Murió Miguel Fitzgerald, quien realizó patriótica travesía a Malvinas

En 1964, Miguel, descendiente de irlandeses con un pequeño avión llegó a las Islas Malvinas para entregar una proclama al gobernador imperial. Falleció el jueves pasado a los 84 años.

Como director de Aeromarket, pero sobre todo como amigo y admirador, informo con profunda tristeza que Miguel “Mike” FitzGerald falleció anoche (25/11) en su departamento de Buenos Aires.

Conocí a Miguel desde siempre. Mi padre y él fueron entrañables amigos. En aquella infancia que viví, entre hélices y hangares, en el aeródromo de Monte Grande, éste “cóndor solitario” se destacó siempre.

Fue un recordman inigualable para éstas latitudes.

Afortunadamente, el año pasado estuvimos varias jornadas con él para escribir tres notas sobre sus más conocidas proezas. Doy gracias a Dios por ese tiempo exquisito en que pude escuchar de sus labios cada detalle y cada vivencia. La Legislatura de Buenos Aires alcanzó a reconocer sus méritos hace algunos meses.

La mayoría lo han conocido como el héroe que, desafiando a los británicos, voló a las Islas Malvinas y plantó el Pabellón Argentino reclamando la devolución de aquella usurpada porción de nuestro territorio.

Hombre de fe, entereza, generosidad y profundas convicciones cívicas, transitó por la vida dejando una huella profunda. Fue el arquetipo del aviador legendario de aquellos gloriosos años 60.

Extrañaremos a Miguel, pero sus hazañas nos acompañarán por siempre.

Corría el año 1964 e iban a ser tratadas en la ONU, las Colonias en América y ahí entraban “Las Islas Malvinas”.

En todos los hangares, la charla entre pilotos era el gran sueño de volar hasta ese territorio y plantar nuestra bandera, esa celeste y blanca por la que dieron la vida tantos héroes.

Miguel FitzGerald un joven aviador descendiente de irlandeses, no quiso que sea sólo un sueño y organizó en silencio este viaje. Necesitaba el respaldo de la prensa ya que la sanción que recibiría ante tal hecho sería más que seria.

Habló con el diario “La Razón”, cuyo director era el Sr. Félix Laíño a quien no le interesó la cobertura. Entonces sin perder tiempo, se dirigió a un diario nuevo cuyo director era un joven, el Sr. Héctor Ricardo García, sí, hablamos de “Crónica” y sí se interesó. Ofreció solventar el viaje a cambio de que un fotógrafo propio lo acompañara. Don Miguel NO aceptó.

Su amigo Siro Comi, representante de los Cessna y presidente del Aeroclub de Monte Grande le prestaba un avión y el combustible lo pagaba él.

Partió del Aeroclub un 6 de septiembre de 1964, llegó a Río Gallegos, de allí voló a Malvinas, sin hoja de ruta sólo con cálculos propios para no ser captado por los radares. Aterrizó en las islas el 8 de septiembre día en que cumplía 38 años, colgó nuestra bandera en un alambrado y entregó a unos pobladores una proclama pidiendo que se la remitan a su gobernador. Luego de esto una gran cantidad de britanicos lo escoltaron hasta su salida hacia el continente, pero la meta estaba cumplida, ¿cuánto estuvo en la isla? Nada, tan solo 15 minutos y siempre solía destacar “¡Más de 22 horas de vuelo para que me recuerden por esos 15 minutos!” y se reía con satisfacción.

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La nota que les dejó, decía: Yo, Miguel Fitzgerald, con todo el derecho que me da ser ciudadano argentino, les exigo que se retiren de las Islas Malvinas. (RP)

De Río Gallegos llegó a Ezeiza donde esperaba se le quitara su carnet de piloto civil y se encontró con la enorme sorpresa que fue tan grande el estupor de la gente y la alegría que el Presidente Dr. Illia no tuvo más que recibirlo porque el pueblo estaba más que complacido.

Hasta ese momento los kioscos de diarios compraban los periódicos y en ese día el único que se vendió fue la tirada de “Crónica”, ante esto es que pidieron los kiosqueros se acepte la devolución de los ejemplares y a partir de ahí los diarios quedan en consignación.

Ha sido un honor poder escuchar a este personaje, ya octogenario, con la humildad de los grandes, relatando su hazaña como algo simple. Nos visitó en el año 2006, declarado “Visitante Ilustre” de nuestro territorio, entre otras cosas.

Don Miguel FitzGerald un civil que se adelantó en pos de nuestro territorio, años más tarde, militares y jóvenes que hacían el servicio militar obligatorio, intentaron con gran heroísmo recuperar esas islas que demandan nuestros colores.

El 25 de noviembre de 2010, inició su último gran viaje y no solo para los que tuvimos el altísimo honor de conocerlo, sino para todo el pueblo argentino vivirá para siempre.

¡Viva La Patria! ¡Hasta cualquier momento!

por Luis Alberto Franco
 
 
 

 

 
 
 
 

Fuente: 

www.malvinense.com.ar 29/11/2010

Informacion Adicional: 

Memorias de un aviador solitario y su aventura en las islas Malvinas

Miguel FitzGerald fue el primer argentino en volar a las islas y plantar la Bandera nacional. Lo hizo en 1964, piloteando un Cessna, el día de su cumpleaños. Dejó una proclama y regresó.

