrocidades que cometieron Montoneros y el ERP.

No es lo mismo que la violencia ejercida desde el Estado, al que uno le exige una respuesta más garantista.

Sin duda, el brutal error de la represión como se hizo fue que en realidad, por la metodología, se colocaron en un mismo nivel moral represores y reprimidos. No es lo mismo reprimir desde el Estado que cometer actos de violencia por fuera. Pero si bien no es lo mismo, tampoco da igual que esta gente haya sido violenta o no. Yo como ministro visitaba unidades militares. Un día venía un teniente coronel y me decía: “en esa cama dormía mi compañero fulano, que lo mataron cuando estaba esperando el colectivo por llevar el uniforme puesto”. Entonces volvía al Ministerio y venía una madre y me decía: “usted que es ministro de Defensa devuélvame a mi hijo que lo chuparon los militares”. Ese era mi mundo.

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por Silvana Boschi

Fuente: 

Diario Clarín 23/4/2011

Informacion Adicional: 

La rebelión carapintada:

El juicio a los ex militares comenzó en forma oral y pública el 22 de abril de l985yconcluyó con la sentencia de a Cámara Federal en diciembre del mismo año- Los Tenientes Generales y ex Presidentes de Facto Jorge Rafael Videla y Roberto Eduardo Viola, el Brigadier General Orlando Ramón Agosti y los Almirantes Emilio Eduardo Massera y Armando Lambruschini fueron acusados y sentenciados por los delitos de homicidio, privación ilegítima do la libertad y aplicación de tormentos a los detenidos. También fueron sentenciados por e1 Consejo Supremo de as Fuerzas Arma-das el Teniente General Leopoldo Fortunato Galtieri, el Brigadier General Basilio Lamí Dozo y el Almirante Jorge Isaac Anaya (absuelto por la justicia civil en el anterior proceso» Si bien esta experiencia de enjuiciamiento generó un precedente histórico no sólo para Argentina, sino también para Latinoamérica, donde las experiencias de los Golpes de Estado siempre hablan quedado impunes, ciertos sectores de la sociedad consideraron que las penas otorgadas eran insuficientes además muchos acusados de m000rrango habían quedado absueltos.

Seguidamente, y para dar por concluido el capítulo correspondiente a los crímenes cometidos durante la dictadura, Alfonsín envía al Congreso el proyecto de ley que se conocería como de Punto Final y que fuera aprobado el 23 de diciembre de 1986. Según esta ley quedaba extinguida toda acción penal contra civiles y/o militares que no hubieran sido imputados por delitos cometidos en las operaciones antisubversivas dentro de un determinado plazo (basta el 23102/87). La Ley de Punto Final produjo el rechazo y malestar en importantes sectores de la sociedad civil, pero también en el seno de los sectores castrenses.

El 16 de abril de 1987 el Teniente Coronel Aldo Rico y un grupo que lo acompañaba conocidos como los carapintadas, se amotinaron en la Escuela de infantería de Campo de Mayo resistiendo la citación que la Justicia fe hiciera al Mayor Ernesto Guillermo Barreiro (refugiado en el XIV Regimiento de Infantería Aerotransportada, en La Calera Córdoba, declarada también en rebelión). Los insurrectos solicitaban el cese de la campaña de agresión do los medios de comunicación contra las Fuerzas Armadas, un aumento del presupuesto para esas fuerzas la elección de un nuevo Jefe del Estado Mayor del Ejército de entre cinco postulantes que ellos propondrían y a exculpación para todos aquellos que hubieran participado en los hechos que se estaban sucediendo. Mientras tanto en todo el país, la gente se agolpó en las calles y las plazas para expresar su apoyo al gobierno constitucional y su repudio a la actitud de los carapintadas.

Luego de varios intentos para solucionar la crisis fue el mismo Alfonsín quien tuvo que hacerse presente en Campo de Mayo y lograr que Aldo Rico depusiera su actitud. Esto fue comunicado rápidamente a  gente reunida en la Plaza de Mayo.

Inmediatamente se produjo la sustitución del General Héctor Ríos Ereñú como Jefe del Estado Mayor por el General José Dante Caridi. Pocos días después Alfonsín envió al Congreso el proyecto de Ley de Obediencia Debida promulgada el 8/6/87) que sólo admitía el procesamiento de quienes se desempeñaban por encima del rango de brigadier, es decir aquellos que habían impartido órdenes yque habían contado con capacidad operativa para ejecutarlas. Hubo sólo una excepción: era el caso de los delitos de sustitución de estado civil y de sustracción y ocultación de menores.

Fuente: www.portalplanetasedna.com.ar

 

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