Murió Manuel Fraga Iribarne, patriarca de la derecha española

Fue clave durante la transición del régimen de Franco a la democracia; tenía 89 años.

Manuel Fraga Iribarne será siempre recordado, en la historia de España, como el «presidente que no fue». Al experimentado político gallego, fallecido anoche a los 89 años, en Madrid, por una afección respiratoria que padecía desde febrero, sólo le faltó llegar al Palacio de la Moncloa para completar una carrera sin comparaciones en el proceso que llevó a España a recuperar la democracia, tras la dictadura de Francisco Franco (1939-1975).

 Su papel en esa transición fue una de las misiones más complejas en la era del deshielo posfranquista, ya que debió conducir a la derecha española hacia la democracia y tomar, a la vez, distancia de un gobierno de facto del que había sido parte por casi un cuarto de siglo como ministro polifuncional y vicepresidente. Tras la muerte de Franco, sus vínculos con el extinto régimen no impidieron que fuera rápidamente aceptado como un actor fundamental dentro del flamante Estado de Derecho por todas las fuerzas políticas, incluso por el Partido Comunista, formalmente legalizado en 1977. La influencia de Fraga se institucionalizó a través de la fundación de la Alianza Popular (AP), en septiembre de 1976, que presidió desde entonces. A la cabeza de esa fuerza -que en 1989 se transformaría en la semilla del gobernante Partido Popular (PP)-, Fraga se posicionó, entonces, como el candidato más importante a la presidencia de España y, también, como el principal defensor de las ideas del movimiento nacional franquista en la democracia. «Creemos en la democracia, pero en la democracia con orden, con ley y con autoridad», dijo el líder de AP tras fundar el partido, que, con gran apoyo en sus actos políticos, parecía destinado a una victoria natural. Pero en las elecciones presidenciales de junio de 1977 y contra todas las predicciones, Fraga apenas rozó el 10% de los votos y cayó derrotado ante la supremacía del más moderado y renovador Adolfo Suárez, de la Unión de Centro Democrático (UCD). Aquella inesperada bofetada signó la carrera política de Fraga al trabar sus intenciones de llegar a la presidencia. Pero, infatigable, Fraga no se dio por vencido y su participación en la política fue luego fundamental en la gestación de un espacio de peso para la derecha. EL ESTIGMA Este batallador político nacido en Lugo el 23 de noviembre de 1922 siempre debió lidiar con el estigma de haber formado parte de la dictadura de Franco, dentro de una sociedad española que tomó distancia de ese período mucho más rápidamente de lo que muchos de sus correligionarios esperaban. El vínculo de Fraga con el régimen se inició en 1951, cuando, por sus antecedentes como profesor de Derecho, fue designado secretario de Cultura Hispánica. Hábil orador e inteligente escritor (llegó a publicar más de 80 libros sobre política), fue convocado desde el Instituto de Estudios Políticos y desde el Ministerio de Educación. Su proyección pública tomó impulso casi una década después, en 1962, cuando Franco lo nombró ministro de Información y Turismo. En ese cargo, que ocupó durante siete años, hizo campañas de promoción en el exterior para volver a atraer al turismo internacional, alejado de España por la oscura imagen de postergación y cierre que el país sufrió desde el final de la Guerra Civil (1936-1939). Su labor es recordada hoy como trascendental en el proceso de «apertura económica» experimentada en la década de 1960. Desde ese mismo cargo, y como parte del ala renovadora del movimiento nacional, también participó de la aprobación de la ley de libertad religiosa y, posteriormente, respaldó los primeros intentos de dictar una amnistía política. Estos gestos ayudaron a que, tras la muerte del Generalísimo, el 20 de noviembre de 1975, Fraga integrara el gobierno provisional que buscó restaurar la normalidad democrática. Así fue designado vicepresidente segundo y ministro de la Gobernación del Ejecutivo presidido por Carlos Arias Navarro, que estuvo en el poder hasta julio de 1976. Más allá del revés electoral sufrido, la historia grande de España le guardaba a Fraga un lugar irrenunciable: entre 1977 y 1978 formó parte del selecto grupo de políticos que, junto con nombres de la talla de José Pedro Pérez-Llorca y Miguel Herrero, sentaron las bases de la Constitución. La sanción de la Carta Magna, en combinación con la aplicación de los Pactos de la Moncloa, impulsó el fuerte desarrollo económico y social que transformó profundamente a España en las tres décadas posteriores. Luego, Fraga intentó recuperar a la AP y disputarle el poder al socialista Felipe González en la década de 1980, pero todos sus intentos resultaron infructuosos ante el carisma y la hegemonía lograda por su contrincante tras su llegada a la Moncloa. No obstante, y más allá de retirarse momentáneamente de la política española después de ser elegido eurodiputado en 1987, Fraga continuó trabajando en la construcción de una fuerza política de derecha que captara el respaldo de los españoles descontentos con el socialismo. En 1989 transformó a la AP en el más moderno PP, en el que designó a un joven José María Aznar como candidato a presidente. Así, el veterano político, que presidió el PP entre 1991 y 2006, no sólo vivió para ver la consagración de José María Aznar como presidente en 1996 y 2000, sino también la de Mariano Rajoy, que consiguió tres semanas atrás hacer realidad el sueño negado a Fraga. por Adrián Sack Fuente: 

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 Diario La Nación 16/1/2012

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