En la casa de Miguel FitzGerald hay mucho movimiento, porque le festejan sus 80 años. Y él, hijo de padre y de madre irlandeses, acomoda su cuerpo alto y flaco en un sillón del living para relatar la hazaña de su vida. Es su propio festejo. Quizá Miguel no lo sabe. Al menos por la forma en que lo cuenta, pareciera que aterrizar en las islas Malvinas en l964, difundir una proclama y plantar una bandera argentina en ese suelo fue una ocurrencia que tuvo. Va desgranando paso a paso esa historia tan familiarizada con él, que una primera impresión puede hacerle a uno pensar que Miguel no le da demasiada importancia, que hizo algo que creía que debía hacerse, y ya. Pero Miguel llevó a cabo, hace 42 años, un sueño que tuvo, y su Cessna quedó estampado en ese año que lo tuvo por protagonista.

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Ser piloto civil, dice, es una vocación. “Ya a los seis años tenía esa chifladura”, sintetiza. A los 16 voló planeadores y a los 20 aviones con motor. Trabajó en Aerolíneas, hizo fotografía aérea, taxi aéreo, remolque de carteles. El aclara: “Menos fumigación y contrabando, hice de todo”.

Ese año, 1964, Malvinas estaba en la agenda de la ONU. No por iniciativa del gobierno argentino, sino por decisión de la Asamblea, se iba a tratar el tema de las colonias en América. Y en los hangares del país, en las charlas entre pilotos, aparecía y reaparecía un sueño: mandarse, plantar bandera.

Miguel decidió que lo haría. Un amigo suyo trabajaba en La Razón y averiguó si al diario le interesaba la cobertura. A Miguel a su vez le interesaba la difusión, porque podía ser sancionado por la Fuerza Aérea con una suspensión severa. El viejo Félix Laiño (editor del diario de los Peralta Ramos) no se interesó para nada. Pero acababa de salir otro diario, Crónica, y a su joven director se le subió ese viaje a la cabeza. “Me ofreció el avión, la nafta, los gastos, si viajaba conmigo un fotógrafo del diario. Pero ese viaje era mío. Yo solamente quería que me hicieran una nota cuando volviera, para cubrirme.”

El Cessna se lo prestó finalmente Siro Comi, el presidente del Aeroclub de Monte Grande, que era representante de esa marca de aviones. Fue redactada la proclama que reivindicaba a las islas como argentinas, y Miguel partió rumbo a Río Gallegos, hacia su hazaña personal. Era el 8 de septiembre de 1964 y ese mismo día él cumplía 38 años.

Quince minutos

“Cuando uno está volando y está haciendo algo arriesgado, no piensa en nada más que en eso. Está concentrado en lo que está haciendo. Yo soy así, muy cerebral”, dice Miguel, como si haber hecho lo que él hizo no exigiera al menos un impulso fenomenal. En Río Gallegos, su pista de despegue fue la del Aeroclub, que no tenía torre de control monitoreada por la Fuerza Aérea. Y se mandó. Y cuando lo cuenta vuelve atrás.

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“Yo salgo de Gallegos, vuelo mar adentro, a las tres horas y quince minutos veo el archipiélago. Desde arriba se ve un rectángulo como de cien islas e islotes. Voy diciendo ‘operación normal’, y en Gallegos hay gente que entiende lo que digo. Cuando sobrevuelo el archipiélago, una capa muy densa de nubes me impide ver. No puedo zambullirme entre las nubes, porque en alguna parte de ese rectángulo hay un cerro de seiscientos metros de altura. Espero un claro. Lo veo. Y me lanzó hacia debajo de la capa de nubes, identifico Puerto Stanley, busco la pista de cuadreras, y aterrizo. Me bajo del avión, saco la Bandera y la cuelgo del enrejado de la cancha. Viene un hombre de los que se habían juntado a ver el aterrizaje. Me pregunta si necesito combustible. No se le ocurre que soy argentino. Le doy la proclama y le digo: ‘Tome, entréguele esto a su gobernador’. Me subo al avión y vuelvo a Gallegos. Habré estado en Malvinas unos quince minutos.”

Cuando llegó a Río Gallegos, Héctor Ricardo García, el director de Crónica, empezó a jugar su papel. Crónica tenía la primicia. El título en letra catástrofe fue: “Malvinas: hoy fueron ocupadas”. Ese día, 8 de septiembre de l964, no se habló de otra cosa. La Razón registró uno de los días de más bajas ventas de su historia. Su competidor llamó la atención e inauguró un estilo periodístico. Cuenta la leyenda que hasta ese día los diarios no aceptaban devoluciones, pero los canillitas presionaron tanto a La Razón para devolverle sus ejemplares que ese antecedente después modificó el negocio y la relación entre los dueños de los diarios y los repartidores.

Al volver a Buenos Aires, en Aeroparque, los muchachos de Tacuara esperaban a Miguel. Lo subieron a un jeep y lo llevaron a dar vueltas por la ciudad, como a un héroe. Ese recibimiento y el festejo popular impidieron a la Fuerza Aérea suspender la matrícula de piloto de Miguel: fue solamente apercibido.

Miguel busca la tapa de Crónica, y no la encuentra. No es de extrañar en un hombre que hizo lo que hizo y ni por un momento se lamentó de no tener una foto que hubiese registrado la hazaña. Miguel es un piloto solitario que ya dos años antes había hecho el primer vuelo sin escalas desde Nueva York a Buenos Aires. Ayer, cumplió ochenta años, y parecía satisfecho de la vida que ha vivido.

por Sandra Russo

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