Murió Lily Berni, musa y heredera del artista que conmovió al mundo

Ayer, y acompañando al frío y las ganas de llover que tenía la tarde, trascendía una triste noticia para el mundo del arte: a las 2 de la madrugada, fallecía la primogénita del artista plástico que sedujo al mundo entero con su obra, el rosarino Antonio Berni (1905-1981), el artista argentino mejor cotizado. Su verdadero nombre era Elena Ana Margarita Berni, pero todos la conocían como Lily Berni. Una enfermedad pulmonar, que un cáncer agravó en los últimos meses, se llevó a la que fuera una de las musas del autor de obras como Cristo en el departamento o El obrero encadenado, que ella donó en 2012 al Museo Nacional de Bellas Artes, al mismo tiempo que vendía otro llamado La siesta. En 2009, el Museo le había comprado otra importante obra: Pesadilla de los injustos, que se sumó al conjunto de más de 20 obras que el Museo ya tenía.

Lily fue la heredera de la mayoría de los cuadros de su padre a partir de un acuerdo con su medio hermano José Antonio, quien le cedió una parte. Y esa herencia le trajo problemas dignos de una buena novela policial. En 2003, la hija de Berni denunció a W.C, un tarotista y parapsicólogo que era el ex apoderado de su padre y a quien también ella, soltera y sin hijos, había nombrado como heredero de todos sus bienes, por “retención indebida” de los cuadros. Le faltaban, decía 46 obras. En febrero 2005, el juez Eduardo Daffis Niklison extendió la búsqueda a todo el mundo. En julio de 2005, Berni recuperó la mayor parte de los cuadros y la Justicia sobreseyó a W.C. Lily, que nació en París en 1930 y jamás renunció a la nacionalidad francesa, fue uno de los frutos del primer viaje de su padre a Europa. París marcó a Antonio Berni en su cruce de vanguardia y política. Allí conoció a su primera esposa y madre de Lily, la escultora francesa Paule Cazenave. Los tres volverían a Rosario en 1931: el artista no quería vivir alejado de su tierra. El periodista Fernando García, autor del libro Los Ojos: vida y pasión de Antonio Berni – la 3a. edición acaba de salir por la editorial rosarina Ross–, afirma, al explicar la compleja relación que Lily mantuvo con su padre, que “ella también tenía cierto interés, cierta habilidad para pintar, pero su padre nunca la alentó”. Añade que “en su departamento, en el barrio de Once, donde el artista Luis Benedit le armó un loft con espacio preparado para guardar importantes obras de arte, había frases de su padre en la pared, y dos cabezas esculpidas de sus padres hechas por su madre, además de parte de la biblioteca del artista, muchos libros traídos de Francia y un retrato de Gombrowicz, que había sido amigo de su madre”. Y cierra, “Era una tipa de mundo, con un interés por la política internacional y el arte heredado de Berni, y muy generosa si lograba entrar en confianza. Para trabajar en la biografía, me abrió el archivo y el depósito de las obras y, sobre todo, expuso sus recuerdos sin condiciones”. Ayer, los restos de la que fuera retratada por su padre en obras como Lily (foto), de 1943, fueron llevados al cementerio de la Chacarita, tras un corto e íntimo velatorio en el que, como ella había pedido, no hubo flores ni coronas, y al que solo asistieron los más cercanos, entre ellos el galerista uruguayo Jorge Castillo, cuyo hermano, Martín Castillo, explicó a Clarín desde Uruguay que “estaba enferma, fue un proceso largo que se agravó, llevaba semanas internada”. Claro que eso no lo hizo menos triste: “Aún sabiendo, fue muy duro, ella era muy fuerte y enfrentaba con dignidad todo lo que venía”. por Bárbara Alvarez Plá Fuente: 

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Diario Clarín 25/6/2013

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