Murió Jaruzelski, el último general que presidió la Polonia comunista

Un hombre clave en la caída del comunismo de Varsovia en 1989 Debió enfrentar al sindicato Solidaridad, opuesto a Moscú. Y la elección como Papa del polaco Karol Wojtyla.

¿Patriota, títere o pragmático? ¿Reformista o comunista ortodoxo? La última palabra no está dicha sobre la actuación del general Wojciech Jaruzelski, que murió el domingo a los 90 años. Jaruzelski, que vivía retirado desde fines de 1990, durante el resto de su vida se esforzó por convencer al mundo de que nunca había sido menos que un patriota polaco y que desde 1989 desmanteló el aparato del gobierno comunista poniendo a Polonia firmemente en el camino hacia la democracia y el libre mercado.

Nacido en Kurov, sudeste de Polonia, estudió en una escuela jesuita, lo que en parte explica el respeto que tuvo durante toda su vida por la Iglesia Católica y su reconocimiento de que esa institución no puede ser excluida fácilmente de la vida pública polaca. Fue un actor clave en el surgimiento y consolidación del movimiento sindical Solidaridad, el primer gremio independiente del poder soviético, que se afianzó bajo el conducción de su líder, Lech Walesa, durante las huelgas de los astilleros de Gdansk en 1980. Por entonces, el Partido Comunista estaba desconcertado por las convulsiones internas y por la reciente elección en Roma de Karol Woytila como el nuevo papa polaco. En febrero de 1981, Jaruzelski fue nombrado primer ministro, en medio de expectativas de que cumpliera con las demandas de Solidaridad. Lentamente, Jaruzelski trabajó para restablecer el diálogo con la Iglesia, los intelectuales y Walesa Siguen en pie las acusaciones de que Jaruzelski traicionó a Polonia y actuaba por pedido de Moscú cuando declaró la ley marcial para aplastar al movimiento Solidaridad y que luego inició las reformas sólo porque las circunstancias en el bando comunista lo obligaron a cambiar de rumbo, junto con las presiones del Vaticano liderado ya entonces por el papa polaco, Juan Pablo II. Jaruzelski siempre insistió en que ordenó que los tanques polacos salieran a las calles de Varsovia el 13 de diciembre de 1981 porque le pareció que era la única manera de impedir una invasión soviética para poner fin a las huelgas convocadas por Lech Walesa y las demandas de reformas democráticas. Estaba convencido de que el líder soviético Leonid Brezhnev no dudaría en invocar su propia doctrina e intervenir en Polonia tal como había hecho en 1968 en Checoslovaquia. Moscú recompensó a Jaruzelski con grandes elogios y expresiones de confianza. Los gobiernos occidentales lo vilipendiaron y coincidieron en imponer rigurosas sanciones políticas y económicas a Polonia. La CIA, de común acuerdo con el movimiento sindical estadounidense AFL–CIO, intensificó los esfuerzos para ayudar a Solidaridad en tanto el movimiento luchaba para sobrevivir, mientras Walesa y otros dirigentes eran encarcelados. “Pido perdón”, dijo el general en su último discurso como presidente de Polonia en noviembre de 1990. Más tarde, a menudo habló de su “profundo arrepentimiento ” por la era de la ley marcial. “Fue una pesadilla. Es una gran carga para mí y lo será hasta el fin de mis días”, declaró en una entrevista. Jaruzelski prefería destacar su trayectoria reformista y afirmaba que había sido el primer dirigente del Pacto de Varsovia en reconocer la importancia de las ideas de Mikhail Gorbachov y la perestroika. Para Adam Szostkiewicz, conocido periodista del semanario Política de Varsovia, Jaruzelski resumió “una rara parábola existencial” porque ha sido un hombre “cuya larga vida política ha terminado mejor de lo que empezó”. Szostkiewicz dijo que la biografía de Jaruzelski debería vincularse a otras dos personalidades que cultivaron su amistad o admiración: Mijail Gorbachov y el Papa polaco. “Jaruzelski es mi mejor amigo”, confesó en una entrevista de hace dos años el último presidente soviético. La simpatía entre ambos nació después de su primer encuentro en 1987 y tal vez facilitó el proceso de apertura en Polonia. También existió un entendimiento mutuo entre Jaruzelski y Juan Pablo II, quien, sin duda, tuvo un impacto en el destino de Solidaridad, que pudo volver a la legalidad después de varios años gracias al apoyo del Pontífice polaco, que además de convirtió en el garante del cambio democrático del país. Jaruzelski nunca ha ocultado su estima por Karol Wojtyla. Hace tres años, el general confesó en una entrevista: “Creo que una de las razones del colapso del sistema socialista en Polonia en 1989 y nuestro error como hombres poderosos de la época fue haber estado mal con la Iglesia”. Jan Lityniski, consejero del actual presidente Bronislaw Komorowski, se anota entre quienes califican como “negativa la decisión del 13 de diciembre”, cuando Jaruzelski declaró la Ley Marcial. Sin embargo, al mismo tiempo reconoció que “Jaruzelski tuvo el gran mérito de haber gestionado el divorcio entre Polonia y el comunismo sin derramamiento de sangre”. El general polaco, contrafigura de Juan Pablo II, murió el domingo a los 90 años. Fuente: 

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Diario Clarín 27/5/2014

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