Murió el “último de los samuráis”

“Hay sueños de los que es mejor no despertar”, dijo Hiroo Onoda, siete años antes de morir. Se trata de un ex teniente del ejército imperial japonés que permaneció internado en la selva filipina durante casi tres décadas sin saber que la Segunda Guerra Mundial había llegado a su fin. Onoda murió anteayer de un ataque cardíaco en un hospital de Tokio; tenía 91 años.

En 1942, con 20 años de edad, Onoda se sumó a las tropas japonesas. Dos años más tarde, le fue asignada una misión en la isla filipina de Lubang. Su objetivo era sabotear puertos y pistas de aterrizaje con el objetivo de interrumpir el avance norteamericano. Pero cuando el 28 de febrero de 1945, las fuerzas estadounidenses tomaron control de la isla y los japoneses huyeron o fueron aniquilados, el joven teniente recibió su última orden del comandante Yoshimi Taniguchi: “Lucha y resiste. Puede que nos tome años, pero suceda lo que suceda volveremos por ti”. Incluso tras la rendición japonesa en 1945, Onoda permaneció fiel al imperio. Convencido de que el conflicto continuaba, el “último de los samuráis”, como lo llamaban, continuó luchando contra los habitantes de la jungla, a quienes consideraba enemigos, durante 29 años. Sólo cuando, en 1974, su antiguo superior Taniguchi se trasladó a la isla para relevarlo de su cargo, Onoda puso fin a su guerra personal. De regreso en Tokio, consultado sobre su experiencia, dijo: “Sólo deseaba cumplir con mi deber”. Fuente: 

Diario La Nación 18/1/2014

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